Editorial-El Correo
La crisis de Oriente Medio mantiene en vilo al mundo bajo la falsa apariencia de una tregua en los bombardeos sobre Irán y el golfo Pérsico. La búsqueda de un plan de paz estable entre Estados Unidos y el régimen iraní, un proceso confuso que no acaba de fructificar mientras se agrava el cruce de amenazas, se examina otra vez en mitad del avispero de Ormuz. El fuerte despliegue militar anunciado por Donald Trump para «liberar» a cientos de buques mercantes en el estrecho, aún bloqueado por las dos partes enfrentadas, constituye toda una prueba de fuego en la región que agita el frágil cese mutuo de las hostilidades. El Gobierno de los ayatolás advierte de que cualquier irrupción de la Armada estadounidense será considerada una violación del alto el fuego, lo que dispara los riesgos de una lamentable vuelta atrás en la contienda. Las primeras escaramuzas en Ormuz, confirmadas ayer por Irán con un ataque contra fragatas estadounidenses negado por Washington, agravarían la inseguridad de la zona, sobre todo si se culmina el despliegue de destructores, aviones y 15.000 soldados adelantado por Trump sin que prospere en paralelo un plan de paz con garantías. Dos meses después, la escalada continúa.