Juan Carlos Girauta-El Debate
  • Ver a una institución darle una patada brutal a otra complace sobremanera a una civilización que se crió en el circo romano

Lo del Gobierno en Canarias es un manotazo sobre la mesa, y lo del Gobierno de Canarias, una forzada sumisión. Esta es una era de poder blandito. Ahí están los altos mandatarios y sus bajos analistas especulares, incapaces de razonamientos geopolíticos por la conmoción que les provocan las formas de Trump. Es tan grosero que uf, ya te digo. Y no ven lo gordo. Son las blanduras estratégicas las que han convencido a la ciudadanía de que el Ejército es una ONG, y quien no lo entienda así en la progredumbre es porque quiere eliminarlo. Como Sánchez en su día.

El cuerpo social se amodorra con la hipnosis woke y con las intrusivas políticas gubernamentales, que se han metido en tu cama. Su vis expansiva no dejará espacio al individuo, alcanzando el objetivo de todas las utopías totalitarias por la vía de la pusilanimidad aparente. Pero ese cuerpo majo hay que despertarlo de vez en cuando, ponerlo a hacer flexiones o, al menos, desperezarlo. Cuando hay elecciones cerca, es el mejor momento para exhibir dureza, rigor y, por qué no decirlo, poder crudo. Nos mola el Gobierno que de repente da un manotazo sobre el escritorio, igual que goza de un buen masaje en la espalda el atrofiado por la inactividad. ¡Ay, ay! Qué gusto…

Baste recordar el aplauso que se ganó Pepe Blanco por poner en cintura a los controladores aéreos. Aquel primer estado de alarma le confirió un prestigio repentino a la encarnación del político blandengue, que es el hombre de El Fary sentado en el Consejo de Ministros. Lo blando y lo duro. En el duermevela suena la batería de Phill Collins a todo volumen. Todo es físico. A la sociedad le dan placer rotundos actos de autoridad, por estúpidos que resulten. A poder ser, contra alguien antipático. En el caso de los controladores aéreos, blanco de Blanco, estaba la envidia ¡(Con lo que cobran esos!) En el caso de Canarias, el ser parte del Estado. Estos son los enfrentamientos que preferimos. La razón no importa, es un MacGuffin.

Ver a una institución darle una patada brutal a otra complace sobremanera a una civilización que se crió en el circo romano. Al estar prohibida la caza humana, el boxeo y hasta la humillación del contrario en un debate, tomamos otro elemento fundacional sin saberlo: los mitos griegos. Donde los gobernantes hacen de dioses, semidioses, héroes. Poseen las imperfecciones de los humanos y se hacen de todo, sin poder parar. Pero, por desgracia, no está a la altura el audiovisual, hogaño fuente de la cultura-incultura. Te cuelan como Helena de Troya a alguien con el atractivo de una silla, y claro, buscas en la política, nuevo Olimpo. Así, te ves aplaudiendo a Mimema (ministra, médico y madre) por pisotear al pobre Clavijo. Comprender que el Gobierno está haciendo lo que negaba poder hacer (que pidan ayuda si la necesitan) exige pensar un segundo, y ahora mismo estamos con el espectáculo. ¡Dale sin miedo, Mimema!