Pío García-El Correo

  •  Me falta entusiasmo para ser un begoñer como dios manda

Me falta entusiasmo para ser un begoñer como dios manda. Lo digo con pena y cierta resignación porque eso quiere decir que jamás seré ministro y que mis opciones de pillar al menos una secretaría de Estado son muy remotas. Es una lástima, visto que mi licenciatura en Periodismo, aunque no sea nada del otro jueves, me habría cualificado de sobra para dirigir la Aemet y para asumir cuatro o cinco cátedras extraordinarias en la Complutense. Ahí noto que he malgastado mi vida. ¡Si lo hubiera sabido antes, aquí iba a estar yo juntando letras! Hay porteros de puticlub que han tenido mejor carrera profesional e incluso llegaron a ser consejeros de Renfe, aunque ahora, por la insidia prolongada de los aparatos judiciales, se vean obligados a hacer sus deposiciones, con perdón, en el Supremo.

Pero no perdamos el hilo. Veo que el begoñismo ilustrado se ha convertido de pronto en el criterio ideológico definitivo para situarse en el lado correcto de la historia. A mí esto me pilla mayor, de otra época. Uno se siente vagamente nórdico y un poco demodé cuando piensa que, aunque la instrucción haya sido desastrosa y quizá nada sea delito, no está bien que la mujer del presidente convoque en la Moncloa al rector de la mayor universidad de España para colocarle sus cursillos o que utilice a su asistente oficial para pedir patrocinios y alumnos a empresas gigantescas, medio públicas o necesitadas de rescate, inesperadamente altruistas. Son, como ven, objeciones menores que probablemente solo revelan la falta de ambición de quien esto escribe. ¡La envidia que me da no haber descubierto yo el fascinante y prometedor campo de la transformación social corporativa!