Alejo Vidal-Quadras-Vozpópuli

  • No se ha producido ningún avance significativo en la reinstauración de la salud institucional, las elecciones libres y el respeto a los derechos fundamentales

Han transcurrido ya cinco meses desde que la DEA (Drug Enforcement Administration) de Estados Unidos extrajo a Nicolás Maduro para trasladarlo encadenado a territorio norteamericano donde espera juicio en la prisión federal Metropolitan Detention Center en pleno Brooklyn en condiciones de reclusión nada cómodas. La operación Determinación Absoluta (Absolute Resolve), realizada con tanto éxito como espectacularidad, requirió sin duda colaboración de altas instancias del régimen chavista y todas las sospechas apuntan a la actual presidenta en funciones, Delcy Rodríguez, como la organizadora de esta traición a su jefe. Esta brillante actuación militar de Washington despertó lógicas esperanzas en los millones de venezolanos residentes en el país o alejados en el exilio que desean ardientemente el regreso de la democracia, el Estado de Derecho y las libertades civiles. Sin embargo, nada parece mostrar que Donald Trump comparta este propósito, por lo menos no de manera inmediata. Quedan cerca de medio millar de prisioneros políticos en los calabozos de la dictadura, tras la detención de Maduro han sido arrestados más de ochenta disidentes con total ausencia de garantías procesales, los exiliados no pueden volver y recuperar sus propiedades confiscadas y no se ha producido ningún avance significativo en la reinstauración de la salud institucional, las elecciones libres y el respeto a los derechos fundamentales. La amiga íntima de Zapatero -mi príncipe, le llamaba-, su hermano Jorge y el energúmeno Diosdado Cabello siguen al mando disfrutando de las mieles y privilegios del poder mientras los ciudadanos bajo su bota padecen escasez, ruina y opresión. 

Un río de divisas 

El inquilino de la Casa Blanca se descolgó con una valoración positiva de Delcy afirmando que estaba haciendo un gran trabajo y se ha mostrado distante de María Corina Machado y la oposición democrática, pese a los esfuerzos de la heroica líder de la resistencia para congraciarse con el volátil magnate neoyorquino. La situación hoy es la siguiente: la producción de crudo ha aumentado ligeramente, de unos 900.000 barriles diarios antes de la captura del narcogorila hasta algo más 1.000.000 en la actualidad, eso sí, con un precio de venta muy superior al del pasado al quedar libre de sanciones, el bolívar continúa depreciándose con una diferencia de un 30% entre su cambio en dólares oficial y en el mercado libre, los sueldos se mantienen en niveles de miseria y la gente tiene serias dificultades para conseguir medicamentos o alimentos. 

La pregunta pertinente es: ¿A dónde va el río de divisas obtenido del comercio del petróleo? La cúpula bolivariana ya no lo puede robar porque lo controla el Departamento del Tesoro norteamericano, por tanto, si el pueblo venezolano no percibe mejoras en su dura existencia cotidiana tal como Trump le prometió, ¿quién está haciendo negocio? El Gobierno estadounidense se resiste a ser transparente sobre este asunto a pesar de las presiones del Congreso. Recientemente, el Departamento de Estado reveló una transferencia a Venezuela de 500 millones de dólares, suma muy pequeña comparada con los miles de millones que genera la industria de hidrocarburos de la nación caribeña. Alguien se lo lleva y es de cajón deducir que son compañías de Estados Unidos bien conectadas con la Administración las que se llenan el bolsillo. En cuanto a los gobernantes venezolanos, con estar en libertad y conservar el enorme botín acumulado que tienen a resguardo en cuentas en paraísos fiscales o debidamente blanqueado, se dan por satisfechos. 

La gigantesca deuda pública

En lo que se refiere a la gigantesca deuda pública de Venezuela en manos de fondos de inversión lo indicado sería que el FMI hiciese una valoración y elaborase un plan de reducción basado en un saneamiento previo de la economía, lo que acarrearía condonaciones y un orden de preferencia a la hora de cobrar. Extrañamente, no se está procediendo así, sino que se opta por renegociar directamente con los acreedores para que éstos obtengan grandes réditos a corto plazo a la vez que la deuda se incrementa. 

El panorama que se les presenta a los venezolanos es, de momento, desalentador porque las prioridades de la potencia hegemónica que ahora mueve los hilos de la política y la economía de su patria son la explotación de los recursos petrolíferos, la salida de Venezuela de chinos, rusos e iraníes y el aplastamiento de los carteles del narcotráfico, cuestión entendida por Estados Unidos como esencial en términos de seguridad nacional. Lamentablemente, la democracia tendrá que esperar.