Editorial-El Correo

  • Trump acoge con frialdad la última propuesta de Irán mientras recibe nuevos planes de ataque e Israel le urge a dar por fracasada la negociación

Este fin de semana representa un momento crítico en el conflicto desatado por Estados Unidos e Israel contra Irán hace más de dos meses. En medio de un peligroso punto muerto, se abre camino la posibilidad de que los dos países agresores decidan cambiar el estancamiento por una reanudación de los bombardeos, de nuevo sin provocación previa y en medio del teórico alto el fuego en vigor desde el 7 de abril. A favor del reinicio de las hostilidades juega la presentación por parte del Pentágono a Donald Trump de planes de «ataques cortos y rápidos». También, y sobre todo, la urgencia de Benjamín Netanyahu por declarar fracasadas las negociaciones de las últimas semanas y volver a sembrar la destrucción en el territorio iraní.

Una prolongación de la situación actual, ni guerra ni paz, representaría el mal menor. El diálogo entre estadounidenses e iraníes no ha llegado a romperse, aunque la brecha entre ambas partes sigue abierta de par en par. La propuesta presentada ayer por Teherán, a través de Pakistán, no representaría grandes avances respecto al objetivo de Irán de acordar primero un fin de la guerra al que seguiría la apertura de Ormuz bajo sus propias condiciones. La fría recepción en Washington, al menos mientras los mercados estuvieron abiertos, indica que Irán sigue sin conceder a Trump la clara victoria por la que suspira, o al menos una impresión de triunfo que el presidente pueda trasladar a su opinión pública y al mundo. La presión de Tel Aviv para romper la baraja sitúa de nuevo el programa nuclear en el centro del escenario, y anima al republicano a ambicionar el uranio enriquecido como un trofeo que colocar en el Despacho Oval.

La propaganda se ha apoderado de la comunicación de ambos bandos. La declaración de Moqtaba Jamenei el jueves, en la que proclamaba la «derrota humillante» de EE UU, proviene de un Líder Supremo incapaz siquiera de mostrarse en público. La Casa Blanca exagera cuando predice una «explosión catastrófica» de los pozos petrolíferos iraníes por el bloqueo. La aparente tranquilidad del mundo financiero frente a la crisis energética recuerda la retirada del mar antes de un tsunami. Y Donald Trump se refugia de nuevo en su extorsión comercial a Europa a medida que crece en casa la impopularidad de la guerra -el 61% de los estadounidenses la cree un error- y se acerca el día de viajar a Pekín y presentarse ante Xi Jinping como un desastroso estratega.