Francisco Rosell-El Debate
  • No es cosa que, como advirtió Catón, los ladrones de lo privado pasen su vida en la cárcel y con grilletes, mientras que los bandidos de lo público se solazan en oro y lujo con la pasta robada calentándole –como al degenerado Ábalos– el muslo a la altura de la ingle

Con un gobierno en el que el vicio descansa en el brazo del delito al que sistemáticamente antecede y que contempla lo público como el conde Drácula el cuello ajeno para chupar su sangre, hoy todo quedará visto para que Sánchez exima de la condena que el Tribunal Supremo puede dictar contra los dos miembros de su banda del Mercedes con la que asaltó el PSOE y el Consejo de Ministros. Al menos, ese es el clavo ardiendo al que se agarra su lugarteniente Ábalos, su otrora mano derecha y también izquierda tantos años, y su aizcolari Koldo García, custodio de los avales para unas primarias donde perpetró sendos pucherazos en su favor, tras la sentencia por venir sobre las coimas por la adquisición gubernamental de mascarillas durante el Covid-19.

Tras el «sálvame» del lunes de Ábalos en el plató televisivo del Tribunal Supremo, donde asumió con pose de carnero degollado la omertà socialista, un gobierno asaeteado por la corrupción patentizará –ya se verá la fórmula– que quien colabora con él, no con la Justicia, tiene su recompensa. Como los asesinos etarras a los que excarcela, los golpistas del separatismo catalán a los que indulta, los randas socialistas de los ERE a los que absuelve o el inhabilitado fiscal general del Estado, Álvaro García Ortiz, cuya pena es burlada. Todo ello con el arrobo del «follonero» Évole, quien ya auspició una calle para el inculpado Santos Cerdán para premiar sus enjuagues con Otegui, otro santo laico de este blanqueador de malhechores, mientras los medios sanchistas divulgan la dirección del juez Peinado para que se le escrache, como antaño hacían los panfletos etarras con sus víctimas, por tetraimputar a la doña del «Puto amo».

Tras cabalgar con su escudero Koldo por muchos medios amenazando con bombas atómicas que harían caer a Sánchez y a su parentela, el hijo del torero Carbonerito ha buscado finalmente arroparse bajo la misma manta de la que dijo que tiraría para dejar en cueros a quien le confesó que le echaba de menos tras defenestrarlo y que lo citó en La Moncloa para avisarle como muestra de afecto que la Guardia Civil tenía intervenido el teléfono de Koldo. Aunque su deposición en el Tribunal Supremo no mejoró su defensa de la moción de censura contra Rajoy, sí le sirvió a este putero a costa del erario, cuyos ménage à trois se hacía grabar por el camarógrafo Koldo, para tratar de presentarse como un hombre tan profundamente enamorado como Sánchez en aquella carta de amor desesperado y retirada fingida tras ser imputada su consorte en abril de 2024. Ello lleva convenir con uno de los Siete Sabios de Grecia como Cleóbulo de Lindos, que ojalá se viviera en un Estado donde los ciudadanos temieran menos las leyes que la vergüenza.

Con este teatrillo de la farsa, era palmario que, cuando el triministro Bolaños, a la par que artillaba sus leyes de impunidad en beneficio de «los Kirchner de la Moncloa», anunció aquel aciago 29 de octubre de 2025 –horas antes de la gran riada levantina con sus más de 200 muertos– el proyecto de Estatuto de la Autoridad Independiente (en realidad, dependiente del Ejecutivo) de Protección del Informante, practicaba uno de sus juegos de manos con cartas marcadas. Su trile se ha evidenciado en cuanto el «informante» Aldama, con su cooperación con la Justicia y con su aporte de pruebas, se ha revelado más creíble que el presidente ratificando que «muchas son las leyes en un Estado corrompido», como avizoró Tácito. Al asevera que «este Gobierno no tolera ningún tipo de corrupción» y que, «por supuesto, reconocemos y apoyamos a todas aquellas personas que colaboren con la justicia para esclarecer delitos», el Gato Félix maullaba de risa. Así se ha constatado en cuanto el conseguidor Aldama ha señalado al presidente y varios de sus ministros por su implicación en esta red que saquea el Estado desde nada más arribar al poder.

Luego de fracasar en su tentativa de descalificar las «menudas inventadas» del comisionista/comisionado, el inquilino de La Moncloa ha quedado comprometido en grado extremo. De hecho, tras tener en el banquillo a su hermano y camino de él a su mujer en este florido mayo, es inentendible que, a la luz de los indicios trascendidos, no haya declarado con respecto a una podredumbre familiar y de partido sólo factible con su avenencia y concurso. Empero, como tal vez se lo malicia, ha urgido a la fiscal general ‘Porpedromato’ (de nombre Teresa Peramato antes de matrimoniarse con Sánchez y su carcoma) que prohíba al fiscal anticorrupción, Alejandro Luzón, rebajar la petición de pena al empresario. Así, por sus ovarios sin una contraargumentación jurídica mínimamente solvente y porque Sánchez lo vale, ésta ha desautorizado su pretensión de aplicar a Aldama una atenuante muy cualificada de confesión que le reduciría la solicitud de condena de siete a tres años y medio de prisión por su valiosa contribución a desenredar el quilombo socialista. Tras la testifical en la que el empresario asignó el ‘Número 1’ del cártel pormenorizando presuntos pagos destinados a la financiación ilegal del PSOE, Moncloa ha tocado rebato y ‘Porpedromato’ se ha puesto en primer tiempo de saludo para lo que le guste mandar.

Después de otorgar el indulto parcial al ex concejal popular, José Luis Peñas, quien denunció el ‘caso Gürtel’, en base a que «quien colabora con la Justicia cuenta con el reconocimiento del Gobierno», la «cantata» de «uno de los suyos» como Aldama, al que tan agradecido estaba Sánchez por coadyuvar –primero con el opositor Guaidó y luego con la hoy presidenta Delcy Rodríguez– a que el petróleo venezolano sufragara su candidatura a la Internacional Socialista, no sólo no ha merecido esa venia, sino que el Ministerio Público (en realidad, Ministerio Particular) le retira esa protección contraviniendo la jurisprudencia europea de la que España se aleja a ojos vista. No obstante, el fiscal Luzón, quien ya sufrió la cloaca socialista dispuesta por Santos Cerdán con Leire Díez como fontanera a raíz del procesamiento de Begoña Gómez y ahora la de la fiscal ‘Porpedromato’, tiene la posibilidad de arrogarse el gesto de valentía de los cuatro fiscales del procès ante las coacciones del Gobierno para salvarle el sillón a Sánchez.

Si bien no puede desacatar el ucase de ‘Porpedromato’, al ser una institución jerarquizada y arriesgar un expediente disciplinario, Luzón si podría y debiera salvar la «negra honrilla» en su alegato final para que, en el ejercicio de una libertad de palabra que nadie le puede cercenar, guarnecer lo que cree en consciencia que Aldama merece –esa atenuante muy cualificada– al aguardo de lo que el Tribunal elucide en su veredicto. No es cosa que, como advirtió Catón, los ladrones de lo privado pasen su vida en la cárcel y con grilletes, mientras que los bandidos de lo público se solazan en oro y lujo con la pasta robada calentándole –como al degenerado Ábalos– el muslo a la altura de la ingle.