Andoni Pérez Ayala-El Correo

  • El estallido del ‘caso Zapatero’ condiciona más que ningún otro factor las posiciones de todos los partidos en un escenario ya complicado

El estallido del ‘caso Zapatero’ el día siguiente del inicio del periodo poselectoral andaluz ha tenido el efecto, inevitable por otra parte dado el impacto mediático del asunto, de desplazar del primer plano de la actualidad política los comentarios sobre las recientes elecciones en Andalucía. Ello no debe impedir dedicarles la atención debida ya que, además del relieve que tienen por sí mismas, aunque solo sea por tratarse de la comunidad autónoma de mayor población de España, en esta ocasión cerraban un ciclo iniciado hace cinco meses en Extremadura y continuado en Aragón y Castilla y León.

Más allá del recuento de los votos y escaños de cada formación política, que suele ser habitualmente el tema central de los comentarios postelectorales, interesa llamar la atención sobre el proceso de reconfiguración del espacio político que está teniendo lugar como consecuencia de las sucesivas citas electorales de estos últimos meses. Además de la renovación de los órganos representativos, en este caso de las autonomías, los comicios, sobre todo cuando tienen lugar en territorios diversos de forma continuada, proporcionan datos del mayor interés para conocer la situación política y la evolución que está experimentando en el momento actual.

Hay que hacer referencia, en primer lugar, a la constatación del aumento de la diferencia entre las dos principales formaciones políticas, en el Gobierno y en la oposición, PSOE y PP, en favor de esta última; lo que se ha puesto de manifiesto con claridad en cada una de las citas con las urnas. Se rompe así el equilibrio registrado en las últimas elecciones generales (2023), en las que el escaso margen de diferencia (1,4%) entre ambas permitía a la principal fuerza del ejecutivo sostener la tesis de un ‘empate técnico’ que no cerraba la posibilidad de que cualquiera de los dos principales fuerzas estuviese en condiciones de encabezar la formación del nuevo Ejecutivo.

Este despegue del PP en relación con el PSOE se ve reforzado por el afianzamiento y consolidación de Vox, lo que constituye el principal factor de reconfiguración del espacio político en este ciclo electoral. Más que por el aumento de los votos cosechados, por las consecuencias que se desprenden de este hecho, entre ellas el condicionamiento de la agenda política, como ya está ocurriendo. Y asimismo por la normalización de la presencia de forma generalizada de una formación política de estas características en el Gobierno, por el momento los autonómicos aunque con la lógica pretensión de completar este proceso ascendente con su instalación en el Ejecutivo central.

En contraste con la tendencia ascendente de las derechas en sus distintas expresiones, a lo largo de este ciclo electoral se ha evidenciado la tendencia a la baja de las formaciones de izquierda. Por lo que se refiere al PSOE, principal formación del Gobierno en torno a la que se aglutina la heterogénea mayoría parlamentaria que lo sustenta, las sucesivas citas con las urnas han revelado la precariedad de sus apoyos y, asimismo, las muy serias dificultades para poder mantener en lo sucesivo la fórmula del Ejecutivo de coalición.

Mayores problemas aún han tenido las izquierdas no encuadradas en el PSOE, cuyos limitados éxitos a escala local –Chunta en Aragón, Adelante en Andalucía– no pueden ocultar el proceso de fragmentación y dispersión que en conjunto vienen experimentando y que amenaza con su desaparición de facto de la escena política o su reducción a un testimonialismo retórico sin incidencia en los procesos políticos reales.

En cualquier caso, y una vez concluido el ciclo electoral, se abre ahora un nuevo periodo en el que la reconfiguración del espacio político que ha tenido lugar a lo largo de los últimos meses va a hacer sentir sus efectos y a condicionar las posiciones de todas y cada una de las formaciones.

Hay que decir seguidamente que el estallido de la bomba del ‘caso Zapatero’, día y medio después de la apertura de las urnas en Andalucía, introduce un factor que, aunque de carácter extrapolítico y ajeno por completo a análisis electorales, condiciona más que ningún otro el desarrollo del proceso político en el próximo periodo.

No es posible en este momento, en el que el ‘caso Zapatero’ acaba de empezar, hacer un análisis fundado de sus efectos y de cómo va a incidir en el complicado escenario en el que estamos. A falta de mayores certezas, solo cabe resignarse a constatar cómo cuestiones de carácter extrapolítico, aunque de indudable gancho mediático, eclipsan por completo el examen razonado de las cuestiones políticas, que tienen en las elecciones una de sus expresiones más legítimas.