Tonia Etxarri-El Correo

Los comicios autonómicos de Andalucía han revalidado las grandes tendencias que se han ido perfilando en las últimas citas con las urnas, en cuestión de seis meses. Que el miedo a Vox ya no funciona entre los votantes. Que las siglas de Sánchez siguen siendo un lastre electoral para los suyos. Y que el PP continúa ganando, después de ocho años de gobierno, pero se le resiste la mayoría absoluta para gobernar sin depender de pactos que le pueden meter al moderado Moreno Bonilla en más de un aprieto. El PP es, actualmente, el partido más votado en la mayor parte de las autonomías, salvo las que están condicionadas por los nacionalismos, porque la sociedad española sigue virando hacia la derecha mientras el rechazo al sanchismo va marcando la desafección electoral hacia el Partido Socialista.

Debería suponer un toque de atención para el PSOE. Otro fracaso en medio año. Y van cuatro. Después de Extremadura, Aragón y Castilla y León, acaba de sufrir un batacazo histórico. Pero no se trata ya de analizar el error de haber destinado a la ministra Montero como candidata sino de preguntarse por qué en la comunidad que ha sido el feudo socialista durante casi 40 años, las siglas socialistas se han quedado en una escuálida representación del 22,71% de los votos. Pero no se han oído autocríticas desde la sede de Ferraz donde se mueven con un doble mensaje: que los resultados no son extrapolables a unas generales y que el PP ha fracasado al tener que depender de Vox para gobernar.

Pero ese comodín está ya amortizado. Se vio en las anteriores citas electorales. Y en Andalucía, también. El PSOE ha hecho todo lo posible por espolear el miedo a la ultraderecha desde su balcón de la extrema izquierda y ya hemos visto los resultados. Los socialistas no han podido aprovechar el caladero de izquierdas en beneficio propio y del que se le han fugado, con Adelante Andalucía, los 401.000 votos del descontento con el Gobierno de la Junta y con el de Sánchez.

También el PP, ganador de las elecciones pero menos, tendrá que estar alerta ante este cuarto aviso. Que también va por ellos. Vox existe y por mucho que se descomponga el PSOE, las victorias suficientes no se producen por arte de magia. Y como Moreno Bonilla no ha logrado retener su mayoría absoluta, deberá abandonar su zona de confort gubernamental para negociar con Vox. No es un escenario cómodo para quien ha abjurado de su futuro aliado durante su mandato. La derecha reúne 68 escaños frente a los 41 de la izquierda. Pero el peso de los dos escaños que el PP necesita para la mayoría absoluta va a ser valorado en oro por Vox aunque tampoco pueda presumir de fortaleza electoral. El PP le triplica en votos y escaños.

Ayer Feijóo, que sabe que Moreno Bonilla no ha logrado su objetivo pero que enfrente no hay alternativa, daba por hecho el Gobierno del PP. Si quiere Vox, claro.

Se desatan las impaciencias electorales en el PP. ¿Y Pedro Sánchez? Bien, en Ginebra, gracias. Todavía no le hemos oído sus valoraciones de los fracasos anteriores en Extremadura, Aragón, Castilla y León. Tampoco lo hará sobre Andalucía. Él espera que sus votantes se activen en las generales, que es lo único que le importa. De las siglas del partido va quedando solo la P de Pedro.