Editorial-El Correo
- Ucrania le disputa el protagonismo en su foro económico mientras la nueva explosión de un dron en Rumanía extiende la amenaza rusa en Europa
En el quinto año de su invasión masiva de Ucrania, Vladímir Putin se muestra cada vez más débil ante el mundo. No solo está fracasando en su propósito de someter al país vecino, sino que contempla desde su frontera occidental a una OTAN fortalecida con la entrada de Finlandia y Suecia. Frente a la amenaza nuclear que suele agitar, y que aún surte efecto en algunas capitales europeas, Polonia y Lituania buscan albergar capacidades atómicas y el ‘paraguas’ de Francia ofrece garantías de seguridad a los aliados mediante acuerdos bilaterales. El autócrata suma además, en lo que va de 2026, dos severos reveses en la imagen de fortaleza que pretende proyectar.
El líder ruso solo pudo alejar la amenaza de un ataque ucraniano en la Plaza Roja el 9 de mayo, aniversario de la victoria en la ‘gran guerra patriótica’ contra el nazismo, gracias a la tregua que Donald Trump se ufanó de haber conseguido. Si de aquella jornada queda el recuerdo de un breve y deslucido desfile, el foro económico de San Petersburgo -la ciudad natal de Putin- se desarrolla estos días con un fondo de columnas de humo negro por la acción de los drones de Kiev contra cercanas instalaciones petrolíferas. En esta cita de negocios, Moscú solo puede exhibir una raquítica previsión de crecimiento del 0,4% para este año. Las consecuencias de una guerra en Ucrania a la que no se ve el final resquebrajan incluso la hasta ahora férrea sintonía con el Kremlin de unos oligarcas quejosos de los altos tipos de interés y la caída de beneficios por las sanciones que les cierran los mercados de Occidente.
Tampoco Volodímir Zelenski renuncia a disputar protagonismo al líder ruso. La carta abierta que le dirigió el jueves personaliza en Putin la responsabilidad legal, política e histórica por la agresión a Ucrania y persigue atizar la intranquilidad de las élites que apuntalan al Kremlin. El presidente ucraniano aconseja a su adversario que se olvide de los compromisos que pudo haber alcanzado en Alaska con un Trump ahora atascado en su guerra contra Irán. Le dice que el paso del tiempo es el único enemigo al que no puede doblegar. Y anima a Europa a redoblar la presión contra la amenaza creciente de Moscú, evidente con la explosión de dos drones en Rumanía en una semana. Rusia persigue un doble fin al desestabilizar artefactos ucranianos: causar daño y, sobre todo, minar la solidaridad de los ciudadanos europeos con el país atacado.