Enrique Portocarrero-El Correo

  • Pese a la Ley de Memoria Democrática, hay miles de obras expoliadas todavía en paradero desconocido

No es aceptable que después de casi cinco décadas de democracia siga sin completarse la restitución a sus legítimos propietarios de los bienes primero incautados durante la República y después expoliados por el franquismo. Hace un mes el ministro Urtasun presidió con gran bombo la devolución al Museo Diocesano de Guadalajara de dos pinturas incautadas. En su intervención, Urtasun volvió a reafirmar el compromiso de su Ministerio y del Gobierno con la memoria y con los derechos de los que fueron privados de sus bienes. Pues eso, palabras y compromisos que no son del todo consecuentes con la realidad, puesto que, desde la entrada en vigor en 2022 de la Ley de Memoria Democrática, en cuyo articulado se reconocía el derecho al resarcimiento, estas restituciones solo se han dado a cuentagotas. De hecho, sigue pendiente un reglamento general que desarrolle la norma y que establezca el procedimiento de devolución y las pautas del resarcimiento. Además, tampoco se ha cumplido el plazo de un año que establecía esa misma ley para completar la auditoría o el inventario de los bienes expoliados, más allá de lo realizado por el Ministerio de Cultura en junio de 2024 cuando identificó cerca de 5.000 bienes que estaban en los museos estatales.

Los demás ministerios y órganos de la administración del Estado ni están ni se les espera. Las consecuencias de todo ello, a pesar de las declaraciones ampulosas de Urtasun, no son otras que el incumplimiento gubernamental de una ley, la existencia de miles de obras expoliadas todavía en paradero desconocido, el penoso camino de los afectados en las reclamaciones administrativas y civiles, la costosa inversión que deben realizar para investigar la localización y para probar su propiedad; y la incertidumbre ante una reclamación compleja que solo se resuelve caso por caso. En fin, que lo mismo que en otros temas de mayor enjundia, los discursos del gobierno Sánchez sobre la memoria y sobre las restituciones son solo eso, es decir, un populismo de escaparate.

El reguetón, explicado

Sí, el bellaqueo sensual de las caderas, el cadencioso erotismo como sandungueo bailable o el «tú pum pum» del reguetón solo se explican a través del éxito discográfico, del triunfo de ese sublime cóctel de trap y dembow convertido en latinismo universal por Bad Bunny, Karol G, Rauw Alejandro y otros. Pues sí, una explosión latina y urbana hasta ahora poco analizada en su sociología, en su origen y en su evolución, sobre la que convenía una mirada a su imaginario, a su omnipresencia y a los prejuicios que genera. Todo ello lo plantean La Casa Encendida y la Fundación Gladys Palmera en una muestra de mirada amplia a su raíz transcaribeña, a la reinterpretación de su mestizaje, a los pulsos.

Por el buen camino

Es correcta la decisión de la Academia de Hollywood en torno a la Inteligencia Artificial: los intérpretes y los guiones generados con IA no podrán optar a los Oscar. Es decir, los papeles de actores y actrices que figuran en los créditos de las películas solo serán elegibles cuando se demuestre que han sido interpretados por seres humanos y con su consentimiento. De igual manera, los guiones tendrán también que ser escritos por seres humanos para optar a los premios. Naturalmente, esta decisión de la Academia tiene sus ambigüedades. Por ejemplo, ¿qué pasa si un intérprete fallece y deja en su testamento un consentimiento para la utilización en futuras películas de su imagen y voz con IA? Y, ¿cómo se demuestra que un guion no contiene ni un párrafo generado con IA? Bueno, habrá que ver cómo se solventa el tema en el futuro, pero de momento la decisión de la Academia va por el buen camino: Hay que premiar a las personas y no a los algoritmos, lo mismo que solo hay que reconocer la creatividad humana y su trabajo artístico.