Agustín Valladolid-Vozpópuli
- Ni ZP es quien nos han contado que era, ni hubiera podido hacer lo que hoy empezamos a conocer sin el salvoconducto de Moncloa
He sostenido alguna vez, en artículos y en privado, la teoría de que la historia de José Luis Rodríguez Zapatero es también la del tonto útil canónico, una pieza del tablero que otros controlaban. Esa impresión se basaba en la certeza de que así fue en determinadas etapas de su actividad pública. Por ejemplo, en la que protagonizó como inesperado presidente del Gobierno, en la que un sanedrín encabezado por Miguel Barroso y Javier de Paz suplantaba en no pocas ocasiones, y en lo que a decisiones de estrategia política se refiere -y en otras de índole mucho más ejecutiva-, a la dirección del PSOE.
Por aquel entonces, era habitual escuchar a algunos miembros de la Ejecutiva socialista lamentarse del desproporcionado ascendiente que sobre Zapatero tenían estos y otros personajes, cuyas prioridades no coincidían necesariamente con las del partido. Muchas decisiones trascendentes de aquellas dos legislaturas se tomaron sin contar con la opinión de los órganos internos del PSOE y sin apenas debate en el seno del Consejo de Ministros. Especialmente notorias fueron algunas de las medidas adoptadas para favorecer los intereses de ese grupo de amiguetes en el sector de la comunicación.
Entre pachanga y pachanga de básquet, en los campos de sport de La Moncloa se diseñaban operaciones para contrarrestar el poder de ciertos grupos editoriales, lanzar nuevos periódicos y cadenas de televisión o eliminar en beneficio de otros la publicidad de la TV y la radio públicas. Pero también para nombrar nuevos ministros o, superada la etapa de gobierno, colocar al candidato o candidata del grupo de íntimos en la cuarta planta de Ferraz y seguir mangoneando el partido.
Candidato de rebote
La historia de José Luis Rodríguez Zapatero es una combinación de casualidades, descartes y maniobras oportunistas. En el año 2000 se hizo de rebote con el control de la corriente llamada ‘Nueva Vía’ porque el que era su líder natural, Jesús Caldera, decidió a última hora dar un paso atrás. En julio de ese mismo año le gana por solo 9 papeletas el 35 Congreso del PSOE al favorito, José Bono, gracias al apoyo de Felipe González y a los votos que Alfonso Guerra le presta para que no gane el castellano-manchego en la recta final del cónclave. En abril de 2004, la nefasta gestión que hace José María Aznar del atentado del 11-M, le aúpa inesperadamente a la Presidencia del Gobierno.
Zapatero está en el origen de algunas de las decisiones que en mayor grado han contribuido a romper los equilibrios construidos en la Transición y a deteriorar la convivencia. Por citar solo dos: el pacto con Artur Mas para reformar el Estatuto de Cataluña, negociado en la sombra y sin contar con el partido; la Ley de Memoria Histórica de 2007, aprobada sin buscar el consenso y proyectada como clara herramienta de confrontación política.
Asimismo, ZP fue un notable precursor de esa astuta fórmula de hacer política consistente en aprobar normas de gran impacto social y mediático que otros deben pagar. Caso, por ejemplo, de la en su día muy controvertida Ley de Dependencia, costeada en su mayor parte por las comunidades autónomas y a cuya tramitación dio el Gobierno el visto bueno después de que una previa Comisión de secretarios de Estado y subsecretarios descartara su puesta en marcha por la falta de fondos y de la memoria económica preceptiva para su adecuada aplicación.
Cuando Madina le mandó a paseo
La crisis financiera de 2008, sistemáticamente negada por Zapatero, acaba expulsando al PSOE del Gobierno. Antes, ZP había anunciado que no volvería a ser candidato del PSOE y el marrón pasa a manos de Alfredo Pérez Rubalcaba. El peso de la herencia que deja el personaje es brutal. Los genios de la mercadotecnia socialista deciden que las elecciones se celebren el 20 de noviembre de 2011, a ver si la fecha despierta las conciencias antifranquistas de quienes han decidido quedarse en casa; y se quedan. El resultado es el esperado: Partido Popular: 186 escaños; PSOE: 110.
Cualquiera habría apostado porque después de no enterarse de la crisis y de llevar al partido al que hasta ese momento era el peor resultado de su historia reciente (plusmarca batida en 2016 por Pedro Sánchez: 85 diputados), ZP optaría por quitarse discretamente de en medio. Pero no. El sanedrín era mucho sanedrín, y no está dispuesto a rendirse. En lugar de arropar a Rubalcaba, con el apoyo de Zapatero sacan al ruedo a su candidata, Carme Chacón, exministra de Defensa y mujer de Barroso. Rubalcaba gana por poco la partida, pero no aguanta demasiado y acaba dimitiendo tras los malos resultados del partido en las Elecciones Europeas de 2014.
Y de nuevo aquí vuelve ZP al enredo. Lo resumo: Hay que elegir sucesor. ZP apoya a Susana Díaz, pero esta prefiere esperar y abrir un período de transición sin renunciar a nada. Deciden que sea Eduardo Madina el candidato del aparato. ZP acaba convenciendo al vasco, que exige primarias para legitimar su liderazgo. Mala señal. Con esa maniobra Madina indica que no quiere ser un secretario general efímero. Saltan las alarmas. Susana busca otro caballo. El elegido es Pedro Sánchez. “Este no sirve, pero nos sirve”. Gran frase que el tiempo acabará tachando. Zapatero queda encargado de persuadir a Madina de que retire su candidatura. Coge un avión y se planta en Tánger, donde Eduardo se toma unos días para pensar sobre su futuro. Madina no da crédito; y manda a paseo al expresidente.
Siguiente acto: la determinación del diputado por Vizcaya pone en riesgo la estrategia de medio plazo de la lideresa andaluza, lo que exige idear a toda prisa un plan B. Los consejeros habituales encuentran la solución: El vasco no tendrá un solo competidor. Y se inventan un tercero, de perfil idóneo para restar votos al “izquierdista” Madina y favorecer las opciones de Sánchez, el “liberal”. Se llama José Antonio Pérez Tapias, un profesor, obviamente andaluz, que se presta al juego. La maniobra es brillante; y exitosa. Sánchez logra más del 60% de los votos en Andalucía, y gana las primarias con el 49%. Tapias se va al 15% y deja a Madina en el 36%. Lo han vuelto a hacer.
Licencia para influir
El Zapatero de todas las salsas saca pecho, pero Sánchez es mucho más Sánchez de lo que unos y otros pensaban y las cosas se tuercen. El nuevo líder del PSOE no esconde su mala opinión sobre el expresidente. Pasan meses y la relación es fría, distante. Hasta que ZP, enredando, enredando, vuelve a situarse en una posición de utilidad. Sin que nadie se lo pida, en la Navidad de 2014 se aproxima a Podemos y consolida una buena relación con Pablo Iglesias. Suelta amarras con Susana Díaz y empieza a posicionarse como un interesante aliado para acallar cualquier crítica interna.
Y sin embargo Sánchez no acaba de fiarse. Hasta el 28 de septiembre de 2016. Ese día Felipe González le confiesa a Pepa Bueno en la Cadena SER que se sentía engañado por Sánchez, quien le había prometido en privado que el PSOE se abstendría para facilitar la investidura de Mariano Rajoy. A partir de ese momento se reconstruyen los puentes y se dan instrucciones para que se fabrique el personaje del Zapatero-referente-moral-del-PSOE, defensor de las esencias progresistas frente al traidor y derechizado Felipe González. ZP se convierte en el mejor antídoto contra los restos del felipismo y obtiene a cambio por parte de Moncloa un salvoconducto general, una licencia para moverse con absoluta libertad en los distintos escalones del Gobierno y la Administración.
Nada de lo que ahora estamos conociendo puede explicarse sin tener en cuenta todo lo anterior. Ni las revelaciones que conectan a Zapatero con el eje Eduardo Zaplana-Julio Martínez-Javier de Paz. Como tampoco se explican sin el complejo de inferioridad que frente a Felipe González y otros exdirigentes del PSOE arrastra un personaje que en 2011 había pasado con más pena que gloria a la historia (la pequeña) del socialismo español.
En estos días, las expresiones más escuchadas entre los socialistas son “no doy crédito”, “no me lo puedo creer”, “estoy estupefacto”… Es comprensible. Los indicios recopilados por el magistrado José Luis Calama no parece que sean compatibles con las actividades que se esperan del referente moral del socialismo. Pero tampoco con la inteligencia y capacidades de quien no advierte el riesgo de involucrar en sus andanzas a la familia.
La investigación de la UDEF y de las fiscalías española, suiza y francesa revelan complejidades presuntamente delictivas no atribuibles a una sola cabeza pensante. No vamos a tardar en salir de dudas; en saber si Zapatero era el cerebro pensante de esta trama. Yo sigo apostando a que no. Que nada de lo que empezamos a saber podría haberse llevado a cabo sin la compañía y la superior dirección de otros. Pero de lo que no hay ya la menor duda es que Zapatero no era quien decía ser.