Ante la acumulación en el tramo final de la legislatura de nueve casos judiciales que involucran gravemente al PSOE, a Pedro Sánchez, a su familia, al expresidente Zapatero y al Gobierno, está creciendo entre las distintas fuerzas políticas del Congreso un clima de opinión favorable a la convocatoria de elecciones generales anticipadas.
El PNV ha insistido en que «la legislatura ha llegado a su fin» y que el «interés general» demanda la convocatoria de elecciones generales este año.
Junts coincide con sus pares vascos en que el mandato de Sánchez está agotado, así como en la necesidad de un adelanto electoral.
Hay que tener en cuenta que, si se añaden sus efectivos a los de PP, Vox, UPN y Coalición Canaria, son ya un total de 184 diputados los que piden un adelanto electoral.
El problema es que Junts y PNV bloquean la posibilidad de una alternativa viable, al haberse alineado en torno al mismo veto: no facilitar ningún cambio de Gobierno que pueda dar acceso al poder a Vox. Algo que, por otro lado, no les corresponde a ellos decidir, sino a los españoles.
De ahí que Alberto Núñez Feijóo haya intentado este lunes vencer las reticencias de los nacionalistas asegurando que «para convocar elecciones no necesitamos que Vox esté en ningún Gobierno».
Es decir, Feijóo ha insinuado la posibilidad de una moción de censura instrumental cuyo único punto fuera la convocatoria más o menos inmediata de elecciones generales.
Exactamente la misma promesa que hizo Sánchez durante la moción de censura a Mariano Rajoy, y que luego el socialista traicionó, en la que fue la primera de las muchas mentiras de su mandato.
EL ESPAÑOL ha podido conocer las condiciones de Junts para apoyar esta iniciativa de Feijóo: que no sólo la moción sea instrumental, sino también el candidato.
Es decir, que junto con el compromiso de que la moción sirva para disolver inmediatamente las Cortes y convocar elecciones, Feijóo renuncie a ser el candidato alternativo para esa investidura.
Pero, ¿por qué debería aceptar el PP la humillación de una candidatura instrumental para complacer las necesidades propagandísticas de Junts y PNV? ¿Por qué debería darle Feijóo a Sánchez el argumento de una moción en la que él no sea el candidato y que le permita decir al presidente socialista que él sí fue el candidato de su moción de censura a Rajoy porque tenía una mayoría que le quería como alternativa?
Son los dos partidos nacionalistas, Junts y PNV, los que están atrapados en las contradicciones de su apoyo al PSOE. Unas contradicciones que les llevan a pedir elecciones generales, para distanciarse de la corrupción de Pedro Sánchez, pero a rechazar de plano la posibilidad de una alternancia en el poder que lleve a la Moncloa a cualquier candidato que no sea el socialista.
Si el PP presenta una moción de censura contra Pedro Sánchez, Alberto Núñez Feijóo tiene derecho a gobernar, como lo tuvo el socialista tras otra moción que se presentó contra unos escándalos que hoy palidecen frente a los que rodean al secretario general del PSOE.
Es probable que Junts y PNV esgriman la necesidad de que Feijóo muestre la «cintura» necesaria para aceptar sus condiciones.
Pero, ¿por qué lo que valió para Sánchez en su momento no debería valer para el PP?
Y si los de Puigdemont no aceptan la posibilidad de que Feijóo llegue a la presidencia, entonces son ellos los que están evidenciando que quieren que Pedro Sánchez continúe en la Moncloa… sólo que fingiendo «distancia».
Es más, en el caso de que triunfara una hipotética moción de censura instrumental, las elecciones generales se convocarían en octubre como muy pronto, y más probablemente en noviembre. ¿Cuánto tiempo ganarían los españoles entonces?
Apenas unos meses.
Porque la ventana de Pedro Sánchez para convocar elecciones generales no llega a julio. Y eso debido a que la rebelión entre sus cargos locales le impedirá muy probablemente apurar el plazo de las generales y convocar después de las elecciones autonómicas y municipales.
Algo que Sánchez quiere (porque haría que el castigo por la corrupción recayera principalmente en sus alcaldes y barones), pero que rechazan sus cargos locales, que quieren que sea el secretario general del PSOE el que asuma las consecuencias de su propia corrupción.
En estas circunstancias, cuánto más resista Sánchez atrincherado en el poder, acosado por escándalos de corrupción casi diarios, por los jueces, los fiscales, las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado y la prensa libre, peor para él (y para el PSOE).
Si la moción de censura no va a servir para dar entrada en la Moncloa a un nuevo gobierno limpio de corrupción, sino a un gobierno provisional, con un candidato «de consenso» de un partido menor sin apenas representación parlamentaria, o a un independiente sin capacidad ni apoyo para gobernar, y cuyo único mandato sea convocar elecciones, ¿qué sentido tiene? ¿En qué beneficia a los españoles ese paso extra intermedio, si el resultado final acabará siendo el mismo?
¿En qué beneficia a los españoles que el PP libere a Junts y al PNV de las cadenas que les atan al sanchismo y su corrupción?
El objetivo de ese instrumento constitucional que es la moción de censura, en el contexto presente, es renovar el Parlamento para desbloquear esta parálisis de gobernabilidad y dar la oportunidad a un nuevo Gobierno para que sanee la degradación institucional insoportable que ha provocado el sanchismo.
No satisfacer a los nacionalistas y facilitarles su campaña electoral.
El PP no debe, por tanto, caer en la tentación de una moción de censura instrumental que sería utilizada sin duda por Sánchez para escenificar la falta de apoyos de Feijóo.
Es obvio que las reticencias de Junts y PNV a desahuciar a Sánchez están motivadas por el temor a la penalización electoral que les acarreará la transferencia de votos a Aliança y EH Bildu, así como por la resistencia a renunciar a las bonificaciones de un Gobierno mucho más propenso a agraciarles.
Pero, a tenor de la última encuesta de SocioMétrica para EL ESPAÑOL, deberían ser conscientes de que mucho mayor será el castigo en las urnas si son percibidos como cómplicesde un Gobierno asfixiado por los casos de corrupción, tal como ilustra la pérdida de cinco escaños de Sumar en sólo un mes y el retroceso en otros cinco diputados del propio PSOE.
Aún cuando la única motivación para los socios de Sánchez fuera su propia supervivencia, lo lógico sería que anticipasen el nuevo ciclo político que se está gestando apoyando a Feijóo. Pero si no están dispuestos a ello, entonces que asuman en su propia carne las consecuencias de su sumisión al sanchismo. El PP no está ni debe estar para eso, sino para constituirse en alternativa al sanchismo.