Miguel Ángel Ballesteros-ABC
- El tiempo corre en contra de Europa, que tiene que acelerar los procesos de una mayor autonomía de seguridad y defensa, lo que requiere una mayor integración, aunque sea a costa de perder soberanía
Estados Unidos tiene 85.000 militares repartidos en doce grandes bases situadas en Reino Unido, Alemania, Italia, Polonia, Portugal, Grecia y España y en otras con menor presencia: Bélgica, Países Bajos, Noruega, Dinamarca, Rumanía, Bulgaria y Hungría. Con equipos de muy alto valor tecnológico y operativo, muy superiores al de los ejércitos europeos. Esto otorga a EE.UU. un papel muy importante en la disuasión convencional. Más importante aún es su contribución a la disuasión nuclear frente a Rusia, cuya simple amenaza atómica podría servir para imponer sus pretensiones en el Viejo Continente. La importancia de EE.UU. para Europa en seguridad y defensa quedó demostrada cuando en 1995 paró la guerra en los Balcanes, después de que los europeos fracasaran en el intento. Su intervención liderando la OTAN en la operación Deliberate Force forzó la negociación que culminó en los Acuerdos de Dayton y el final de la guerra.
El caso más reciente es el apoyo a Ucrania, que es el primer bastión de defensa de la UE frente a una Rusia cada vez más asertiva. Con Joe Biden en la Casa Blanca, EE.UU. era el país que más armamento aportaba a Volodímir Zelenski, mientras que el 78 por ciento del material militar que entregan los países europeos tiene que ser adquirido en EE.UU. por las carencias de la industria militar a este lado del charco.
La Estrategia de Seguridad Nacional (ESN-2025) del presidente Donald Trump revela que una de sus prioridades es la reducción de compromisos militares en otras regiones, entre ellas Europa, a cuyas naciones exige un nuevo reparto y transferencia de cargas militares. La ESN 2025 deja claras sus prioridades, que incluyen «el rechazo a compromisos internacionales que limiten la libertad de acción de Estados Unidos», por lo que la Unión Europea necesita acelerar y profundizar en el proceso de autonomía estratégica.
Por otro lado, para EE.UU., Rusia no es una amenaza convencional que inevitablemente se desarrolla en suelo europeo, aunque sí es una amenaza nuclear, cuyo escenario más probable es el Ártico, por lo que necesita desplegar misiles balísticos en Groenlandia.
En una evaluación realista, a corto plazo la defensa de la UE reside en la OTAN, por lo que es necesario no tensar el vínculo trasatlántico. Los europeos tienen que empezar a prepararse para desarrollar una disuasión creíble a medio y largo plazo.
La UE tiene que resolver varios problemas: cubrir entre todos sus miembros las carencias en capacidades estratégicas, dotarse de estructuras operativas y de planeamiento capaces de hacer trabajar juntos a los ejércitos de los 27 como si fueran un solo ejército, y desarrollar una base industrial y tecnológica para que sus capacidades no dependan de cadenas logísticas ajenas a la Unión.
Esto no implica tener un ejército europeo, pero sí exige unas mínimas estructuras de mando y control, aunque eso implique una cierta duplicación con las de la OTAN y genere más desconfianza en Estados Unidos. Una posibilidad es aprovechar el Cuartel General del Eurocuerpo, una estructura de mando terrestre en la que participan Francia, Alemania, España, Bélgica, Polonia y Luxemburgo, puesta a disposición de la UE y la OTAN. Al Reino Unido y a la UE les interesa trabajar juntos en la defensa de Europa y hay que encontrar el encaje para esa colaboración.
Por otro lado, no son pocos los mandatarios europeos que se han manifestado contra la creación de un ejército europeo: Macron, Rutte, Merkel, Morawiecki y hasta la propia Kallas. Unos pensando en la pérdida de soberanía que supondría, y otros porque confiaban más en la OTAN, que es como decir en EE.UU. Pero todos ellos apoyan una mayor cooperación militar dentro de la UE.
De los 27 países que integran la Unión Europea hay 23 que son miembros de la OTAN, pero Austria es un país neutral, Irlanda se opone a un ejército europeo debido a su Constitución y a su política de neutralidad, también la Constitución de Malta declara al país como neutral y no alineado, y Chipre es favorable a fortalecer la defensa de la UE, y sin embargo es un obstáculo para la colaboración UE-OTAN, aprovechando los Acuerdos Berlín Plus, si previamente no se resuelve el conflicto turco-chipriota.
La autonomía estratégica de la UE requiere habilidades diplomáticas para evitar que Estados Unidos, a quien Europa necesita militar y tecnológicamente, lo acepte sin menoscabo del vínculo trasatlántico. Así como contabilizar ese gasto como parte del incremento del presupuesto en defensa.
Con EE.UU. compartimos valores, lazos económicos, industriales y tecnológicos, por lo que es el principal aliado de Europa, más allá de qué administraciones gobiernen a uno y otro lado del Atlántico. En el mundo de las relaciones internacionales es importante mantener buenas relaciones con todos los actores principales y con los vecinos, pero en geopolítica es necesario saber distinguir los aliados esenciales y los riesgos y las amenazas persistentes.
Otro tema es la disuasión nuclear. Si un día Estados Unidos decide abandonar la Alianza Atlántica, solo Francia y Reino Unido tienen y pueden tener armas nucleares. Los demás somos firmantes del Tratado de No Proliferación Nuclear, por lo que habría que llegar a compromisos en la decisión del uso de estas armas, como paraguas frente a la amenaza atómica rusa. Un acuerdo complejo y difícil que nadie abrirá hasta que la desconexión de EE.UU. de la seguridad europea sea una realidad. Tal vez demasiado tarde.
La ESN 2025 estadounidense dice que «fomentará la revitalización de las bases industriales de todos los aliados y socios para reforzar la OTAN». Este es el aspecto menos conflictivo para avanzar en la autonomía industrial y tecnológica de la mano con EE.UU. Así lo ha entendido Ursula von der Leyen, que impulsa la política industrial de defensa de la Unión Europea para mejorar la capacidad de producción, innovación y suministro de material militar, reforzando la Base Industrial y Tecnológica de la Defensa Europea (Bitde) y aumentar así la autonomía estratégica.
El tiempo corre en contra de la UE, que tiene que acelerar los procesos de una mayor autonomía de seguridad y defensa, lo que requiere una mayor integración, aunque sea a costa de una cierta pérdida de soberanía. Sun Tzu decía que «el entorno cambia, y quien se adapta rápido, domina».