Agustín Valladolid-Vozpópuli

  • ¿Por qué a un italiano?, se preguntarán ustedes. Pues porque nos tienen idealizados, en especial la izquierda, que ve a Sánchez como el antídoto de Meloni

Del japonés al que le explicamos la situación política, a un italiano. En este caso italiana. Milena Gabanelli es una conocida periodista nacida en Nibbiano, una bonita localidad de Emilia-Romagna. Gabanelli, respetada profesional de largo recorrido (72 años), firma una muy influyente colaboración en el Instagram del Corriere della Sera. Se llama Dataroom y tiene más de setecientos mil seguidores. El lunes, Gabanelli dedicó su comentario a hacer una comparación entre su país y el nuestro: “Perché la Spagna cresce e noi no”. Datos macro, en frío, sin apenas contraste, y algunos erróneos, utilizados para llegar a una conclusión que parecía preconcebida: España va bien, Italia va mal.

Gabanelli empieza afirmando algo no del todo exacto: las economías española e italiana son similares. Es cierto solo en parte. Se parecen… hasta que las miras de cerca. Aquí el crecimiento se asienta fundamentalmente sobre la llegada de nuevos residentes (6,3 millones más desde 2018 para un total de población inmigrante de 14,5 millones) y el músculo del sector servicios. Allí, una economía más diversificada, sobre la capacidad de exportar bienes y de sostener un tejido industrial que, pese a todo, resiste.

Se refiere después la colega a la estabilidad política de España, como teórico factor de progreso, frente a los vaivenes de la política italiana (siete presidentes del Consejo en 15 años). En esto tiene razón. Pero, de nuevo, solo a medias, porque nada dice de la perniciosa debilidad de un gobierno, el español, que no ha tenido apoyos suficientes para aprobar ni un solo presupuesto en los últimos tres años. Récord de la Europa democrática.

Después hace afirmaciones directamente falsas, como la que atribuye a Pedro Sánchez la creación del Salario Mínimo Interprofesional (en vigor desde 1963: 1.800 pesetas, unos 10,8 euros de hoy), y presenta como un éxito datos que aquí están en discusión o no son precisamente para enseñar. Por ejemplo, que el paro ha descendido en los últimos años un 10%, obviando que seguimos liderando las cifras de desempleo de la Unión Europea (4 puntos por encima de la media de la UE-27); o que el crecimiento del empleo está más vinculado a una inmigración intensiva (y en parte al maquillaje de las cifras: con más de 800.000 fijos discontinuos) que a una verdadera dinamización de la economía.

Desfigurar la verdad

Decir, como dice Gabanelli, que los salarios han crecido un 1,2% (¿?), comprándole el discurso acrítico al gobierno, sin aclarar a continuación que la inflación ha superado en casi 10 puntos el PIB nominal, ni que la renta per cápita está por debajo de la media europea (92%) -cuando en 2006 llegó a alcanzar el 105%-, es edulcorar la realidad y negar la triste evidencia de que los españoles hoy somos más pobres que en el arranque del siglo XX. Desde luego más pobres que los italianos.

Hablar, como hace Gabanelli, de la mejora del empleo sin añadir que las horas trabajadas, el dato más referencial, apenas han aumentado (sólo un 2% en los últimos siete años, lo que revela un preocupante proceso de precarización y de reparto del trabajo), es desfigurar la verdad; no aportar a su numerosa audiencia informaciones esenciales para que esta se forme una opinión equilibrada, como la que revela que en España ya son más las personas que reciben un estipendio público (funcionarios, pensionistas, perceptores de prestaciones…) que los asalariados del sector privado, es desfigurar la verdad.

Cuando el salario medio de los jóvenes está por debajo de la pensión media; cuando un trabajador que ya está en la treintena tiene que destinar el 92% de su sueldo para alquilar una vivienda, como consecuencia de una política que obstaculiza la construcción, a pesar de las grandes cantidades de suelo disponible, y ha provocado una drástica reducción de la oferta; cuando somos campeones europeos en pobreza infantil (entre 4 y 7 puntos por encima de la italiana, según Eurostat); cuando pasa todo eso, y alguna cosa más (como un desacreditador repunte de la corrupción y la muy discutible gestión de los fondos europeos), presentar a España como modelo a imitar es cuando menos imprudente.

Riesgo de crisis futura

Se preguntarán con razón mis amigos italianos (y los españoles) el porqué de este artículo. Sobre todo se lo preguntarán los que votan a la izquierda. Se lo aclaro de inmediato. Pero antes déjenme añadir algo más. Os puedo entender. Sé que Italia no está para dar demasiadas lecciones, que Giorgia Meloni, como sostiene el profesor Carlo Galli, no esconde sus “pulsiones autoritarias y decisionistas en su obsesión por reforzar y concentrar los poderes del Ejecutivo y aminorar los pesos y contrapesos, así como limitar las voces críticas (la controvertida nueva ley penal de difamación)”. (La destra al potere. Rischi per la democrazia? Raffaello Cortina Editore).

Como Galli, sé también que Meloni “ha trufado de leales las empresas públicas y las cadenas de la RAI [la tv pública], que más del 70% de las leyes son de iniciativa gubernamental y que recurre en exceso a los decretos”, como por otra parte han hecho “todos los gobiernos italianos de distinto signo”. Sé todo eso, pero lo que vosotros al parecer desconocéis es que el análisis del profesor Galli podría servir, sin demasiados matices, para describir el proceder del presidente español. Por eso no acabo de entender la fascinación que provoca en vosotros la figura de Sánchez.

¿Hay diferencias entre Meloni y Sánchez? Sin duda. Y Pedro cuenta con una ventaja: que la izquierda europea se ha quedado sin referentes. Ese es su gran atributo, quizá ya el único: que a ese lado del espectro político no hay mucho donde elegir; o más bien nada. Entiendo además que para la izquierda transalpina España sea algo así como el último refugio de los derechos civiles, durante demasiados años impugnados por la derecha en Italia. Lo que no puedo compartir es que, para defender la legítima aspiración de una república más liberal y abierta, el modelo a imitar sea quien más ha favorecido, por interés político, el auge de la ultraderecha española (Elecciones generales noviembre de 2016: Vox 46.781 votos y 0 escaños. Julio de 2023: 3.033.744 votos y 33 escaños).

Si Milena Gabanelli, y otros como ella, se hubieran tomado la molestia de rastrear las opiniones de la prensa europea y algún relevante medio norteamericano, se habrían encontrado con evaluaciones muy alejadas de esta visión azucarada de España: crecimiento engañoso -apoyado en la inmigración y los fondos europeos-, excesiva dependencia del gasto público, dudas sobre la calidad del empleo, de productividad estancada, deuda pública maquillada, desequilibrios profundos, modelo económico insostenible, falta de credibilidad institucional y riesgo de crisis futura. Una implacable enmienda a la totalidad.

Termino. España no lo está haciendo, como algunos os empeñáis, mejor que los demás. Buscad en otro sitio. Sé que no es fácil. Y Pedro Sánchez no es el antídoto de Meloni. Quizá no tengáis otra opción. Qué le vamos a hacer. Pero al menos sabed una cosa: al fabricar una imagen incompleta y en parte idealizada de España, no nos ayudáis a combatir al populismo. Tampoco a quienes en nuestro país intentan construir una alternativa que rescate a la socialdemocracia de la debacle del sanchismo (Próxima parada: Andalucía. Domingo 17 de mayo).

Buona giornata.