Luis Ventoso-El Debate
  • Cuesta imaginar candidata mejor, los andaluces se van a volcar con ella y se agolparán a las puertas de los colegios desde primera hora en su apoyo

Veo muy fuerte de cara a las urnas a María Jesús Montero Cuadrado, de 60 años, nuestra alegre Marisu de Triana. Lo tiene todo. Cuesta concebir una candidata con más capacidad y mejor trayectoria para ganarse a los andaluces.

En primer lugar, Marisu procede de la mejor escuela. Se forjó en política como consejera de los gobiernos de Chaves y Griñán desde 2004 a 2013. Emergió por tanto desde la fértil cantera del PSOE de los ERE, el mayor robo de dinero público de la historia de España. Y eso imprime carácter.

En Madrid, ya como ministra de Hacienda y vicepresidenta primera, ha logrado el hito irrepetible de que España se pase tres años sin Presupuestos, la herramienta básica de un Gobierno. Pero a ella le resbala. Estaba en otras cosas, mayormente enredar, bailar partidas contables en plan trile e insultar al adversario.

En el plano personal, hablamos de una persona que cae fenomenal, pues trata con displicencia borde a todo el mundo en cuanto se apagan las cámaras, es incapaz de expresar una idea sencilla de manera articulada, se coló a codazos en Adamuz para chupar foco al lado de los Reyes en la peor hora de la tragedia y va de resbalón en resbalón por su verborrea incontenible. Entre sus múltiples hitos dialécticos destacan, por ejemplo, el mitin en el que dio por finiquitada la presunción de inocencia como una antigualla ya superada, o su reciente ofensa de calificar de «accidente laboral» la dramática muerte de dos guardias civiles que perseguían a una narcolancha. Este entrañable perfil va a entusiasmar a los votantes andaluces, que se agolparán en los colegios electorales en cuanto abran para depositar sus papeletas por Marisu y por el PSOE.

También le ha granjeado muchas simpatías en Andalucía su sumisión al separatismo catalán, que allí vende un montón. Marisu se ha achantado ante todas sus exigencias victimistas, sea una amnistía o una financiación a la carta para primar a Cataluña agraviando al resto de España. Es sabido que al andaluz tipo le encantan Junqueras y Otegui y que se rompa España. Así que por ahí vamos estupendamente.

Otro punto fuerte de Marisu es su lucha implacable contra la corrupción. Por ejemplo, cuando negó los trinques del presidente del Tribunal Económico Administrativo y cuando tras su dimisión lo recolocó como «inspector especial» en Valencia, a pesar de la querella por cohecho contra él de la Fiscalía Anticorrupción. Marisu debe ser una habitual de la Unidad de Quemados, pues se ha pasado toda la legislatura poniendo «la mano en el fuego» por la sucesión de corruptos del sanchismo.

Pero además de todas sus indiscutibles cualidades personales, obra a su favor el hecho de que se presenta como candidata de una marca ganadora, el PSOE de los «más de cien años de honradez», liderado por un presidente en su mejor momento, que suscita enormes simpatías en toda España, por lo que ni siquiera puede entrar a un bar a tomar un café sin una sinfonía de abucheos y sin que le menten a su parentela.

María Jesús Montero es una candidata magnífica. La única duda que queda es si el domingo el PSOE logrará la mayoría absoluta o se quedará a un escaño. Ningún andaluz, andaluza o andaluce cabal o cabala puede dejar de apoyar a la gran candidata «progresista», formada en la escuela de los ERE, con récords de incompetencia como ministra de Hacienda, defensora de corruptos, que hace subir el pan cada vez que abre la boca y que era hasta ayer mismo la mano izquierda del querido líder Sánchez Pérez-Castejón.

Ánimo, Marisu, que esto está hecho. No hay elección autonómica donde no gane de tacón el PSOE del admirado presidente Sánchez y Andalucía no va a ser menos.