Manuel Marín-Vozpópuli
  • ¿Una cloaca? ¿Y para qué? Había que admirar como doctor a quien plagió su tesis, como catedrática a quien no lo era, y como músico a quien se limitaba a gorronear corcheas

Esto ya no va de lo que sí ha ido en los últimos ocho años. Ya no va de derechistas contra izquierdistas a garrotazos, ni de españoles que se odian a ambos lados del muro. Esto tampoco va de demócratas frente a autócratas, que es el auténtico debate que ha forzado este ecosistema viciado del sanchismo. Esto ya no va de buleros del lodo y facherío contra la quintaesencia de un progresismo virginal, ese que orina colonia. A ver, la disputa a partir de ahora con tanto detritus derramado solo puede ser entre ciudadanos decentes y una mafia. Entre gente limpia que madruga y trabaja, gente que se cabrea cuadrando su declaración de IRPF, y que circula en metro, que escucha la radio y ve la tele, que sueña con sus vacaciones, o que va a la compra y sencillamente vive como puede y le dejan. Gente honesta. Gente noble, millones y millones de ciudadanos normales y corrientes que de sopetón se han encontrado enfrente con gentuza de escombrera, con tipos chungos de los de cruzarte de acera que siguen fingiendo que no han desguazado nuestro sistema ni prostituido nuestras instituciones.

Hoy ya sabemos los nombres y apellidos de los que un día, por vocación y compromiso, supongo, decidieron ganarse la vida siendo garantes de la legalidad pero decidieron corromperse y arrojar su alma a un pozo de lodo. Es esa pretendida élite de funcionarios ejemplares y modélicos que por politiqueos y ambiciones oscuras se instalaron en la cúpula de la Guardia Civil o de la Fiscalía para ciscarse en la democracia desde una cloaca. Un ejército de trepas abducidos por tres duros y una centolla para ser la guardia de corps de Pedro Sánchez. Unos cuatreros que se han encharcado de guarreo. Sí, ya sabemos sus nombres y lo que hacían con tu dinero. Y sabemos que ninguno tiene el arrojo arrepentido de pedir perdón y delatar al jefe de la cuadrilla. Quede a salvo el ‘one de la inmundicia. 

Es insólito, pero ahora ya sabemos la verdad. Si todo este zurullo llegase a ser una ristra de delitos o no, es lo de menos. Como si nuestra justicia tarda diez años en delimitar cualquier responsabilidad jurídica. Da igual. Sí sabemos la verdad: nadie podía investigar a los familiares de Pedro Sánchez y había una orden política para ello. Cesarismo delincuencial. Había que hacer la vista gorda, ponerse de perfil, no ser proactivos. Todo un general de la Guardia Civil, todo un fiscal general del Estado, todo un jefe del jefe de gabinete del presidente, todo un secretario de Organización de un partido, toda una directora general de la Guardia Civil, toda una presidenta del PSOE, toda una banda de comisionistas, toda una ralea de ladrones… todo un entramado viscoso creado expresamente para fulminar a jueces, matar civilmente a policías, humillar a periodistas y chantajear a quien se pusiera por delante. Todos, bovinos cómplices de una directriz del sanchismo. Se hace y punto. Porque sí. Y la gerente firma. Y el otro desvía. Y el de más allá cobra. Y lo vendemos como patriotismo y defensa del Estado de derecho porque así evitamos que una chusma ultraderechista se cargue nuestro sistema. Qué inmersa farsa. Esta n´draguetta de mercenarios para matar la libertad, esta ralea de abogados hampones con los escrúpulos de una babosa, esta camorra de matones para blindar a Pedro Sánchez… Y todo, para que el narciso estuviese satisfecho con su yakuza de jornaleros del delito. Hemos llegado a ese punto en el que la mierda rebosa con tal fuerza, que ya resulta imposible tamizar el olor.

Las arterias de nuestra democracia han estado a punto de colapsar, pero no ha ocurrido así. Hay jueces heroicos resistiendo, fiscales decentes con más resiliencia que la de Sánchez, policías con un sentido del patriotismo envidiable a 1.700 al mes, y guardias civiles delatando cómo la putrefacción ha horadado su institución por la puñetera política. De momento España resiste. No por esas élites financieras que siempre presumieron de poner y quitar gobiernos, y que tras años viendo hacer y deshacer poses de autocracia a base de bien, ahora se escandalizan de tanto desparrame de mugre desde La Moncloa. España resiste, pero tampoco por las élites intelectuales, que o no existen o están al momio. Ni por la combatividad de una derecha que hasta ahora no ha descubierto que viajando por separado, siempre le roba el equipaje el trilero. España resiste porque tiene un Poder Judicial más valiente, comprometido y responsabilizado con la democracia de lo que injustamente siempre se le atribuye. Jueces de derechas condenaron al PP por la Gürtel y jueces de izquierdas están encontrando a las ratas que había en el sótano del sistema. ¿Y qué? Es lógico. Es lo natural. Esa otra cañería paralela que es el Tribunal Constitucional, cuidadosamente elegido para transformar cualquier agua fétida del socialismo en sanchismo limpio y puro, podría aprender alguna lección de hacia dónde conducen la sumisión irracional y la carencia de escrúpulos.

Emborrachados de sanchismo, casi llegamos a creernos en estos ocho años que había que extinguir a los jueces de derechas para que viese la luz el amanecer de una auténtica justicia libre y prístina. ¡Qué golfos! Matando ruiseñores por ahí a golpe de mercenarios. Había que blindar a Sánchez, proteger a su familia, adular a su entorno. Había que admirar como doctor a quien plagió su tesis, como catedrática a quien no lo era, y como músico a quien se limitaba a gorronear corcheas. Porque sí. Porque su apellido, Sánchez Pérez-Castejón, lo vale. Y había que lavarse la boca para hablar de Zapatero, el romántico contador eterno de nubes, el paradigma del bien, el maestro de los derechos humanos, el ejemplo de lucidez, el estadista iconográfico… Y por eso había que impedir a toda costa que se descubriese que es un vulgar traficante de egos, un coleccionista de corruptelas y un joyero de la indecencia. Estas legislaturas nos han educado en el guerracivilismo. Y ahora, cuando todo este magma de excremento aflora a borbotones fuera de control, nos quieren convencer además de que su mafia era la garante de la convivencia. 

Vuelven a aflorar teorías inútiles. La teoría de ‘algunos hombres buenos’, esos diputados socialistas fetén y unicornios con escaño que un día se levantan y por el bien de las siglas deciden votar contra Sánchez. Bah. Teoría inútil. Vuelve la teoría del suplicatorio, según la cual si alguien empura a Sánchez, 176 escaños avalarán su impunidad sin problemas. Vuelve también la teoría de que si no hay elecciones es solo para proteger muchos aforamientos de altos cargos que siguen anónimos en el escondrijo del lodazal. Vuelve la teoría de la conspiración facha contra la auténtica libertad. Vuelve la teoría de “nuestro hijo-de-puta”, según la cual Sánchez siempre estará protegido. Porque será lo que sea, que no digo que no, pero es nuestro hijo-de-puta. Y vuelve la teoría del “esto-no-aguanta” y alguien forzará elecciones. Ni idea. Imposible escudriñar en las mentes de este cártel de traficantes de la ética y obsesos del poder. Solo queda responder a una pregunta… porque el sanchismo acabará antes o después. ¿Estaremos a tiempo para entonces de que la escombrera quede limpia y reutilizable? ¿O ya será tarde para recomponer un sistema derruido por la indolencia colectiva y por haber consentido tanto a un tipo tan fácilmente proclive a la destrucción?