Editorial-El Correo
- La investigación judicial de los casos de PP y PSOE, unida a la lamentable actitud de sus portavoces, agrava el deterioro institucional
Luis Bárcenas volvió ayer a la sala de vistas de la Audiencia Nacional, donde hace una década fue condenado a 29 años de prisión por tres delitos de corrupción en el marco del ‘caso Gürtel’. Después de cumplir ocho años y tres meses de internamiento en Soto del Real, el extesorero popular ha sido llamado a declarar nuevamente, esta vez en el marco del juicio del ‘caso Kitchen’. Según su testimonio, tras ser excarcelado en enero de 2015, descubrió durante su prisión preventiva que le habían robado documentación confidencial en una operación en la que estuvieron involucrados al menos tres comisarios: José Manuel Villarejo, José Antonio González y José Luis Olivera. El móvil del robo eran los relevantes documentos sobre el ‘caso Gürtel’ que Bárcenas tenía en su poder, tales como las evidencias de la financiación de campañas electorales del partido con la contabilidad paralela o grabaciones de conversaciones con confesiones de delitos.
Mientras estas declaraciones tenían lugar, el ‘caso Koldo’, que acorrala al PSOE, también avanza en sede judicial. Por si fuera poco cargar con su propio pasado, los actuales portavoces de los dos grandes partidos embrutecen también el presente con sus desafortunadas declaraciones. La exvicepresidenta del Gobierno y candidata socialista a la Junta de Andalucía, María Jesús Montero, se mostraba desafiante durante su comparecencia en el Senado para informar sobre las presuntas irregularidades en la gestión de la SEPI. Por su parte, el secretario general del Partido Popular, Miguel Tellado, acusaba a Montero de haber convertido la citada empresa pública en un «nido de corrupción» mientras aludía a la ‘Kitchen’ como algo del pasado que no iba con el PP actual.
Lejos de acordar medidas para terminar con esta lacra, los dos principales partidos del país se muestran asediados por la corrupción e, incapaces de ofrecer a los ciudadanos la más débil esperanza de regeneración a la que puedan agarrarse, se abalanzan con desacomplejada alegría sobre el bruto fango de la acusación cruzada, la irresponsabilidad y el infantilismo más descorazonador. El resultado final es un espectáculo lamentable para la democracia española: la investigación judicial de los casos de corrupción del PP y del PSOE, unida al lamentable comportamiento de sus actuales portavoces, acelera vertiginosamente el deterioro de las instituciones democráticas.