Pedro García Cuartango-ABC
- La extrema derecha y el populismo se alimentan de la falta de eficacia y de credibilidad de gobernantes como Sánchez
Uno de los signos del final de un ciclo político es el vaciado del lenguaje. Les sucedió a todos los presidentes del Gobierno desde la Transición con excepción tal vez de Adolfo Suárez. Ahora la historia se repite en clave de farsa porque jamás las palabras han quedado tan vacías de significado como ahora.
Pedro Sánchez volvió a dar un recital de demagogia en su intervención del domingo al afirmar que ha actuado «con contundencia» ante la corrupción y al responsabilizar a una oposición «marrullera» de sus problemas. Nula capacidad de autocrítica y recurso a todos los tópicos de manual que ya sólo convencen a los más adeptos.
Sánchez y los dirigentes del PSOE se han cansado estos días de apelar a «la presunción de inocencia», de repetir su voluntad de «colaboración con la Justicia», de negar la implicación del partido en la guerra sucia contra jueces y fiscales y de poner la mano en el fuego por Zapatero. Desgraciadamente, los indicios que desmienten esas afirmaciones son abrumadores.
¿Cómo se puede hablar de colaboración con la Justicia cuando el secretario de Organización del PSOE desvió 180.000 euros con facturas falsas para chantajear a quienes investigaban la trama de corrupción del sanchismo? Eso es lo que hizo Nixon cuando distrajo fondos de la campaña para destruir a sus adversarios y encubrir sus felonías.
La política es el arte de la persuasión mediante la palabra. Por lo menos, así ha sido hasta finales del siglo XX. Ahora se imponen los relatos que intentan nublar el análisis racional y suscitar emociones. Lo que se busca son adhesiones al líder o a las siglas, sin asumir jamás las responsabilidades políticas por casos como los de Ábalos y Santos Cerdán.
Todo esto está teniendo consecuencias, como mostraba ayer la encuesta de ABC, que arroja más de 200 escaños para el PP y Vox. La formación de Abascal sigue creciendo gracias en buena medida al descrédito de las instituciones y la corrupción. En este sentido, tampoco es una casualidad el impresionante ascenso de Abelardo de la Espriella, líder de la ultraderecha en Colombia, lo que se explica por el fracaso de los partidos que se han alternado en el poder en ese país. Y no hablemos de las perspectivas electorales de Farage, de Le Pen o de AfD en Alemania, en cabeza en todos los sondeos.
La extrema derecha y el populismo se alimentan de la falta de eficacia y de credibilidad de gobernantes como Sánchez, obsesionado en mantenerse en el poder pese a perder la mayoría parlamentaria. Si a eso se une un discurso vacío, lleno de estereotipos y totalmente alejado de la realidad, el resultado es previsible. La caída de Sánchez arrastrará a su partido y él pasará a la historia con una nota muy negativa. No hay más que analizar su manera de hablar para darse cuenta de que su tiempo ha pasado. El lenguaje no engaña.