Juan Abreu-Vozpópuli
- No puedo menos que preguntarme si Sánchez y su banda soñaban con que en México la presidenta de Madrid, sufriera un “accidente laboral”
La presidente de la Comunidad de Madrid ha viajado a México. Un país castrista, mitad matadero y mitad narcoestado. Un país que necesita con urgencia un Bukele, antes de que se convierta en una cloaca irrecuperable. Un país gobernado por Claudia Sheinbaum, una mujer que, a juzgar por alguna de sus declaraciones públicas, padece un notorio retraso mental (eso, si no le sucede lo mismo que a su antecesor, López Obrador, cuyas tendencias beodas lo hacían proferir estupideces a granel). Y no hablaré de las carencias estéticas de la señora Sheinbaum porque compararla con Ayuso sería abusar y hoy amanecí de buenas, que decía mi madre.
Mientras Ayuso estuvo en México, Sheinbaum se dedicó a sabotear la visita de la presidenta de la comunidad de Madrid y a hablar de “la grandeza cultural” de los aborígenes de aquella zona del mundo, antes de la llegada de la Civilización, es decir de Hernán Cortés. Supongo que se refería a la habilidad de la tribu azteca para cazar y esclavizar a otras tribus de la zona y usar a estos infelices en sus ceremonias religiosas durante las cuales, les sacaban el corazón con cuchillos de piedra. Las cacerías no sólo tenían el propósito de esclavizar a sus vecinos, también eran una fuente alimenticia pues la “grandeza cultural” incluía comerse a sus enemigos que, pobres, se pasaban la vida huyendo de los aztecas para que no los devoraran. Según los historiadores: “En el contexto de los sacrificios humanos y el canibalismo ritual entre los mexicas (aztecas), las partes del cuerpo que más valoraban y consumían, particularmente la élite guerrera y noble, eran las extremidades, específicamente los brazos y las piernas”. Vaya, qué exquisitez, cuánta cultura.
Como se sabe, a no ser que seas analfabeto, México no existía a la llegada de Cortés. Si los mexicanos, que son producto de la mezcla de los españoles con las tribus autóctonas a las que liberaron de la esclavitud y de la barbarie caníbal méxica, fueran agradecidos (y estoy seguro que muchos lo son) deberían levantar estatuas en honor del gran Hernán Cortés en todas las plazas del país. Y de Cristóbal Colón. Y de Isabel la Católica, naturalmente.
Tribus disfrazadas de paisitos
A la presidenta Ayuso, se le ocurrió hablar del gran Hernán Cortés durante su viaje a México, y la izquierda neocomunista y narcocastrista se le ha echado encima como caníbales, nunca mejor dicho. Ayuso hizo muy bien hablando de la gran gesta civilizadora de Cortés y sus hombres. Otra cosa hubiera sido equivocada, falsa y cobarde. Ayuso es uno de los pocos políticos (muy pocos) españoles que hablan con lenguaje recto. La mayoría de los políticos españoles se expresan como babosas que segregan consignas en un sentido u otro del espectro político. Babosas pomposas y aburridas. Ayuso es una excepción y es una hermosa excepción, además. Y su lenguaje recto, lo que a mi juicio es muy importante, incluye hablar del que debería ser la mayor preocupación para los españoles: el golpe de Estado blando que ejecuta Sánchez y su banda, golpe cuyo propósito es convertir España en un conjunto de tribus disfrazadas de paisitos, lo que equivaldría al fin de la democracia y al fin de la nación española, la única que verdaderamente existe.
De Hernán Cortés en México, Ayuso dijo la verdad histórica, es decir que fue un gran civilizador, un hombre extraordinario que llevó la civilización, la cultura, la modernidad y el gran idioma español a una tribu de esclavistas caníbales (los aztecas) que se dedicaban a cazar y comerse a otras tribus (totonacas, tlaxcaltecas, texcocanos). Cosa que hizo que esas tribus, que eran como hemos dicho y ratifica la Historia, presas y menú de los caníbales aztecas o mexicas, se pusieran de parte del conquistador Cortés, contra quienes los esclavizaban y deglutían. Cuando la presidenta de México critica a Cortés en nombre de tribus como la aztecas lo que hace es glorificar la esclavitud y el canibalismo. A esa gentuza es a la que se ha enfrentado Ayuso. Al contrario que Sánchez y su banda y del Rey Felipe VI, que se han inclinado vergonzosamente ante las exigencias de Sheinbaum y sus seguidores (casi escribo adictos) que reclaman que España pida perdón por derrotar a los caníbales que habitaban lo que es hoy México, y que pidan perdón por llevar la civilización a aquellas tierras, cosa absurda. La presidente Ayuso se ha mantenido fiel a la verdad histórica de la llamada “conquista”, que en verdad fue un proceso civilizatorio. Seamos francos, si no hubiera llegado Cortés es posible que toda esa gente, aún continuaran comiéndose unos a otros.
La narcofinca de Sheinbaum
El Gobierno de Sánchez se ha dedicado a criticar el viaje de la señora Ayuso, uniéndose de esta manera a coro de caníbales odiadores. Pero no se ha limitado a eso, también, la privó de protección, según declaraciones de la presidenta de la Comunidad de Madrid, mientras estuvo en la narcofinca de la señora Sheinbaum. Un lugar muy peligroso, como se sabe. Como soy muy malpensado, no puedo menos que preguntarme si Sánchez y su banda soñaban con que en México la presidenta de Madrid, sufriera un “accidente laboral”.
No hay que olvidar que si la política española no fuera una jungla donde se suele premiar al más trepador y al más lameculos, la señora Ayuso sería líder indiscutible del partido PP, y en un futuro cercano (si el golpe blando sanchista es derrotado), presidenta de España.