Manuel Montero-El Correo

  • A Bildu no le gustaría una moción de censura contra el Gobierno socialista. Aún ve la oportunidad de «cerrar la carpeta de los presos» y que se «reconozca la nación vasca»

«Poca broma», dice Otegi al PNV para afearle la tentación de participar en una moción de censura contra el Gobierno socialista. Ese «poca broma» suena a amenaza; significa que tal moción no le gustaría (a Otegi) pues no admite bromas al respecto. Que no se les ocurra porque… ¿por qué? Se deduce que no están dispuestos a permitírselo. ¿Les echarán las huestes encima? Dados los precedentes históricos el aviso suena fatal.

Aunque a lo mejor quiere decir que si el PNV apoya la moción de censura, puede irse despidiendo del poder, porque poco le costaría (a Bildu) conseguir el apoyo socialista para vengar aquí lo que pierdan en Madrid, consiguiendo que les apoyen a ellos para lehendakari, quizás el sueño oculto desde los tiempos en que expresaban su odio a la autonomía y al propio concepto de lehendakari. Podría ser que el críptico «poca broma» constituya una primera piedra argumental de las justificaciones que en su día se darían para el gran brinco histórico.

De todas formas, tampoco parece que debería preocuparle demasiado la formulación de las justificaciones del bipartito infame. De un tiempo a esta parte solo se localiza un sector político al que le parece imposible semejante alianza batasuno-socialista, un Frankenstein de andar por casa, la hidra de dos cabezas: los simpatizantes (y quizás votantes) socialistas, que suelen considerar (de momento, así lo dicen) inverosímil semejante salto mortal. Parece poco obstáculo, en realidad, a juzgar por la facilidad con la que han ido admitiendo iniciativas de sus mandos que parecían imposibles, desde el blanqueamiento de la antigua HB hasta admitirlos en sociedad sin condena alguna del terrorismo y apoyos frenéticos a quienes combatieron con las armas a la democracia.

Las tragaderas no tienen camino de ida y vuelta. Comienzas a tragar y no puedes parar. Como mucho, aguantar un rato. «Poca broma», grita el bromista, y tragas las tropelías a raudales.

Según lo cuenta Otegi, el actual mandato socialista ha sido un chollo, la corrupción la despacha como un vicio típico de los españoles que tampoco tiene que escandalizarnos en exceso, pues ya los conocemos. Define el periodo como una «ventana de oportunidades», término llegado al discurso político procedente del inglés y que viene a significar que hay que aprovechar las ocasiones mientras se pueda. Oportunidad para «cerrar la carpeta de los presos de ETA» (¿«cerrar la carpeta» significa liberación? Este hombre habla en críptico posmoderno pero se le entiende todo). Oportunidad también para «el reconocimiento de naciones como la vasca». O sea, que creen que todavía hay más para ordeñar, que en breve llegará el reconocimiento gubernamental de la nación vasca. ¿Qué significará tal reconocimiento? A este hombre se le entiende todo, pero no se le entiende del todo.

Sin embargo, lo más significativo de la advertencia/amenaza/amonestación que lanza al PNV es la sensación de que el líder matusalénico -es con diferencia el dirigente que en España lleva más tiempo ejerciendo tal función- se ve con capacidad de orientar al país, sugerir al PNV qué hacer, a los socialistas los tiene en el bolsillo. Los suyos se le quedan en poca cosa, su dirección no tiene límites.

Se siente-presiente al mando del País Vasco nacionalista, pues el resto no le interesa salvo para la conversión o por el voto socialista. Los demás, se quedarán en enemigos del pueblo vasco, concepto que une mucho y que resulta fundamental en una ideología de tipo belicista.

Hace un par de años una vicepresidenta del Gobierno aseguraba que «Bildu se ha reconvertido como ningún otro partido a la democracia», sin pruebas fehacientes de tal reconversión.

De aquellos polvos vienen estos lodos. Al final, con tanta loa y manga ancha han conseguido que se sientan los orientadores de la política. Se han olvidado los asesinatos, las extorsiones, las víctimas.

El mundo al revés.

Eso lo consigue Bildu sin ningún arrepentimiento de su pasado. Sin ninguna condena, ni siquiera a posteriori, de los crímenes cometidos contra la democracia. Es más: no se priva actualmente de ninguna ocasión para homenajear a terroristas ni para exaltar aquella violencia. ¿Unos cuantos votos a favor del Gobierno con el objetivo, declarado, de conseguir la liberación de terroristas presos se considera «conversión a la democracia»? Encima, viene condimentado por expresiones paleopolíticas de los dirigentes, «poca broma». Las víctimas han desaparecido del paisaje político. ¿Han dejado de existir?

Comienza así a dominarnos un concepto político en el que han cabido (y caben) la violencia, las presiones antidemocráticas, la exaltación de conceptos discriminadores, la aspiración a romper la Constitución…

«Poca broma»: todavía queda pendiente el reconocimiento nacional. Y un ventanal de oportunidades alternativas.