Pablo Martínez Zarracina-El Correo
- El PNV puede haber dado con una plantilla para los liderazgos municipales
El PNV es un partido centenario que somete sus decisiones a procesos internos de naturaleza participativa que tienen lugar en los batzokis. Por eso a veces nos enteramos de las candidaturas a presidir el partido en el programa de Susanna Griso y otras veces un alcalde de una capital deja el puesto por sorpresa en mitad del mandato y se conoce al instante el nombre de su sustituto. Esto último sucedió hace un año en San Sebastián, cuando Jon Insausti sustituyó a Eneko Goia de un modo automático. Insausti pasó de concejal de Cultura a primer edil y lo que llamó la atención fue su edad. Treinta y seis años. Este lunes, cuarenta y ocho horas después de que se anunciase que Juan Mari Aburto no repetirá como candidato en Bilbao, hemos sabido que Mikel Hidalgo será su sustituto en las municipales de 2027. Todo, por supuesto, a la espera de que hablen los batzokis. Pero, por ir adelantando el trabajo, lo que está causando más sorpresa no es tanto que Hidalgo sea un desconocido como que sea aún más joven. Treinta y tres años. Alguien que sabe que existió un Bilbao sin Guggenheim porque se fía de los historiadores.
¿Oyen ese ruido? Son todas las cabezas del país volviéndose hacia Beatriz Artolazabal, pero no para mirarla a ella sino para mirar su fecha de nacimiento. 1970. Puede que en Sabin Etxea no sepan ya si ese año pertenece a la Antigüedad Tardía o a la Edad Media. El partido ha detectado que lo que necesitan las capitales vascas son líderes treintañeros. Hombres, concretamente. El motivo es la renovación. Y que Bildu aprieta por el lado juvenil. Si en el laboratorio de Sabin Etxea alguien se pregunta por qué se envió a Artolazabal a disputar las municipales de 2023, yo se lo digo: por eso mismo, por la renovación. Solo que entonces la renovación no tenía que ver con la edad sino con el género. Y Beatriz Artolazabal sustituyó a Gorka Urtaran del mismo modo que Elixabete Etxanobe sustituyó a Unai Rementeria y Eider Mendoza a Markel Olano. A Ramiro González no le sustituyó nadie en la Diputación de Álava y lleva en el cargo el mismo tiempo que Aburto, siendo prácticamente su coetáneo. Tampoco él debería fiarse de los treintañeros si el PNV apuesta por la elección de candidatos por su coincidencia con una plantilla antes que por su propia personalidad. El Araba buru batzar garantiza que el proceso de candidaturas comenzará en los batzokis, tranquilamente, después del verano. Y eso hace pensar en que la renovación puede llegar -¡zas!- en cualquier momento.
León XIV
Que alcen las manos
En el vuelo de Roma a Madrid los corresponsales vaticanos le preguntaron a León XIV por la coincidencia de su visita a España con los conciertos de Bad Bunny. Parece que el Pontífice bromeó con que probablemente irían más jóvenes a ver a la estrella puertorriqueña, aunque algunos también irían a verle a él. «Bad Bunny entre ellos», podría haber añadido el Papa sin miedo a equivocarse. Porque parecía claro que el encuentro se iba a dar y no parecía probable que fuese León XIV el que apareciese en ‘La casita’, por más que ya no haya que estar buenorro y semidesnudo para entrar. Lo increíble de la época ha situado al líder de la Iglesia católica y al rey del perreo pecaminoso en la misma trinchera de personajes globales que contestan a Donald Trump. Otra cosa es que el bueno de Benito se haya ido a ver al Papa pensando en celebrar la coincidencia política y este le haya recitado la letra, por ejemplo, de ‘Baticano’. «Ey, ey, ey, ey / ¿Dónde están las bellacas? / Que alcen las manos. / Un perreo más y nos vamos pa’l Vaticano». El resto es irreproducible. A Bad Bunny lo pilla Juan Pablo II y lo pone de rodillas, como a Ernesto Cardenal, pero además le atiza. Y lo tiene confesándose hasta que se pase al gregoriano. Hoy León XIV pasará todo el día en Barcelona. Además de a Bad Bunny, ha conocido en las últimas horas a Pedro Sánchez, Feijóo, Ayuso, Antonio Banderas, Pepe Álvarez, Victoria de Marichalar, Christian Gálvez, Florentino, Josep Rull, Mario Vaquerizo… Y lo que le queda. Las ganas que tendrá ese hombre de llegar al Vaticano y meterse en la cama.