Ana Samboal-El Debate
  • Sólo unos cuantos medios de comunicación a los que han infravalorado y un Estado más fuerte de lo que parecía han resistido a las acometidas de la reina de las cloacas. Y aguantan. Serán los que acaben por desvelarnos hasta dónde llegaban los tentáculos de la mujer histriónica que descubrimos hace un año

Era un personaje pintoresco en el mejor de los casos, una mujer deslenguada y chirriante, vulgar. Nadie conocía a Leire cuando la descubrimos urdiendo tramas para deslegitimar al teniente coronel Antonio Balas. Iba por libre –nos dijeron– con un tal Pérez Dolset desahuciado y un par de penalistas de cierto renombre que ya lo han perdido.

Un año después, sabemos que trabajaba y cobraba del PSOE, a las órdenes directas de su secretario de organización. Su acceso directo a la directora de la Guardia Civil le permitía intentar desactivar investigaciones que amenazaran sus intereses y los de las personas a las que representa. Y, si no lograba su objetivo, para eso estaba la Fiscalía –ya sabemos de quién depende la Fiscalía–. Gozaba de protección policial, contravigilancia lo denomina el ministro Marlaska, cada vez más demudado el rostro. Todavía desconocemos para qué la necesitaba, quizá para protegerse de las mafias con las que competía para hacerse con el control de la calle. Acabaremos por enterarnos. También de las razones de Víctor de Aldama para cortocircuitar la rueda de prensa que, con su inesperada irrupción en escena, la lanzó al estrellato. Y, gracias a Vicente Fernández –el protegido por la mujer más poderosa de España, la hoy venida a menos María Jesús Montero y después contratado por Santos Cerdán en Servinabar– tenía acceso al inmenso patrimonio empresarial y de suelo del Estado. Un púlpito regado con miles de millones de la hacienda de todos desde el que amenazar o catapultar a las empresas públicas y privadas, haciéndose de oro en el transcurso.

Era obvio que Leire Díez no era una periodista de investigación, como quisieron hacernos creer. Por supuesto, tampoco era una friki con mucha imaginación. Ni siquiera una fontanera política al uso. Aunque sus agendas puedan inducirnos a caer en el error, porque ponen al mismo nivel sus reuniones con directores, ministros y vicepresidentas que las aparentes conclusiones personales de una lectura de prensa, sus contratos con las grandes corporaciones estatales como Correos, su acceso al WhatsApp y a los despachos de los poderosos y su capacidad de hacer fortuna apuntan a que la susodicha ha sido una pieza fundamental para armar, primero y sostener después el entramado de intereses que sustenta el poder de Pedro Sánchez al frente del partido y del gobierno. Él, su beneficiario directo, aunque asegure que nada sabía de sus andanzas y su cohorte de ministros en las escalinatas de la Moncloa eran la cara bonita de la moneda, la que se ensaña en las fotos. Ella y sus gentes son la otra cara, la que no se puede ver porque chirría, asusta. No ha podido existir una sin otra.

Un gobierno sin mayoría para gobernar sólo puede sostenerse usando el BOE a su conveniencia, frente a una sociedad civil complacida, comprada o amenazada y manteniendo un férreo control sobre todas las estructuras del Estado. Con el BOE han hecho lo que les ha venido en gana, desde disposiciones de crédito para parchear la ausencia de Presupuestos a subvenciones millonarias con el fin de tener contentos a los amigos a cesiones inimaginables, desde edificios en París para el PNV hasta la amnistía para los sediciosos condenados. A las empresas, hoy sabemos que con la inefable capacidad de Leire y el mando directo del director de la Oficina Económica de Presidencia, las han amordazado usando el palo de la destitución de Álvarez-Pallete en Telefónica, quién sabe si también la amenaza de aflorar inconfesables secretos y la zanahoria del dinero de los rescates o el maná al que debían acceder en unión temporal de intereses con el sector público de los fondos europeos. Sólo unos cuantos medios de comunicación a los que han infravalorado y un Estado más fuerte de lo que parecía han resistido a las acometidas de la reina de las cloacas. Y aguantan. De momento. Serán los que acaben por desvelarnos hasta dónde llegaban los tentáculos de la mujer histriónica que descubrimos hace apenas un año. Es fácil adivinar que, si se permite amenazar nada menos que a la presidenta del PSOE, quien sabe si también a altas magistraturas de instituciones, si su gobierno y su partido no la salvan, es que llegaban muy, muy arriba.