Ignacio Camacho-ABC

  • Qué gran nombre para una firma tan capaz de apañar un cargamento de mascarillas como de intermediar en el rescate de una aerolínea

Soluciones de Gestión es un gran nombre para una empresa comisionista. Da una idea muy precisa de su cometido y al tiempo parece garantizar lo que el cliente necesita: utilidad, solvencia, eficacia, diligencia expeditiva. Todo eso de lo que las administraciones públicas carecen, perdidas como suelen estar en su elefantiasis burocrática, en su hipertrofia laberíntica; mientras más funcionarios, más papeleo y más reglamentación, menos agilidad para hacer las tareas más sencillas. Así prospera esta clase de firmas, capaces de simplificar trámites y facilitar las gestiones, como su razón social indica. Su heterogénea habilidad contratista puede responder en un plis plas a cualquier demanda sin complicaciones administrativas: un proyecto de infraestructuras, una intermediación para cobrar una deuda, una compraventa de mascarillas, una aceleración de algún expediente atascado, una relación de alto nivel en la esfera política. Prestaciones completas, incluido cuando es necesario el reparto de mordidas.

Isabel Pardo de Vera, la expresidenta de Adif cuya brillante carrera profesional se precipitó al vacío el día en que aceptó enviar el ‘currículum’ de Jésica Rodríguez a la jefa de Ineco –porque Koldo le dijo que Jose (Ábalos) le iba a «cortar los huevos»–, manifestó esta semana en el Supremo su asombro al ver la familiaridad con que Víctor de Aldama, el ‘solucionador’, se movía por las dependencias de la zona noble del ministerio. Le llamó la atención que lo trataran como una persona de respeto. No sabía, dijo, qué pintaba aquel tipo allí, ni en calidad de qué ni con qué méritos; según su testimonio pidió explicaciones y no se las dieron. Pero Adif compró mascarillas a SdG por valor de 12,5 millones de euros. El 27 de marzo de 2020, en pleno confinamiento, mediante adjudicación directa, sin concurso ni publicidad, al amparo de decreto de alarma que facilitaba los contratos a dedo. La adjudicataria carecía de experiencia en el sector y su balance de facturación el año anterior era igual a cero.

Aldama ofrecía soluciones, qué duda cabe, y lo hacía rápido. Trajinaba con el rescate de Air Europa mientras usaba sus aviones para suministrar material sanitario, apañaba licencias de hidrocarburos, organizaba cenas para Delcy Rodríguez en chalés privados, asistía a reuniones entre Begoña Gómez y Javier Hidalgo. Él mismo lo ha contado, como parte de la colaboración con la Fiscalía recogida en los correspondientes sumarios. Era una especie de hombre para todo, dispuesto a encargarse igual de una intermediación de petróleo venezolano que de las vacaciones de Ábalos, y transitaba como Pedro por su casa en los despachos oficiales gracias a sus privilegiados contactos. La acusación del caso en juicio le ha rebajado la pena a siete años –para el exministro pide veinticuatro– pero tanta y tan competente actividad al servicio del sector público merecería un nombramiento de alto cargo. No hay en el amplísimo Gobierno de Sánchez nadie en condiciones de igualar esa capacidad de trabajo.