Antonio Rivera-El Correo
- Aquí pasa lo que no pasa en ningún sitio y el actor o el contexto distintivo se me ocurre que es la historia reciente
El fin de semana pasado fue de dolor de cabeza para el consejero Zupiria; también para los que recibieron de la Ertzaintza. En escenarios tan diversos como el aeropuerto de Loiu recibiendo a los solidarios con Palestina o en las inmediaciones de Mendizorroza haciendo lo propio con el Deportivo Alavés, el encuentro de policía y ciudadanos acabó en refriega retransmitida ‘urbi et orbi’. El primer caso fue crítico por la dimensión internacional de las imágenes; el de los hinchas balompédicos es más común e irrelevante.
No tenía fácil la explicación el consejero, pero en su comparecencia parlamentaria salió con un eficaz recurso dramático sintetizado en su reiterada pregunta de «¿Por qué aquí?». Por qué aquí pasa lo que no pasa en ningún sitio. Cuál es el actor o contexto distintivo. Se me ocurre que la historia reciente. La víspera de estos incidentes EH Bildu acudió por vez primera a la entrega de credenciales en la Academia de la Ertzaintza. En su lenta carrera por institucionalizarse se quieren congraciar hasta con quien fue casi siempre enemigo de ETA, pero basta leer o escuchar a sus portavoces para confirmar que el encuentro tiene pendiente lo que Bildu llama nuevo modelo policial. Mientras eso llega, entienden que la policía vasca está en contra del pueblo y que su simple presencia en Loiu o en Vitoria ya fue argumento o provocación para la refriega. A ello se le suma la percepción de que la Ertzaintza se españoliza al asumir comportamientos y siglas sindicales autoritarias. Ya saben aquello de Savater: «A todo lo que odian lo llaman España». Por último, el giro conservador y de orden del PNV cierra ese dibujo y abre la ventana de oportunidad para que los críticos eternos de la policía vasca anuncien su futura novedad, ahí también.
Pero, ¿por qué aquí? Porque, como se comprueba, los jefes abertzales van en una dirección, su base de apoyo les acompaña sin su convicción estratégica y los disidentes o menos disciplinados se siguen portando y odiando de la misma manera, sin obligarse como el resto de sus correligionarios. Como en tantos asuntos, la izquierda abertzale cambia para que todo vaya por su carril, porque no cuestiona la inveterada tendencia local a resolver las cosas mediante fuerza o violencia. De ahí los desajustes en los comportamientos, que en esta ocasión solo pasan factura al consejero, a pesar de su esfuerzo con la grabación del «por qué aquí» (y solo o sobre todo aquí). Justicia poética, por cierto, que recuerda tanto mirar para otro lado del partido de Zupiria cuando la violencia no cargaba sobre ellos. Aquellos tiempos de «los chicos de la gasolina» de on Xabier.
Aunque sea excepción, nuestra singularidad en el recurso a la fuerza y la violencia tiene que ver con la página pendiente de nuestra historia reciente. No se ha hecho el esfuerzo para convencer a la ciudadanía de que esos no son los procedimientos, ni siquiera si se tiene alguna razón. Potentes movimientos como el feminista o el de pensionistas vascos demuestran su sentido cívico y pacífico a cada poco. Pero a otros no les alcanza aún esa convicción básicamente estratégica de sus jefes.