Juan Francisco Ferré-El Correo

  • La prioridad nacional es un invento de la ‘fachosfera’ que ha tenido demasiado éxito y se le ha ido de las manos

La prioridad nacional no es el racismo, ni la xenofobia, ni la discriminación. La prioridad nacional es echar a Sánchez, como dicen algunos, cuanto antes. La prioridad nacional es meter a todos los corruptos en la cárcel, dicen otros sin darse cuenta de que viene a ser lo mismo. La prioridad nacional es salvar el país de la incompetencia y la incuria, preservar las infraestructuras y la economía española, eso también. La prioridad nacional pasa, en suma, por tener un gobierno decente y eficiente. Y por qué no una inteligencia artificial al servicio del pueblo, no de las corporaciones. Nos convendría mucho, visto lo visto. La prioridad nacional, en cualquier caso, es impedir que el discurso de Vox se apodere de la opinión pública en este momento crítico. Desde luego, la izquierda razonable está fallando más de lo debido por un error de cálculo. Y a la derecha sensata le cuesta hacerse oír con tanto ruido a su alrededor. No será fácil. Las elecciones andaluzas quizá despejen el panorama y veamos qué queda en pie después de la batalla.

La prioridad nacional, en efecto, es abrir paso al sentido común en un contexto intoxicado por las mentiras del poder y sus socios políticos y periodísticos, todos los que miran para otro lado cuando se habla de la corrupción sanchista o la minimizan, difundiendo la noticia de que está amortizada. El episodio del pucherazo en el partido hace una década, divulgado la semana pasada como un documento de telerrealidad alucinante, revela la voluntad de poder compulsiva de Sánchez. Un afán absoluto de alzarse por encima de todos para ejercer el poder sin remilgos y disfrutar de sus privilegios y beneficios. No todos los políticos son iguales, esa sería la moraleja a extraer en una segunda visión del vídeo infame. Los hay que intentan compaginar sus intereses individuales con fines colectivos y quienes, como Sánchez, solo conciben el poder como un fin en sí mismo para el que movilizan todos los medios a su alcance.

La prioridad nacional es un éxito de la ‘fachosfera’, sí. Pero la ‘fachosfera’, cuyo centro está en todas partes y la circunferencia en ninguna, representa una coartada perfecta para las oscuras maniobras de Sánchez, desde sus enigmáticas visitas a China para recabar colaboración tecnológica contra el enemigo a la regularización masiva de inmigrantes para estresar la vida social y provocar los ladridos de Vox. Se ha vuelto peligroso. Nada nuevo. La prioridad nacional, ahora, es salvaguardar la democracia. Y luego ya veremos.