Sara Hidalgo García de Orellán-El Correo
Profesora de Euskal Herriko Unibertsitatea
- Aquella etapa reveló la organización ciudadana contra el terrorismo y la capacidad de convocatoria de plataformas como Gesto por la Paz
Recientemente falleció Cosme Delclaux, abogado vizcaíno secuestrado por ETA en 1996. El suyo se enmarcó en un ciclo de secuestros encadenados en los que ETA se embarcó a mediados de los 90. Con ellos la banda no solo buscó financiarse sino también situar en el eje del debate público el tema de los presos etarras. Al mismo tiempo, las reacciones sociales a los secuestros, tanto a favor como en contra, nos muestran cómo funcionaron algunos de los mecanismos de la estrategia Oldartzen.
El ciclo había empezado antes, en julio de 1993, cuando ETA secuestró a Julio Iglesias Zamora, ingeniero y empresario donostiarra. Aquel secuestro, que duró 116 días, alumbró un poderoso símbolo, el lazo azul. Creado por la plataforma Gesto por la Paz, el lazo tenía la forma de A (inicial de Askatu) y no solo aglutinaba, sino que también identificaba en el espacio público a aquellos opositores a ETA. Las masivas movilizaciones para pedir su liberación no tenían precedentes en Euskadi y fueron una expresión del creciente hartazgo social hacia el terrorismo. Iglesias Zamora fue liberado el 29 de octubre de 1993.
Dos años más tarde, en mayo de 1995, ETA secuestraba a otro empresario, también guipuzcoano, José María Aldaia, a quien retuvo 341 días. Las movilizaciones pidiendo su liberación también fueron masivas y se reactivó el uso del lazo azul. Los tiempos, en cambio, eran diferentes. Herri Batasuna estaba en pleno debate de su ponencia Oldartzen, que aprobaría de manera definitiva a finales de ese año iniciando los tiempos de lo que luego se denominó la ‘socialización del sufrimiento’. Precisamente en Oldartzen se pusieron las bases programáticas de la nueva estrategia, que hizo de ‘la calle’ y su ocupación uno de sus pilares fundamentales.
Por ello, si las movilizaciones por la liberación de Julio Iglesias Zamora habían cogido por sorpresa a HB, las de Aldaia tuvieron una fuerte contestación. Así, las concentraciones semanales que Gesto convocaba, con la compañía de los hijos de la víctima y los trabajadores de su empresa, tenían enfrente las encabezadas por los primeros espadas de HB. Dos lemas confrontaban dos realidades: ‘Jose Mari Askatu’, rezaban las pancartas de los de Aldaia, y ‘Euskal Herria Askatu’ eran las palabras elegidas por los seguidores de HB. Para estos últimos, además, estas movilizaciones fueron un laboratorio para ver los límites de la nueva estrategia, como dejó claro el miembro de la Mesa Nacional de HB Rufi Etxebarria: «(estas) movilizaciones no surgieron solo para responder al lazo azul, sino que en ellas se defiende nuestro proyecto político y todas nuestras reivindicaciones». Ambas concentraciones estuvieron frente a frente, a menudo separadas por un cordón policial, hasta abril de 1996, cuando liberaron al secuestrado.
Para entonces ETA retenía a quien protagonizó el secuestro más largo de la historia de la banda, José Antonio Ortega Lara. Funcionario de prisiones, con su retención, que duró de enero de 1996 a julio de 1997, un total de 532 días, ETA volvía a poner en el epicentro del debate la cuestión de los presos etarras. Las manifestaciones de condena a este nuevo secuestro volvieron a ser masivas, el lazo azul siguió vigente y el hartazgo hacia el terrorismo creció. Simultáneamente ETA secuestró, en noviembre de 1996, a Cosme Delclaux, abogado y miembro de una saga de empresarios vizcaínos. A Delclaux lo liberaron unas horas antes de que la Guardia Civil diera con el zulo donde retenían a Ortega Lara, el 1 de julio de 1997.
Las consecuencias de ello son conocidas. El 10 de julio un joven concejal del PP de Ermua era secuestrado. El ultimátum de ETA fue claro y tajante: en 48 horas los presos de ETA tendrían que ser acercados a cárceles vascas; de lo contrario, procederían a ejecutar a ese joven, Miguel Ángel Blanco. Esas 48 horas fueron frenéticas en Euskadi y en España. Las concentraciones pidiendo su liberación fueron masivas. Son de sobra conocidas las imágenes de personas con las manos blancas pintadas, los lemas coreados por miles de personas al unísono como ‘ETA, escucha, aquí tienes mi nuca’ y los momentos de emotividad colectiva vividos en concentraciones como la vigilia de las velas, en Ermua, cuando miles de personas se concentraron la noche del 10 de julio portando velas. El ultimátum, no obstante, llegó y la esperanza dio paso a la rabia. El 12 de julio Blanco apareció con un tiro en la nuca en una cuneta en Lasarte-Oria. Moriría poco después, generando una implosión contra el terrorismo nunca vista en Euskadi.
Terminó así este ciclo, pero no el terrorismo de ETA, que duraría hasta 2011. Un periodo en el que se puso sobre la mesa la organización ciudadana contra el terrorismo, la capacidad de convocatoria de plataformas como Gesto por la Paz y la capacidad de resistencia y resiliencia de una parte de la sociedad que dijo ‘no’ a ETA y su violencia terrorista.