Ignacio Camacho-ABC

  • La familia de Sánchez. Los pretorianos de Sánchez. El fiscal de Sánchez. Y ahora el mediador de Sánchez. ¿Queda alguien?

Otra primera vez en este inédito camino de degradación institucional en que se ha convertido el mandato sanchista. El primer expresidente español imputado de corrupción por la Justicia. Un caso relacionado con tráfico de influencias y cobro de comisiones (todo presunto) en el rescate de una aerolínea, agravado con sospechas de blanqueo de dinero en paraísos fiscales a través de cuentas embargadas por los tribunales de Suiza. Una red de empresas intermediarias y testaferros (también presuntos por ahora) bajo la lupa de la UDEF –«qué coño es eso», como diría Pujol– y la Fiscalía. Feo asunto para tratarse de quien fuera gurú de la teoría de la superioridad ética socialista y hoy principal consejero áulico del presidente en cuestiones de estrategia política.

Proclámese y defiéndase el derecho del investigado a la presunción de inocencia. Sin casuismos ni reservas. Las acusaciones –graves, muy graves– están pendientes de prueba. Pero constátese también la relevancia de los delitos que motivan el largo auto del instructor de la Audiencia, imposibles de soslayar con la consabida teoría de una conspiración de togados de ultraderecha. Y anótese el detalle de que la compañía rescatada bajo dudosos requisitos de emergencia durante la pandemia pertenece a Venezuela, el país donde Zapatero ejerce desde hace mucho una teórica mediación de alto nivel que incluye tareas de ‘lobby’ ante las autoridades de España y de la Unión Europea. El régimen insólitamente protegido por el Ejecutivo de izquierdas.

ZP ha gozado de una cuidada imagen de idealista, de beatífico predicador inmune a la ‘hybris’ del poder y a las tentaciones del dinero. Un santón de talante humanitario consagrado al diálogo diplomático y a la liberación de presos, incansable y desinteresado viajero internacional al servicio del acercamiento entre naciones y pueblos. Un hombre cuya ansia infinita de ‘pazzzzzz’ facilitó la disolución de ETA y la ‘reinserción’ de sus pistoleros beneficiados por la generosidad penitenciaria del Gobierno. Un negociador de resoluciones de conflictos que redimió a los sediciosos catalanes convirtiéndolos al credo del progreso. Y helo aquí en medio de un turbio negocio de tercería de altos vuelos en el entorno directo de su amigo Pedro.

Porque es la sombra de Sánchez la que se proyecta al fondo de este tejemaneje. Es a su Consejo de Ministros al que concierne la decisión de conceder una millonaria ayuda financiera a un operador aéreo de juguete. Y son sus familiares y sus colaboradores directos quienes aparecen en la pléyade de sumarios abiertos por los jueces. Están pendientes de juicio el hermano y la mujer del presidente. Están en la cárcel o en libertad provisional los dos principales pretorianos del presidente. Está condenado el fiscal del presidente. Están bajo escrutinio judicial el susurrador político del presidente y la financiación del partido del presidente. Pero, por supuesto, sólo las mentes retorcidas creen que esos escándalos tienen alguna relación con el presidente.