Tonnntos1/6/2026

El sábado pasado se celebraba en Vigo el Día de las Fuerzas Armadas.  Lo más destacable fue la suspensión del desfile aéreo por la nubosidad, el desprendimiento de la bandera y lo guapa que estaba de uniforme la Princesa Leonor, lo que fue adecuadamente glosado por Monsieur de Sans Foy: “El Ejército viste a la Princesa mejor que su madre”.

Contaba Martin Varsavsky en la tele una anécdota de Zapatero de un día de 2013 en el que cenaron en Casa Lucio Bill Clinton, Varsavsky, su mujer, Nina, y José Luis Rodríguez Zapatero. Clinton le pidió que hiciera de traductor con Zapatero, pero éste rechazó el servicio: “No hace falta, yo entiendo”. “Le comuniqué el recado a Clinton, que respondió: “esta persona finge hablar inglés”. Y la cena transcurrió sin que el presidente del Gobierno español pudiera meter baza.

La esencia de España vuelve a ser el pinganillo. En su estreno internacional en una cumbre de la OTAN, Zapatero despreció los auriculares que sí llevaban el ministro Moratinos y el embajador de España en la OTAN, hablantes ambos de la lengua de Shakespeare, o como diría el difunto Arzalluz, de la lengua de Jack el Destripador.

La cosa alcanzó su nivel más esperpéntico cuando en el Senado asistimos al espectáculo de José Montilla y Manuel Chaves se comunicaron con el pinganillo puesto, porque Montilla, andaluz de Iznájar y presidente de la Generalidad se explicaba en catalán, el idioma que peor habla y Chaves, andaluz de Ceuta, le seguía gracias al traductor. Algo parecido pasó en Bilbao, durante una reunión entre el PNV y Herri Batasuna en el hotel López de Haro. Asistieron por HB: Jon Idigoras, Floren Aoiz e Iñigo Iruin. Y por el PNV: Joseba Egibar, Gorka Agirre y Juan Mª Ollora.

Había un problema de comunicación: Juan Mª Ollora desconocía su lengua propia, asunto que resolvieron con el siguiente procedimiento : los batasunos hablaban un poco en su lengua y paraban para que Joseba Egibar tradujera sus palabras a la lengua extraña, el erdera, con el fin de que pudieran ser comprendidas por Ollora. Mientras éste hablaba en la única lengua que sabía, la extraña, los batasunos miraban al techo, haciéndose los distraídos y esperando a que Egibar tradujera del castellano al euskera con el fin de poder darse por enterados. O sea, Zapatero no inventó la tontería. La idiotez aquí es panhispánica.

El Correo dedicaba el sábado una página entera  a publicar una entrevista con un tal Marcos Martínez, colaborador habitual del programa de David Broncano en la tele, y llamado Grison como nombre artístico. Después de leída la entrevista uno no sabe a cuento de qué, tomando nota de la inanidad de sus respuestas. Uno no tenía conocimiento de este sujeto hasta hace dos semanas en que pasó a coronar por méritos indudables nuestra República de los tontos. Hablaban él y su patrón de las cucarachas y el tal Grison dijo: “¿Sabes que pueden vivir sin cabeza una semana? Como Ayuso en México”. Es notable que este descerebrado se permita el chiste. En esta quincena hemos conocido un rasgo del cociente intelectual de Ayuso. Ella fue la única personalidad política que el día en que el insuficiente de La Moncloa se tomó una licencia de cinco días para ver qué hacía sobre la imputación de su mujer, interpretó el asunto exactamente igual que dos años después lo iba a hacer el juez Pedraz: “Aquí lo que sucede es que Sánchez se va a encerrar cinco días para ver cómo triturar a los jueces, oposición y prensa independiente a partir del lunes.” Lo dijo el día 25 de abril de 2024. En la España sanchista los únicos que sobreviven sin cabeza son los broncanos y su chusma. Idiotas y pervertidos, estamos rodeados.

David Alandete: “Fabricar una trama judicial y periodística, alimentarla con tertulianos comprados, medios controlados con el dinero público y campañas de intoxicación digital y venderla como una amenaza al Gobierno no es defensa democrática: es una operación de demolición institucional. Es la receta perfecta para el desastre, convertir al poder en víctima, señalar a jueces, amedrentar a periodistas, intoxicar a la opinión pública y sustituir la verdad por pura propaganda.

El New York Times ponía a León XIV como “el nexo agustiniano de dos presidentes de España: Pedro Sánchez y Manuel Azaña”. Gran metedura de pata. Podría decirse de Azaña que era presidente de España, o, por decirlo con rigor, presidente de la República Española, el jefe del Estado a partir de las elecciones del Frente Popular. Pedro Sánchez es presidente del Gobierno español. El Jefe del Estado es el Rey Felipe VI. Los equivalentes de Sánchez durante la presidencia de Azaña fueron: Santiago Casares Quiroga, Diego Martínez Barrio, José Giral, Francisco Largo Caballero y Juan Negrín.

Contaba yo ayer en mi columna en The Objective lo del presunto trío entre el expresidente de la SEPI, la exvicepresidenta primera del Gobierno y la fontanera Leire Díez. No puedo estar más de acuerdo con nuestra gran Ignacia de Pano: “Yo veo un patrón en los gustos de pareja de Vicente Fernández, ex presidente de la SEPI y el macho con menos escrúpulos del planeta Tierra. Si vuela, a la cazuela”.

El ovillejo de esta semana se lo dedicaba nuestro grandísimo Gulliver a Vicente el de la SEPI:

Según diversas informaciones periodísticas Vicente Fernández, que fue Presidente de la SEPI por decisión de María Jesús Montero, mantuvo durante un tiempo una relación sentimental con ella. El problema es que, si las fechas conocidas son correctas, Fernández no solo estaba vinculado sentimentalmente a Montero, sino que presuntamente mantenía también una relación con Leire Díez, la fontanera de Ferraz

– ¿Con las dos dices que pudo?

¡menudo…!

– ¿En el embrollo hubo amor?

¡valor!

– ¿Cómo se llama el valiente?

¡Vicente!

Una no fue suficiente,

no bastando Marisú,

y si nadie lo desmiente,

puso a Leire en el menú,

¡menudo valor, Vicente!