Francisco Rosell-El Debate
  • En su impotencia, el PSOE sólo ambiciona que, en el reparto de los últimos escaños, el PP no alcance los 55 de la mayoría absoluta para que dependa de Vox como en Extremadura, Aragón y Castilla y León

Desde aquel «Andaluz, éste no es tu referéndum» del 28-F de 1980, con la voz de Lauren Postigo por castigo, en que el Gobierno de una UCD rota y sin rumbo convocó aquella consulta para pedir una inusitada y estrambótica abstención, no se registraba una campaña más disparatada que la del PSOE en las elecciones autonómicas de este domingo en el Mediodía español. Luego de vivir casi cuarenta años de aquel error histórico de Suarez agravado con la alambicada pregunta que, con ínfulas de Góngora del Derecho, redactó el ‘zorro plateado’ José Pedro Pérez Llorca, acrecentando el agravio andaluz en su afán por equipararse a las autonomías con competencias plenas por la vía de artículo 151 de la Constitución.

Al cabo del tiempo, a Lauren Postigo, presentador del programa Cantares de TVE y al que el PSOE debiera haber erigido un monumento por haber sido a la postre su gran benefactor, le ha reemplazado María Jesús Montero con una campaña «asustaviejas» que, con ella de rostro de cartel, difícilmente podía ser verosímil. Como tampoco lo fue Lauren ‘Castigo’, cuya voz operó como un resorte para que los andaluces, quienes solían votar preferentemente a UCD, respondieran como una sola voz y precipitaran la debacle del partido que comandó la Transición. Ello le franqueó las puerta de La Moncloa a Felipe González tras adueñarse en mayo de 1982 de la Junta de Andalucía hasta casi eternizarse en ella 70 años como el PRI mexicano.

Sin recurrir a aquello tan socorrido de que la cara es el espejo del alma, si les inquirieran a los andaluces, como Kennedy hizo con Nixon en las presidenciales de 1960: ¿Le compraría un coche usado a esta mujer?, la mayoría, según vaticinan las encuestas para este 17 de mayo, no se lo adquirirían a Montero. No ya porque se malicien que ese vehículo de segunda mano pudiera ocultar desperfectos, sino porque dudarían incluso de que fuera ella la propietaria a juzgar por sus chanchullos y gatuperios como consejera por partida doble de los presidentes convictos de los ERE y como vicepresidenta de ‘Noverdad’ Sánchez. Más al contraponerla con el presidente en funciones, Juanma Moreno, quien personifica la Andalucía que arrumbó el socialismo clientelar en el que la corrupción sistémica municionó un régimen con afán de perpetuidad.

Tras ser candidata a palos, pero presta a recoger el paracaídas de regreso a Madrid con el billete del acta de diputada en Cortes al que no ha renunciado en el bolso, «Chiqui, qué más da» ha protagonizado una campaña de pato patagónico que se distingue por una pisada, una cagada; otra pisada, otra cagada. Portando ya una pesada mochila como consejera de Sanidad y Hacienda con un bagaje comprometedor, así como ministra de Hacienda en provecho de amigotes y de socios del Gobierno, amén de ser mandamás de una SEPI favorecedora de rescates judicializados y pelotazos indubitados, esta semana no han sido para ella «los ocho días de oro», sino de traca que casi le hace arder como un «ninot» fallero.

No es para menos tras difundirse audios telefónicos y de mensajería en las que, simulando citas del Servicio Andaluz de Salud, el PSOE acusaba a Moreno Bonilla de privatizar y menoscabar la sanidad pública con el mal fario de coincidir con una sentencia condenando al SAS siendo ella consejera por el óbito de una paciente de cáncer tras fallar los cribados de mama. Luego ha estado su traspiés de tildar de «accidente laboral» la muerte de los dos guardias civiles que perseguían a una narcolancha en la costa de Huelva. En vez de rectificar, se ha enredado en aclaraciones. Ello redundó el miércoles en un abucheo de aúpa al ministro Marlaska, ausente en el funeral, en la Academia de Baeza. Justo el día en el que el PSOE vetaba por 71ª vez la tramitación de la norma para considerar profesión de riesgo la actividad de guardias civiles y policías nacionales. Debe ser que, acorde con la puñalada trapera del senador socialista catalán, Alfonso García Rodríguez, «aún no se lo han ganado».

Y, para más inri, el expresidente de la SEPI, Vicente Fernández, cesado en octubre de 2019 tras ser imputado como exalto cargo andaluz, hacía «vida de pareja» con la ministra en un hotel de Cabo de Gata, según Libertad Digital, en agosto de 2021. Al ser arrestado en diciembre por la UCO por tráfico de influencias en la SEPI, lo que quizá explique el encono de Montero con la Benemérita, la mujer más poderosa desde Isabel la Católica, por lo que los andaluces debieran agradecerle que concurriera en las elecciones autonómicas, según ella, declaró tan pimpante –como antes con su «tronco» Ábalos y con su admirado Cerdán, tras poner la mano en el fuego por ellos– que «yo no tengo ningún contacto ni de WhatsApp, ni de llamadas, ni de reuniones, ni de nada, ni tampoco un entorno que compartamos, con este señor desde que salió de la SEPI». Ya son legión en el PSOE «ese señor del que usted me habla».

Empero, de perdidos al río, tras cerrar filas con los penados Chaves y Griñán, Montero asistió ayer al lado de Zapatero, su «talismán» –habrá que ver cuánto tiempo– a un mitin en Cádiz con las pesquisas judiciales acorralando al expresidente por blanqueo de capitales. Suscita la melancolía rememorar como en 2000, en su primer mitin andaluz, Gaspar Zarrías, muñidor de pucherazos en primarias, votante a cuatro manos en el Senado y caporal de las corrupciones de Chaves para luego reaparecer con las cloacas de Sánchez, se acercó a Zapatero y le espetó: «José Luis, lo que has dicho desde el atril, ¿no será verdad? De ser así, toda los que estamos sentados en primera fila tendríamos que irnos». Pero Bambi pronto echó cuernos sin alterar su sonrisa de cimitarra.

Si Alfonso Guerra presumía con aquel omnímodo PSOE de que ganaría en Andalucía incluso con una cabra de cartel, el antaño vicetodo de Gonzáles quizá se diga hoy para sus adentros si no hubiera sido mejor este 17 de mayo materializar su hipérbole antes de que lo que encabezara una Montero que puede hundir el suelo socialista ante un líder del PP como Juanma Moreno enfrentado únicamente a sus expectativas. En su impotencia, el PSOE sólo ambiciona que, en el reparto de los últimos escaños, el PP no alcance los 55 de la mayoría absoluta para que dependa de Vox como en Extremadura, Aragón y Castilla y León.

Entre tanto, Sánchez despide hoy en Sevilla de su ‘mortituri’ Montero y corre a ponerse a cubierto viajando a Roma el 27 de mayo porque La Moncloa bien merece una misa –en este caso, una audiencia con León XIV– de un aventurero sin escrúpulos ni conciencia como él. Como discierne un personaje de Woody Allen en su película Match point, hay que aprender a esconder la conciencia bajo la alfombra, aunque quizá el diablo de Sánchez prefiera vestirse de Prada para peregrinar al Vaticano cual Petronio de las elegancias de la Humanidad.