Gorka Maneiro-Vozpópuli
- El presidente no sabía nada al principio ni sabía nada después
Al insistir tanto Vox en la famosa «prioridad nacional», no busca poner en un brete al PP y perjudicarlo electoralmente y mucho menos beneficiarse a sí mismo, sino que lo hace para consolidar su relación y blindar sus gobiernos autonómicos, los que ya están constituidos y los que se constituirán en el futuro. Vox no trata de dar otro mordisco al PP sino que lo hace en beneficio y por el bien de España, del modo en que habitualmente actúan los partidos políticos, los cuales defienden sus principios sin mirar las encuestas y sus posibles resultados electorales. Que sois todos unos malpensados.
Ábalos, que declaró ayer como acusado en el juicio de las mascarillas, dijo toda la verdad y nada más que la verdad; e, independientemente de las minucias que se juzgan, su trayectoria política es impoluta y demuestra que, más allá de pequeños vicios ocultos que pagaba de su bolsillo, entró en política no para servirse a sí mismo sino para servir al PSOE como forma de servir a España, como demostró en numerosas ocasiones y, especialmente, durante su inolvidable discurso contra la corrupción política del PP con motivo de la moción de censura que sirvió para entronizar a Pedro Sánchez como presidente del Gobierno. Ábalos, Cerdán o Koldo son gente indubitadamente progresista, como el PNV, otro de los que siempre anteponen los intereses de España a cualquier otro. No son unos trepas sino gente de izquierdas, como demuestra su tren de vida y su modus vivendi. Y Sánchez no sabía nada al principio ni supo nada después. Y si lo supo, hizo bien en destituir a Ábalos para salvarse a sí mismo en lugar de denunciar los hechos ante la Policía.
Cinco días de retiro
Estos que se sientan en el banquillo de los acusados son tan progresistas como Sánchez, en cuyos inicios era el liberal y la derecha del PSOE, y a quien nunca lo han movido sus intereses particulares y su deseo de alcanzar primero y mantenerse después en la Moncloa sino el interés de España, razón por la cual siempre lo han guiado las buenas prácticas democráticas, como ya demostró en su ascenso a jefe del PSOE y, entremedias, en aquel comité federal durante el cual se movió de lugar una urna extraviada accidentalmente y se dieron gritos de «¡pucherazo!». Qué exagerados, quién no ha movido alguna vez una urna. Desde entonces, el pobre ha ido de sacrificio en sacrificio: desde quedarse sin comer y sin dormir para atender a los medios hasta, exhausto de tanta persecución judicial y mediática, tener que tomarse cinco días de asueto y dimitir mientras tanto de sus obligaciones presidenciales, tiempo durante el cual ningún compañero trató de darle ningún navajazo, ni siquiera María Jesús Montero, quien nunca soñó con alcanzar la presidencia del Gobierno de España.
Hay indeseables como tú y como yo que irremediablemente tienden a pensar mal, pero que Sánchez pasara de decir «nunca jamás» a decir que sí a los indultos y la amnistía a los golpistas del procés, fue consecuencia de una sincera reflexión personal y para garantizar la convivencia en Cataluña y en el conjunto de España, no porque necesitara o dejara de necesitar siete votos para permanecer en la Moncloa: esto último fue pura casualidad y ni siquiera se paró a contarlos. Quien piensa semejante cosa son chusma o de extrema derecha, lo que viene a ser lo mismo. Y cada cosa que ha llevado a cabo en toda esta inolvidable etapa de prosperidad económica que disfrutan las familias la ha impulsado en beneficio de todos aunque a él personalmente pudiera llegar a perjudicarlo, como cuando María Jesús Montero, por poner un ejemplo que nos viene al caso, defendió el cuponazo catalán, el culmen de la desigualdad y el privilegio: aquella fue una decisión que tomó en beneficio de todos aunque más de unos que de otros, a pesar de que sabía que electoralmente la perjudicaría si Sánchez tuviera la ocurrencia de mandarla a lograr votos en Andalucía, cosa que casualmente y por justicia divina ha terminado ocurriendo. No es tampoco mala cosa para Andalucía, ya que Montero representa la savia nueva que necesita la tierra que ya sufrió la corrupción y el amiguismo socialistas durante décadas. Pero es porque mala hierba hay en todos los lugares y quien esté libre de culpa que lance la primera piedra.
Democratizar Venezuela
Es como Zapatero, que si hace negocios en Venezuela o donde menos te lo esperas, no es porque sea cómplice de una narcodictadura sino porque pretende la excarcelación de los presos políticos que nunca hubo en la república bolivariana. Y eso se paga, que ser de izquierdas no significa estar contra la ley de la oferta y la demanda. En esto se parece a Trump, que si secuestró al dictador Maduro, cosa que celebramos todos, no fue para controlar el negocio del petróleo como los envidiosos dicen sino para democratizar Venezuela. Él siempre sabe lo que hace, lo cual vuelve a demostrar en Irán, donde no sabe por qué entró y de donde ahora no sabe cómo salir, de lo cual la culpa la tenemos los europeos, siempre tan cautos y tan mojigatos.
Mi conclusión es que no hay que fiarse de lo que cualquier mentecato pueda decir en medios de comunicación de los que no puedes fiarte. No hay izquierda reaccionaria ni extrema derecha y el nacionalismo puede ser progresista, como se ha demostrado desde que el mundo es mundo, donde provocó dos guerras mundiales. Y Junts puede formar parte de un gobierno que se llama progresista, aunque sea nacionalista y reaccionario. Las cosas deben decirse de forma en que se entiendan, como cuando balbucea Yolanda Díaz.
Begoña, Cerdán y el fiscal
Ni el hermano de Sánchez se benefició de ser el hermano de Sánchez ni Begoña Gómez se ha beneficiado de ser la mujer del presidente del Gobierno de España. Al menos hasta que se demuestre lo contrario. Si Cerdán ya está en la cárcel es porque, ese sí, metió la mano en la caja, pero eso no quiere decir que hubiera más manzanas podridas. Y además hay condenas injustas, como la del fiscal general del Estado, que se ciñó a destapar la verdad como forma de luchar contra las mentiras de la derecha. Porque además todos los jueces llamados «progresistas» son jueces progresistas y todos los llamados «conservadores» son conservadores. Y el Constitucional no está politizado. Leyre, que es periodista de investigación, escribirá un libro sobre la corrupción que nos dejará a todos boquiabiertos. Y María Jesús Montero va a obtener un magnífico resultado en Andalucía. No es santo de mi devoción pero ha sido nombrada por Sánchez, que sabe lo que se hace, es gobernante con principios y ama a España por encima de todas las cosas. La pena es que Podemos vino para salvarnos pero no nos dimos cuenta. Y, cuando gobierne Feijóo, va a arreglarlo todo.