Editorial-El Correo

  • La anunciada negociación de la Seguridad Social tras las urgencias de la guerra debe compaginarse con el impulso a la vivienda y la industria

La inminente negociación del traspaso de la Seguridad Social, anunciada por el lehendakari en una entrevista con este periódico, introduce la legislatura en una nueva fase cuando se acerca a su ecuador. Quizá esta competencia represente el mayor reto que afronta Imanol Pradales como inquilino de Ajuria Enea en su relación «bilateral» con el Gobierno de Pedro Sánchez, a quien ve facultado para agotar su mandato sin necesidad de adelanto electoral. No es de extrañar, por tanto, que conciba la transferencia que comenzará a negociarse la semana que viene como «la madre de todas las batallas» al englobar materias muy sensibles para el Estado que, incluso, afectarían a la caja única. Como jefe del Ejecutivo autonómico, se marca el reto de que Euskadi asuma un paquete de medidas recogidas en el Estatuto desde 1979 y que, de algún modo, vendrían a completarlo. Se trata de todo un desafío con un simbolismo añadido para Pradales, representante de esa generación de vascos del 75 que nació en los estertores del franquismo y creció con el avance de la democracia y de un autogobierno vasco que ahora puede llevar su sello tras casi 50 años.

La gestión de las pensiones contributivas y de los puertos son algunos desafíos confesados por el lehendakari a EL CORREO, pero lógicamente no son los únicos. El jefe del Ejecutivo vasco se estrenó en el cargo con la invasión rusa de Ucrania lanzada y llega a la mitad de la legislatura sin un desenlace definitivo para la escalada bélica en Oriente Medio. Guerras que, según el relato de Pradales, obligaron a su Gobierno a ocuparse de «lo urgente» con medidas para paliar los efectos de la guerra en la empresa y el empleo.

Situados en primer plano, el acceso a la vivienda, la inversión industrial, la mejora de la sanidad, la seguridad y «los salarios de los jóvenes» son pilares del modelo de «bienestar» que plantea para el País Vasco y que, mediado su mandato, deberá compaginar junto a las carpetas pendientes de acordar con Sánchez y las propias del debate vasco. De vocación humanista, como revelan sus referentes -el lehendakari Aguirre, el Papa León XIV en su cruzada contra Trump y los valores europeos-, Pradales se muestra templado en los puntos que mayor fricción genera a su socio de gobierno, el PSE, como el blindaje del euskera en las OPE y el nuevo estatus que el PNV también negocia con Bildu. Asuntos que anticipan un ciclo de desgaste y que examinarán su capacidad de afrontar la marejada «sin surfear la ola» ni «escurrir el bulto».