Francisco Rosell-El debate
  • No existe duda de que, en cualquier democracia, sería inexcusable un procedimiento penal que investigase las conexiones de Sánchez con los agios socialistas, pero sólo será factible cuando se extinga su condición presidencial. De ahí que ansíe aferrarse al poder hasta 2035

Tras la tormenta desatada el miércoles por el comisionista/comisionado Aldama, echando abajo el teatrillo de la farsa sanchista de la que fue figurante, la declaración ayer de Koldo García, «el último aizcolari socialista», según Sánchez, quien tanto le debe, movió casi a la conmiseración, sino fuera por su ridículo fingimiento de limosnero de orden mendicante hasta que hubo de confesar que el PSOE le pagaba en chistorras de 500 euros que engulló pantagruélicamente. Hasta ese momento clave de su deposición, Koldo evocaba los mendigos que suscitaron la indignación del pícaro Guzmán de Alfarache al visitar la florentina Iglesia de la Anunciación. Al verlos con un palillo mondadientes en la oreja, rezongó para sí: «¡Oh ladrón pobre, traidor a tu profesión! ¿Luego tanto comes que te puede quedar algo entre los dientes?».

Así, después de negar por la mañana haber recibido 10.000 euros mensuales en efectivo de Aldama, admitió que una anotación intervenida por la Guardia Civil podría estar escrita por él. También desmintió contacto alguno con el presidente tras alcanzar La Moncloa, cuando había facilitado el encuentro de éste con Aldama, que él mismo inmortalizó en una foto, en los camerinos del teatro de la Latina de 3 de febrero de 2019 en agradecimiento por los servicios del empresario a la causa sanchista. Sin duda, ser mentiroso requiere tener muy buena memoria por parte de quien tampoco recordaba el pelotazo de las mascarillas pese a su trajín con los expresidentes de Baleares, Francina Armengol, y Canarias, Ángel Víctor Torres, hoy bien acomodados al frente de las Cortes y del Ministerio de Política Territorial. Pero, para Koldo García, el PSOE no deja de ser su casa-cuartel donde el «todo por la patria» de la Guardia Civil muta en «todo por la pasta», a modo de anticipo de otra entrega de «Torrente».

En ese brete, se entiende que Sánchez, como habitúa cuando le caen chuzos de punta, se borrara ayer de la agenda pública como si se hubiera sumergido a «veinte mil leguas de viaje submarino». Entretanto, su portavoz parlamentario, Patxi López, embestía contra la Prensa por no titular la comparecencia de Aldama como el oficialista «El País» cuando la Libertad de información se despeña escaleras abajo como la independencia judicial a riesgo de Gran Apagón democrático tras el eléctrico de hace un año.

Empero, el esperpento no debe distraer sobre lo que hay en danza cuando Sánchez, con un Consejo de ministros roto, con socios devolviendo a los corrales sus decretos leyes y con una putrefacción que hiede, se afana en eternizarse hasta 2035 en pos de su impunidad. Para ello, ni asume responsabilidades políticas con aliados que lo quieren débil, pero vivo, ni penales como ilustra su proceder con su exfiscal general. Pese a ser inhabilitado por el Tribunal Supremo por revelación de secretos, Ortiz sigue ejercitando el ministerio público al aguardo del indulto del que hace bula Conde-Pumpido en el Tribunal Constitucional.

Ahí se encierra el alfa y omega del PSOE que Sánchez refundó en el prostíbulo de su padre político, Sabiniano Gómez, y que opera bajo sus mismos parámetros de dinero negro y extramuros de la ley con «los Kirchner de La Moncloa» como unidad de destino en lo patrimonial. Todo ello ante la impotencia de un orden político que no columbró que quienes juran/prometen guardar y hacer guardar la ley se valdrían de su posición prevalente para saltársela con lenidad. De hecho, Sánchez obra como si ignorara que encabeza una trama criminal en los términos incriminatorios revelados por Aldama al señalarle como «el número 1» con Ábalos de 2 y Koldo García de 3, más él mismo como el 4.

En lo que constituye toda una anatomía del corrupsanchismo, la vista judicial sobre los untos por las mascarillas adquiridas por el Ejecutivo en régimen de monopolio durante la pandemia del COVID, con sus 150.000 españoles fallecidos, acredita como los promotores de la moción de la corrupción contra Rajoy no sólo arribaron para adueñarse del negocio, sino que están dispuestos hasta robar las urnas de las próximas elecciones, cuyo censo bastardean con la ley de nietos de exiliados de la Guerra Civil, entre otros atajos. No en vano quien declina afrontar responsabilidades políticas y astillará el banquillo antes de sentarse en él ya protagonizo un pucherazo para no ser defenestrado de la secretaría general del PSOE en 2016 después de usar parejo ardid en las primarias de 2014 y en las de su vuelta en 2017 al no ser expulsado tras el afrentoso comité federal. Quien principió como ladrón de elecciones en su partido no evitará cerrar ese círculo si garantiza su inmunidad.

A modo de la Hidra de Lerna, el despiadado monstruo marino de la mitología griega, con forma de serpiente y aliento venenoso, que poseía la virtud de regenerar dos cabezas por cada una que perdía o le era amputada, la corrupción sanchista se reproduce. A estas alturas, ya no hay dudas de que la caída de Ábalos se debió primordialmente a que sus urgencias de bragueta hacían peligrar un lucro que no podía descaminarse.

A Sánchez no le preocupaba tanto que sus sosias de «la banda del Mercedes» –Ábalos, Cerdán y Koldo García– se quedaran entre sus uñas con parte de las coimas de las concesiones públicas, sino que el hijo del diestro «Carbonerito» con sus pagos a prostitutas, junto a sus líos conyugales, dejaba un cerco demasiado grande para no finiquitar el momio. A ello, claro, se unió la guerra de clanes desencadenando balaceras con Zapatero o con Begoña Gómez a cuenta de la exclusividad del primero en todo lo que atañe a la satrapía venezolana o de los favores que la segunda le debía al Instituto de Empresa tras contratarla para el Africa Center con la vista puesta en los apetecidos terrenos de la SEPI que fueron sede de Iberia.

Todo ello claro sin recibís de por medio porque, como le advirtió Cerdán a Koldo García, esas cosas no se hablan por teléfono, sino que se anotan en un papel que se rompe de inmediato. Como tampoco figuran en la contabilidad oficial las bolsas de dinero que entran en la lavandería de Ferraz que, de modo portentoso, cosechó sus mayores ingresos en la España confinada del COVID con microcréditos que atufaban como el «Bancal de rosas» que sufragó las primarias de Sánchez con la prodigalidad de Sabiniano Gómez y de José María Calviño, padre de la futura vicepresidenta al cobrarse en especie lo anticipado por su progenitor.

Nada que chirríe con un Sánchez que sacrificó a Ábalos por Zapatero –de ahí, el desplazamiento del ministro en el purulento rescate de la compañía hispano-venezolana Plus Ultra– para dejar tirado al opositor venezolano Guaidó por Maduro a fin de sufragar su candidatura a la Presidencia de la Internacional Socialista con Aldama de mediador en ambos escenarios. No existe duda de que, en cualquier democracia, sería inexcusable un procedimiento penal que investigase las conexiones de Sánchez con los agios socialistas, pero sólo será factible cuando se extinga su condición presidencial. De ahí que ansíe aferrarse al poder hasta 2035 sin importarle que la convivencia y la libertad se vayan por el sumidero como acaece con los despotismos contemporáneos que matan la democracia con la eficacia de las balas.