Juan Van-Halen-El Debate
  • La principal actividad de la política exterior de Albares, ya lo dijo, es conseguir que en la UE se hable oficialmente catalán. Tampoco ha tenido suerte. Algunas de sus declaraciones chocan con la Constitución. Le aconsejo releerla

A Sánchez cada día le salta un escándalo en la rampante corrupción y confía en que el nuevo lío haga olvidar el anterior. ¿Quién se acuerda del Tito Berny? Ocurre también con ciertos ministros del Gobierno contemporáneo más mediocre. Me propongo poner la mirada en algunos. Hoy me detengo en Albares. Desde 2021 ocupa el Ministerio de Asuntos Exteriores, etcétera. Hasta Sánchez su carrera diplomática era menor. Fue su asesor durante su primera etapa como secretario general del PSOE. En 2020 redactó la ponencia de política exterior en el cónclave socialista de Valencia. Su amigo le hizo embajador en París y luego ministro.

Albares ha adoptado decisiones controvertidas o directamente erróneas. Sobre Irán y Oriente Medio alzó su «no a la guerra». ¿Quién quiere cualquier guerra? Obviamente nadie. Tras el ataque de terroristas palestinos en la franja de Gaza, en 2023, contra inocentes ciudadanos israelíes, con más de un millar de muertos, hombres, mujeres y niños, en un festival popular y en sus casas, y más de doscientos secuestrados, Albares se posicionó contra la lógica reacción israelí. Se convirtió en un anti-Israel sin matices. Fue condescendiente con Hamás y Hezbolá («Partido de Dios»). Los terroristas se lo agradecieron a Sánchez. Pidió a Israel que respetase el derecho internacional humanitario que no respetaron los asesinos. Albares declaró que España dejaba de exportar armas a Israel, pero era falso. Según el portal oficial de Comercio Exterior, Comex, se exportaron armas a Israel por un millón de euros en aquel noviembre; en diciembre fueron alrededor de ciento cincuenta mil.

Otra página negra de Albares es Marruecos. Acogimos al líder saharaui Brahim Gali, que le costó el ministerio a Arancha González Laya. Sánchez dijo que no lo sabía; nunca se entera de nada. Marruecos favoreció una entrada multitudinaria en Ceuta. Sánchez se humilló ante Rabat; consideró la posición marroquí sobre el Sahara «la más seria, creíble y realista» contra el mandato de Naciones Unidas, sin pasar por el Consejo de Ministros ni debate parlamentario. Se especuló que tras la decisión estaba el control del teléfono de Sanchez por los servicios secretos marroquíes. Si unimos nuestro posicionamiento anti-Trump, un Marruecos fortalecido podría acometer viejos planes sobre Ceuta y Melilla. En Perejil nos apoyó Washington; ahora no nos apoyaría nadie. Y empeoraron nuestras relaciones con Argelia, otro suspenso a Albares, aún no resuelto completamente. Argelia desactivó el Tratado de Amistad, Buena Vecindad y Cooperación; supuso para España una pérdida de varios miles de millones de euros. El Gobierno argelino dudó de «las capacidades» de Albares considerándole «diplomático indigno» y «seudoministro».

Albares tampoco ha estado fino con Gibraltar. Trata al «ministro principal», Picardo, como cabeza de una nación. En su viaje a España Picardo fue ampliamente mimado en la televisión oficial, ¡ay Fortes!, y Albares le recibió en la sede del ministerio; nunca había ocurrido. España no aprovechó la salida de Gran Bretaña de la UE. Quitaremos la verja que levantaron ellos y, de hecho, consideraremos país a una colonia militar británica. Albares trata de engañar a los habitantes de La Línea. El acuerdo con el Gobierno de Londres es vergonzoso; quiere borrar la historia desde la ocupación de la Roca, en 1704, por una flota inglesa-neerlandesa en nombre del pretendiente austriaco al trono de España. La reivindicación de Gibraltar ha estado presente durante más de trescientos años. Pero a Albares y a su jefe les da igual.

Podríamos continuar con el «caso Albares», desde la indefinición en el enfrentamiento Rusia-Ucrania, tipo yenka: pasito adelante, pasito atrás, hasta el alineamiento en Hispanoamérica con el extremismo izquierdista del Grupo de Puebla, el castrismo y la Venezuela de Maduro y ahora de Delcy. Desde apoyar a Sheinbaum cuando ofendió a Ayuso, representante del Estado en la Comunidad de Madrid, hasta el incumplimiento de las obligaciones con la OTAN y nuestra creciente irrelevancia en la UE. Desde la curiosa sumisión a China, hasta la ausencia de España de los foros decisorios europeos, atlánticos, mediterráneos e hispanoamericanos. No se nos escucha ni toma en serio. El olvido no lo va a arreglar.

La principal actividad de la política exterior de Albares, ya lo dijo, es conseguir que en la UE se hable oficialmente catalán. Tampoco ha tenido suerte. Algunas de sus declaraciones chocan con la Constitución. Le aconsejo releerla.