- El ‘meme’ de Aitor Esteban ha desvelado lo que se nos viene encima: PNV y EH Bildu están preparando un proceso independentista para el País Vasco. Y tienen prisa porque necesitan a Sánchez en Moncloa para lanzar su embestida
La semana pasada se publicó una noticia que pasó sin pena ni gloria entre la zarabanda mediática que se organizó con el juicio a Aldama, Ábalos y Koldo. Ese hecho en apariencia menor fue una imagen creada por la inteligencia artificial y difundida por el Partido Socialista del País Vasco, en la que aparecía el secretario general del PNV, Aitor Esteban, lanzándose vestido a la piscina, entre la chufla de los que le acompañaban.
La reacción del partido fue airada, calificó esa imagen de irrespetuosa y anunció que cancelaba una entrevista concertada para el día siguiente entre el PSE y el PNV. Y tras esta anulación aparentemente rutinaria, vimos que se escondía un problema de calado que puede ir contra los cimientos constitucionales de España. Porque nadie sabía que estuviera previsto encuentro alguno y mucho menos cuál era el contenido de ese encuentro.
Pero tras este incidente aparentemente menor, hemos sabido que PNV y EH Bildu están negociando un nuevo Estatuto de Autonomía para el País Vasco, al que quieren vincular al PSPV, que tendría como objetivo inmediato debilitar la vinculación de esta comunidad con el orden constitucional, para luego romperla definitivamente. Porque se ha filtrado que están acordando nada menos que la inclusión del derecho de autodeterminación para abrir con él el camino a la independencia. Sería la segunda edición de lo que ocurrió en Cataluña en 2017, que arrancó en 2003.
Porque tanto PNV como EH Bildu saben por la experiencia catalana que ese objetivo es inalcanzable sin la colaboración activa o soterrada del Partido Socialista. Hay que recordar que cuando Pascual Maragall puso en marcha un nuevo estatuto, Zapatero dijo en 2003 ante 16.000 personas en el Palau de San Jordi: «Apoyaré la reforma del Estatuto de Cataluña que apruebe el Parlamento catalán». Tampoco hay que olvidar que el Parlament aprobó el nuevo Estatuto en 2005 con el voto a favor de los diputados socialistas, y un año después ese estatuto fue aprobado en el Congreso de los Diputados también con el voto favorable del PSOE. Entonces quedó en evidencia el apoyo socialista a un texto que infringía claramente la Constitución, como quedó demostrado en la sentencia del Tribunal Constitucional en 2010.
Con el nuevo estatuto, que parecía más una constitución que un estatuto de autonomía, se puso en marcha un proceso de radicalización nacionalista y separatista que llevó a la crisis de septiembre y octubre de 2017; sin duda, la más grave que ha vivido nuestro país tras el intento de golpe de Estado del 23 de febrero de 1981.
Y ahora estamos en una situación similar a la de entonces. Los partidos separatistas vascos, PNV y EH Bildu, creen que ha llegado la hora de intentar romper con el resto de España porque saben que nunca ha habido un presidente del gobierno capaz de ceder incluso en lo más inimaginable con tal de conseguir su propósito de seguir en la Moncloa un año más. Y además aspiran a que esto ocurra con el actual Tribunal Constitucional. Lo que se ha cedido en los últimos ocho años es la prueba más evidente, y eso les anima. No deberá sorprendernos un texto radical porque se está redactando cuando es más implacable que nunca el pugilato electoral entre abertzales y exetarras para ver quién consigue más votos.
Aquí, como lo fue en Cataluña, el apoyo del PSOE a su proyecto es esencial. Y esa es la razón por la que se están manteniendo reuniones a escondidas para conseguir su colaboración, aunque sea enmascarada o subterránea.
Pedro Sánchez necesita la respiración asistida de los votos separatistas para seguir en el poder un año o, como aspira en sueños, una o dos legislaturas más. Los separatistas lo saben y tratarán de tener listo el texto antes de julio de 2027. Y si no fuera posible y el PSOE perdiera las próximas elecciones generales, sería su punta de lanza, su estrategia de movilización contra el gobierno de la derecha a lo largo de toda la legislatura.
Si una cualidad han demostrado tener los separatistas, es la paciencia. Esperaron 14 años, entre 2003 con el pacto del Tinell y el referéndum ilegal de 2017. El camino a transitar por el separatismo vasco llevará tiempo, pero no desistirán. Y esperemos que, si un día ocurriera tal cosa, esté al frente del gobierno alguien con el cuajo suficiente para pararlo en seco con el peso de la ley; no hace falta nada más ni nada menos.
Se equivocan de la cruz a la raya quienes ahora creen que el más grave problema que tiene España es la inmigración. No; es la amenaza de los separatistas catalanes y vascos de acabar con su unidad.
Todo se ha descubierto por un «meme» de Aitor Esteban. Por el hilo se saca el ovillo. Al tiempo.
- Emilio Contreras es periodista