Teodoro León Gross-ABC
- Si algo define a Sánchez es ese instinto para controlar los tiempos de la propaganda. Poco después de montarse el ‘show’ del Aquarius, rechazaba el Open Arms
Del barco Aquarius al barco Hondius… Hay que rendirse al olfato para la propaganda de Pedro Sánchez, sostenido tantos años; un talento natural desde el minuto uno en el poder. Apenas tomar posesión, dio la orden de que el Aquarius, con más de seiscientos inmigrantes a bordo, se dirigiera a España. En sus mensajes, con la máxima proyección internacional, ya se proclamaba campeón «en materia de crisis humanitarias». Era fácil erigirse en némesis de Salvini. Ahora, un Sánchez en horas bajas, el mismo día que el Tribunal Supremo dejaba visto para sentencia el caso que inicia las condenas del sanchismo, invitó a dirigirse a España al Hondius que horas antes había rechazado. Esa intuición otra vez, sin disimular: «El mundo nos mira». Hora, pues, de sacar las plumas. Desde ese momento comenzó un ‘reality’ magnífico para evacuar el Hondius, en una operación perfectamente ejecutada, patrimonializando el éxito y ocupándose de que el presidente canario quedara como un panoli.
Si algo define a Pedro Sánchez es ese instinto para controlar los tiempos de la propaganda. Poco después de montarse el ‘show’ del Aquarius, rechazaba el Open Arms y sostenía que «debe acudir al puerto seguro más cercano…». De repente ya no era tan distinto a Matteo Salvini. Una vez que había montado su relato, no iba a sacrificar más de lo necesario. Cualquier Gobierno hubiera resistido mal el trágico salto de la valla de Melilla en junio de 2022 con más de una veintena de muertos. La BBC y otros equipos de investigación internacional identificaron fallecidos en el lado español. Por entonces los inmigrantes del Aquarius se arrastraban por las aceras, casi la totalidad abandonados en situación irregular. Ha pospuesto año tras año la regularización actual hasta intuir que ahora era el momento. Sánchez mide como pocos cuándo tocar la corneta y convocar a Moncloa Productions.
Giuliano da Empoli considera a Sánchez un político profesional muy hábil, y no le falta razón. Pero también encaja en el político depredador que el politólogo italiano retrata en ‘La hora de los depredadores’: dirigentes con una disposición brutal a la acción, frente a unos rivales anclados en los estándares institucionales, que dominan el ecosistema de lo simbólico, entre la emoción y el ruido. Más de tuits que de argumentos, más de redes que de las instituciones. El Sánchez de los cinco días, de la máquina del fango, del ‘lawfare’, de venderse como solucionador de Cataluña cuando está comprando votos… en definitiva, el tipo sin principios que en la primavera de 2016 pactó contra Ciudadanos rechazando a Podemos, pero en noviembre de 2016 confesó que el socio era Podemos, aunque después aseguró que le daba insomnio pactar con ellos, pero en 48 horas pactó tras las segundas elecciones de 2019, integrando en su Frankenstein a Bildu, tras asegurar que jamás lo haría… Del Aquarius al Hondius, la historia de un impudor oceánico.