Ignacia De Pano-Vozpópuli

  • En sus espolones tóxicos almacena millones de archivos letales para Sánchez y compañía

De todas las posibles clínicas capilares de España, Koldo García y su pareja artística José Luis Ábalos se decidieron finalmente por la perteneciente a Joaquín Martins, nacido Mauricio Anglés y hermano de Antonio Anglés, de infausta memoria criminal como asesino de las niñas de Alcàsser. Parecería, en principio, que la variopinta biografía del dueño de las instalaciones, con frecuentes entradas en la cárcel, la más reciente de ellas hace solo dos años, no iba a ser un factor que jugara a favor a la hora de ser elegidas a tal efecto entre otras muchas que se acoplan mejor a lo que esperamos de una atención médica que va a exigir anestesia y paso por el quirófano. Pero Koldo y Ábalos no son personas del común. Acostumbrados ellos también al funambulismo vital, gravitaron hacia el abismo del escalofriante apellido como si les tiraran, y déjenme aquí hacer el chiste fácil, de los propios pelos.

La ficción del noble bruto

El resultado, digamos que discutible, está a la vista de todos en los sorprendentes vídeos del  juicio oral ante el Tribunal Supremo. Koldo luce un indescriptible flequillo de vagas resonancias senatoriales romanas que en ningún modo casa con el estudiado look de abuelo de Heidi que el aizkolari del Psoe, como lo definió Sánchez, pretende lucir, y con el que el dignísimo ciudadano senior del rico y envidiable país helvético no se dejaría pillar ni aunque de ello dependiera la vida de su saltarina nieta. Una ve a este fortachón encorvado por los años y el reuma ataviado con su jersey de ir al monte y ese último e inútil intento de coquetería capilar en todo lo alto y, de entrada, acepta la imagen de pobre hombre rudo pero leal que pretende darnos. Luego te acuerdas de que lleva años grabando, y lo que es más difícil, guardando y clasificando todas las conversaciones que ha mantenido por todo tipo de medios y con todo tipo de personas y la ficción del noble bruto se rompe en mil pedazos.

Nadie llega donde llegó este hombre chupándose el dedo. Hay en él una inteligencia rural desconfiada y persistente del estilo de la del agricultor que protege su linde y es capaz de distinguir si se la han movido aunque sea por tres milímetros. Y lo que es más importante, una fuerza de voluntad equivalente para defender esos tres milímetros sin olvidar jamás la afrenta.
En un interrogatorio, en el que acabó reconociendo que cobró chistorras de Ferraz, hubo un momento muy curioso en el que su abogada, Leticia de la Hoz, interrumpió su declaración para decirle a los miembros del Tribunal que su cliente no iba a responder a las preguntas de la defensa de Aldama debido a su condición de “ornitorrinco procesal”.
En un primer momento, lo de ornitorrinco procesal sonó a la mejor definición posible de este Koldo con tantos problemas para hacerse el tonto en su declaración. Pero qué me estás diciendo, Leticia, debió preguntarse el ciudadano medio que se encontró con este momentazo en alguno de los vídeos que se han hecho públicos, ¡que tienes a tu cliente delante, no lo insultes comparándole con el animal más aleatorio y feo de la creación!

Un tipo hecho a trozos

Nos enteramos después con cierto alivio que se trata de un concepto jurídico coloquial por el que se conoce a los acusados que pueden ser a la vez acusadores de otros acusados, pero eso no le quita su eficacia definitoria aplicada a un personaje tan caricaturesco como el a veces escudero y a veces jefe de Ábalos. También él parece hecho a trozos de otros animales del PSOE. Si el ornitorrinco tiene un cuerpo que se asemeja al de un castor y un pico similar al de un pato que detecta a sus presas mediante electropercepción y cuenta para su defensa con espolones venenosos en sus patas traseras, Koldo también dispone de la capacidad de manejo de miembros de su partido más sinuosos en principio que él y una labia cuando quiere precisa y eficaz. Y ya no digamos nada de los espolones venenosos en forma de millones de archivos cuidadosamente guardados, de esos saben bien en Moncloa, donde otros seres del ecosistema sanchista, los que ocupan la cúspide de la cadena trófica, contemplan equivocadamente este juicio como si no fuera con ellos.