Rebeca Argudo-ABC
- Si la fuente presume de tener agencias y 61 periodistas habituales, si lo que hay es envío de información pública, eso no es una relación de confianza sino una campaña de difusión
Se han filtrado unas conversaciones entre Leire Díez, militante sin cargo, y el abogado Jacobo Teijelo, hombre de confianza de Santos Cerdán. Este intercambio de mensajes se producía en enero de 2025, cuando varias causas judiciales que salpican al Gobierno y al entorno directo del presidente estaban en plena efervescencia: el caso Koldo con Aldama apuntando al presidente, su esposa y hermano imputados, Santos Cerdán sospechoso de recibir comisiones, el fiscal general del Estado con proceso abierto por filtrar información confidencial… En medio de todo este huracán mediático y con el PSOE intentando imponer el relato de una persecución judicial orquestada por la oposición para hacerse con el poder de manera ilegítima, Leire Díez hablaba por WhatsApp con Teijelo, que le lanzaba un «tengo agencias» como antes el mozo susurraba a la zagala un «tengo tierras». Le confirma «haberlo» enviado a «sus 61 periodistas habituales». Ante el horizonte de la filtración de esa lista, de los «61 de verdad», unos se han apresurado a poner la tirita antes de que llegue el rasguño, acusando de elaborar listas negras y, otros, a explicar que es habitual que se manejen listados de periodistas a los que hacer llegar información. Cierto es que los señalamientos son despreciables, propios de sistemas oscuros y no de democracias liberales sanas, pero hay un matiz: las listas negras son elaboradas para estigmatizar y perjudicar a los incómodos mediante identificación explícita por enumeración. Y esto, sin embargo, es una lista realizada por alguien que, sin ser jefe de prensa o encargado de comunicación (que son quienes manejan contactos de periodistas a los que hacer llegar información, normalmente neutra), cuenta con un listado de periodistas de confianza. No es un elemento de control o represalia, sino de influencia e instrumentalización. Y esto me lleva a los que pretenden normalizar que un abogado próximo a un cargo en apuros maneje una lista de periodistas habituales. A esas listas, normalmente, lo que llegan son informaciones neutrales que, de ser de interés, se transformarán en una noticia. Lo que no llegan, no debería, son indicaciones sobre el enfoque a dar, su orientación o el tratamiento. Y si llegan, aunque sean veladas, se desconfía. Con la fuente uno establece una relación bilateral, confidencial y de confianza, donde alguien, asumiendo un riesgo, confía una información que no es pública al periodista y este asume el compromiso deontológico de comprobarla y demostrarla y, llegado el caso, proteger a la fuente. Pero si la fuente presume de tener agencias y 61 periodistas habituales, si lo que hay es envío masivo de información pública, eso no es una relación de confianza singular sino una campaña de difusión. No es una fuente, es una estructura de distribución.