Juan Carlos Girauta-El Debate
  • En sistemas políticos perfectos solo piensan los utopistas, cuyas principales características son su ignorancia de lo lo humano, su pretensión de un hombre nuevo

¿Se ha abolido la separación Iglesia-Estado? Sería una pésima noticia. La doctrina cristiana ya informa el ordenamiento jurídico en las democracias liberales a través de sus principios y valores. No creo que el lector necesite ulteriores explicaciones sobre las diferencias entre el liberalismo como ideario y la democracia liberal como sistema de legitimación al que no se ha encontrado mejor alternativa. Otras sociedades en el mundo tienen sus formas de organizarse —tolerables cuanto tolerantes—, pero los europeos y sus derivaciones, como los países de raíz hispana o anglo, compartimos una idea de libertad traducida políticamente en libertades garantizadas. Apuntamos al libre albedrío y a la dignidad humana. Incluso quien niega lo anterior es localizable en algún punto del mapa al trazar los ejes judeocristiano y grecolatino. Jerusalén, Atenas y Roma. Siendo la democracia liberal el sistema que nos corresponde en esta era.

Claro que no es un sistema perfecto. Eso no existe. En sistemas políticos perfectos solo piensan los utopistas, cuyas principales características son su ignorancia de lo humano, su pretensión de un hombre nuevo, su disposición a borrar hombres de la faz de la Tierra en nombre de la Humanidad. Y esa mayúscula alarmante que acompaña a las grandes matanzas totalitarias. Promovamos la humanidad frente a la Humanidad. Pero tampoco nos engañemos exclamando ante las atrocidades «¡Eso no es humano!» Las atrocidades son propias de los hombres porque solo estos pueden ser valorados moralmente. No pueden serlo la naturaleza, el «mundo», aunque Voltaire lo intentara con el terremoto de Lisboa. En realidad, lo intentó con Dios: tomó un dolor relativamente sincero (estaba en Ginebra cuando la catástrofe) para levantar el puño contra el cielo, como hemos hecho todos alguna vez ante un sufrimiento inexplicable.

En sistemas políticos imperfectos cuyas posibilidades de mejora no se vislumbran fuera de ellos mismos; en sistemas cuyos mayores críticos proponen sin éxito abandonar nuestras coordenadas morales y racionales, hay margen suficiente para muchos debates. Para casi todos: cada vez más debates sobre lo impensable a medida que se amplía la ventana de Overton. Pero hay cosas que no caben, como volver a un Estado que contenga la autoridad religiosa (teocracia) o volver a una religión imbricada en el aparato del Estado. Lo entendió mejor que nadie el Ratzinger con sotana negra y con sotana blanca. Es raro que una jerarquía religiosa se sume al linchamiento del único partido político que no puede celebrar un acto en paz. Es raro que se pronuncie siquiera contra un partido, después de haber sido en demasiadas ocasiones tan laxo con excrecencias políticas que se dieron al terrorismo. En Cataluña tuvimos que aguantar las malditas ‘estelades’ colgando de los campanarios en cientos de pueblos. Había que obviarlo, ser paciente porque «cada párroco es de su padre y de su madre, y aun cada obispo», como me dijo un secretario general de la Conferencia Episcopal. Pese a que, objetivamente, se apoyaba un golpe de Estado. ‘Lo del César devolvédselo al César, y lo de Dios a Dios’.