Alejo Vidal-Quadras-Vozpópuli

  • José Cobo recomienda no mirar a las ideas, sino a la gente. Las ideas no se miran, Don José, las ideas se tienen o no se tienen

Amando de Miguel, que nos contempla desde el paraíso de las mentes lúcidas, acuñó un término muy expresivo para describir el lenguaje de los políticos, lo llamó el “politiqués”. Con este vocablo se refería al encadenamiento de lugares comunes, ambigüedades, imprecisiones, frases hechas y obviedades, con el que muchos de nuestros gobernantes o representantes elegidos sortean las preguntas de los periodistas o las interpelaciones de la oposición. De hecho, los que seguimos la actualidad de la vida pública española, podemos adivinar cual va a ser la respuesta del ministro, alcalde o consejero de turno en una rueda de prensa ante una interrogación determinada, sobre todo si ésta es pertinente o incisiva. La máquina pauloviana albergada en su cerebro se pone en marcha y enuncia el mensaje precocinado al efecto en el que no dice nada ni da información útil alguna ni formula una opinión precisa. De su boca salen sonidos articulados que envuelven un vacío y que evitan cualquier riesgo. Como es de esperar, semejante comportamiento provoca en una mayoría de ciudadanos una profunda decepción, cuando no una franca irritación.

Después de leer la entrevista al cardenal-arzobispo de Madrid, José Cobo, que firma Julio Núñez en El País, se llega a la conclusión de que hay ilustres purpurados que se comunican con su grey en “cardenalés”. En efecto, Su Eminencia resuelve cada una de las cuestiones que le plantea su interlocutor con una ristra de tópicos, frases inanes, platitudes y buenismos romos que suscitan dudas sobre el acierto de su nombramiento hace tres años por Francisco. También es verdad que teniendo en cuenta las peculiares posiciones ideológicas del último pontífice, la elección de Cobo para un puesto de tanta relevancia tiene su lógica. Según me cuentan, el camino por el que la Santa Sede elaboró esta designación fue tortuoso y ajeno a los cauces institucionales apropiados. Esto explicaría una decisión difícil de entender.

No cabe duda de que una visita papal a España de la duración y amplitud que va a desplegar la estancia de León XIV en nuestro país es una ocasión magnífica para dinamizar a la Iglesia patria, lanzar mensajes llenos de contenido conceptual y moral, sentar la doctrina católica en temas relevantes y, lejos de hacer pusilánimes concesiones a lo políticamente correcto, establecer con rotunda claridad las verdades de la fe prescindiendo del mainstream líquido y posmoderno. En las insulsas parrafadas emitidas por el cardenal Cobo en reacción a cada uno de los temas planteados por Julio Núñez no hay un solo elemento que cumpla este propósito y resulta una tarea ímproba extraer alguna conclusión concreta de sus blandengues divagaciones.

Veamos un ejemplo: ante la petición de que aclare el significado del lema de la visita papal “Alzar la mirada”, nuestro príncipe de la Iglesia se descuelga con el siguiente enunciado: “Es algo muy de nuestro tiempo. Notamos que hay un poco de desesperanza de base, una sensación de bucle. Como que no tenemos objetivos y horizontes donde unirnos. Todo está muy parcializado. Hay que mirar más adelante. Atrevernos a mirar más allá. ¿Qué significa eso? Ver por qué hacemos las cosas y darnos cuenta de que tenemos a gente a nuestro lado. Hay que mirar a esa gente, no a las ideas. Y mirar a dónde vamos y qué horizontes tenemos más allá de hacer todos los días lo mismo. Ese es el objetivo, mirar más allá”

Más que un báculo, un ramo de flores

La descripción del lema deja perplejo. Es incolora, inodora e insípida. Nada en ella demuestra consistencia, fuerza o profundidad espiritual. Todo es ligero, vaporoso, un cuerpo sin huesos. El hecho de que, en una entrevista extensa, el cardenal no mencione ni una vez a Dios, a Jesucristo, a María Santísima, a los fundamentos de la antropología católica, a la extraordinaria contribución de España a la civilización cristiana ni a nada que ofrezca vigor doctrinal o sirva de orientación a los fieles y se limite a desgranar un conjunto de consideraciones triviales propias de un libro de autoayuda barato, produce inquietud y alarma. Más que un báculo, nuestro pastor de almas debiera sostener un ramo de flores artificiales. 

José Cobo recomienda no mirar a las ideas, sino a la gente. Las ideas no se miran, Don José, las ideas se tienen o no se tienen, se analizan y se valoran, y la gente no quiere palabras sin ideas. Es más, el cerebro y la conciencia humana se alimentan de ideas y son las ideas las que conducen a una sociedad al éxito o al fracaso. En fin, no se me ocurre otra medida para poner a tono a la jerarquía católica autóctona que traer a España una buena remesa de sacerdotes polacos.