Félix Madero-Vozpópuli

  • Las democracias son más fuertes de lo que pueden parecer tras el manoseo de líderes que no creen en ella

La contención no es una virtud de Santiago Abascal. Habla como es, y es tal y como vemos a VOX, inmenso y descomunal, con permiso de don Quijote. Los lingüistas llaman metáfora estructural a las frases que identifican simbólicamente dos hechos, un triunfo, por ejemplo. El triunfo de Orbán será el triunfo de VOX, decía Abascal días antes de las elecciones del domingo. La conclusión es sencilla, cambien triunfo por fracaso, derrota, hundimiento o revés, y el dirigente de extrema derecha y amigo de Orban tendrá que admitir que las cosas no son como esperaba.  Las metáforas las manejan con maestría los poetas y muy malamente los políticos.

Hay ganas de urnas

Por cómo los medios están tratando el cambio en Hungría se diría que también hemos votado en España. Hay ganas de urnas por aquí, eso es verdad. Ganas en una buena parte de la opinión publicada de que lo ocurrido en el país magiar llegue a España. En un plisplás ha entrado a nuestras vidas Peter Magyar, alguien de la misma carne de Viktor Orbán, de la misma manera que Abascal lo fue de Aznar y Rajoy. El mismo cambio, pero en direcciones distintas. El vencedor húngaro salió de la extrema derecha para habitar terrenos más templados. A Abascal se le hizo bola la moderación y se radicalizó