Editorial-El Debate

  • El Gobierno esquiva por los pelos los ajustes al cumplir la regla de gasto, pero lo hace a costa de cargar con más deuda la mochila de las generaciones futuras

Las pensiones constituyen el pacto social con mayor reconocimiento de la democracia en España, el gran pilar del Estado del bienestar. Sin embargo, su pervivencia se examina con una manifiesta sensación de incertidumbre. El informe difundido ayer por la Autoridad Independiente de Responsabilidad Fiscal (Airef) deja una doble impresión entre los contribuyentes y el Gobierno: la regla de gasto se cumple formalmente, pero eso no quiere decir que el sistema de retribuciones sea sostenible a corto plazo, pues está al límite de su capacidad. El Ejecutivo de Pedro Sánchez puede respirar aliviado al esquivar por los pelos la aplicación de nuevos ajustes que le obligarían a inyectar ingresos, recortar gastos o ambas medidas a la vez. El alivio llega por solo tres décimas: el estudio sitúa el gasto neto en pensiones promedio en el 13% del PIB para el periodo 2022-2050.

Pero este balón de oxígeno se ha conseguido a costa de cargar la deuda en la pesada mochila de las generaciones futuras. La factura sigue viva y pendiente de mayores transferencias públicas para poder garantizar el abono de las prestaciones. Ese es un mensaje trascendental para el pensionista actual, el trabajador que sostiene el sistema y los jóvenes que aspiran a incorporarse a él. También para el Gobierno de Sánchez, que se libra de plantearse reformas en un momento de máxima debilidad parlamentaria y descrédito por la cascada de escándalos. Pese a la parálisis legislativa, el debate sobre el envejecimiento de la población, las menguantes tasas de natalidad y el impacto real de la inmigración en la Seguridad Social son asuntos cruciales que no convendría retrasar para cuadrar las cuentas. Y más teniendo en cuenta que el gasto en pensiones supera los 200.000 millones al año y que, de seguir este crecimiento, disparará la deuda pública el 123% del PIB en 2050.

En este contexto, cobra una especial relevancia la advertencia de la nueva presidenta del organismo fiscalizador, Inés Olóndriz. Si no se actúa sobre el gasto, el dinero extra para pagar las prestaciones tendría que salir de otras transferencias del Estado, lo que podría restar fondos para otras políticas públicas esenciales como la sanidad, la educación o la dependencia. Eso abriría un escenario de tensiones que amenaza con debilitar otros pilares del Estado del bienestar. El sistema necesita con urgencia ganar sostenibilidad mediante un empleo estable y de calidad, y una productividad dinámica. De lo contrario, el aprobado raspado de hoy podría suponer la quiebra de la caja mañana.