Manuel Marín-Vozpópuli
- Leire sabrá, o el tal Nervis, un gerifalte del chavismo que vive como Dios en La Finca. O ‘Julito’ el ‘runner’. Les pinta tan feo que ‘hacerse un Aldama’ ya no suena descabellado
Cloaqueros, contrabandistas, puteros… Se ha puesto la Audiencia que no hay quien vaya. Piensa una cosa. Si no te llama nadie para invitarte a la casita de Bad Bunny, ni apareces en las agendas de Leire Díez, ni guardas en la caja fuerte de tu despacho un collaraco de la tía Matilde, no eres nadie. Leire Díez sólo quería a Balas, el teniente coronel de la UCO que traía al sanchismo por la calle de la amargura. “No hacen falta más, sólo quiero a Balas”, decía en tono imperativo porque sabía que podía mandar y que mandaba. Tenía hasta el argumentario por si le imputaban (ha ocurrido al final): era una periodista de investigación, no conocía a Pedro Sánchez, no cobraba 4.000 euros al mes de Ferraz, y mil ilusiones ópticas más. Qué va. No era la loca de los gatos, ni una tarada fanática de los mítines de Sánchez, ni la pequeña nicolasa fabuladora que un día nos dibujó Patxi López.
Desde hoy, la democracia está en vilo por una decisión jurídica del Tribunal Supremo que encierra mucho más que un tecnicismo. La sala que ha juzgado a José Luis Ábalos, Koldo García y Víctor de Aldama tiene que decidir si aplica a Aldama lo que se denomina una atenuante muy cualificada por haber colaborado con la Justicia y tirar de la manta. Es decir, si la justicia atenúa su condena (le piden 7 años de cárcel) en un grado o en dos para que a la larga no entre en prisión. El debate interno en el Supremo está siendo intenso. Había magistrados definitivamente inclinados a favorecer a Aldama por convertirse en un auténtico ‘pentiti’, y otros parecían dudar por una razón: condonar una pena a quien sigue beneficiándose de algo de dinero ilícito plantea reparos técnicos… y de ejemplaridad.
Sólo a modo de impresión personal… Aplique el Supremo el tipo de atenuante que aplique, Aldama no entrará en prisión y esa decisión sólo tendría una lectura: Ábalos ha hecho el canelo no renunciando a su aforamiento, aceptando consejos de abogados oscuros y dedicando arrumacos de lealtad a un PSOE que lo dejó abandonado como a un perro en una gasolinera. De ahí el rencor que ya destila contra el sanchismo. Pero es tarde y lo sabe. En cambio, ahí tienes a Aldama, de televisión en televisión, convertido en una estrella mediática, aplaudido en fiestas nocturnas y revitalizando negocios particulares. Viviendo, en definitiva, mientras a ti te toca un rancho de presidio tres veces al día.
Aldama es un comisionista profesional, un vivo con arte, un tipo que no se ha vuelto honesto hasta que pisó el trullo y ha aprovechado los resortes de nuestro sistema de garantías antes de pasar una sola noche más entre barrotes. Ha adquirido notoriedad. Es un tipo simpático, un buscavidas que logró que toda una vicepresidenta venezolana lo llamase ‘Vic’. No es fácil eso, eh. No era un piernas. Se movía del carajo, es hábil, ha conservado todo lo que puede incriminar a otros, ha asumido lo que le señala a él, y cuando le viene en gana conduce coches de lujo. Pese al proceso penal y la petición de cárcel, sigue teniendo pasta. Bastante, parece. A fin de cuentas, más pulcro o menos, es un hombre de negocios, un rasputín del dinero y un oteador de oportunidades. Es que además, es eso, que cae bien a mucho español porque está siendo capaz de hacer a Sánchez y a Rodríguez Zapatero el daño que nadie más ha podido hacerles. Para muchos, es un hijo de puta, pero es su hijo de puta. Y lo salvaría de la cárcel, o lo beatificaría incluso, solo por el desguace del PSOE que está logrando.
Ahí es donde le surge un cierto problema de ética jurídica al Supremo. Pero la ley es la ley, y hay resoluciones favorables a los ‘tiramantas’ de la trama Gürtel que avalan la aplicación de atenuantes muy cualificadas para beneficiar al arrepentido que desentraña una escombrera de golfos. Pero más allá de ser un problema para el Supremo, lo va a ser también para otras marionetas de esta farándula de la corrupción. Ahora, a Leire Díez, a los abogados que le acompañaban, al ex viceministro chavista Nervis Villalobos, o a Julio Martínez, ‘Julito’, o a los que van a aparecer señalados de la SEPI se les abrirá lo que los cursis llaman una ‘ventana de oportunidad’. Gente con mucha información, con muchas pruebas, que en la soledad de la almohada se preguntarán si quieren ser un ábalos o un aldama porque ya todo se reduce a eso. Gente que hasta ahora no ha entendido lo que Aldama sí entendió desde primera hora. La diferencia es que Aldama fue realista, crudamente realista, y nunca creyó en que Sánchez iba a protegerle, ni a proteger a nadie de nada. Nunca creyó que saliese bien eso de enviar a una cloaca a fabricarle una absolución a base de chantajes.
Ábalos, más ingenuo que un cubo, sí lo creyó y por eso se golpea cada noche la cabeza en los barrotes mientras se dice para sus adentros ¡soy gilipollas, soy gilipollas! No es que Ábalos no se arrepintiese de sus delitos. Es que llegó a creerse que la mafia cloaquera le iba a salvar y que Sánchez tenía todo bajo control. Paradojas de la vida, Aldama conocía poco a Sánchez, pero lo clavó y no tuvo duda. Ábalos en cambio lo conocía sobradamente y fue traicionado sin verlo venir. Ahora es muy previsible que Aldama se beneficie precisamente de lo que la izquierda judicial siempre valoró por encima de todo, incluso para beneficiar penalmente a asesinos etarras. Ahí quedan resoluciones míticas de Manuela Carmena, Cándido Conde-Pumpido, José Ricardo de Prada Solaesa, Garbiñe Biurrum… Sí, era esa izquierda fetén que pontificaba con la importancia del arrepentimiento, la rehabilitación social, la reinserción del delincuente… salvo si es Aldama.
Algo empieza a barruntarse en este ecosistema viciado de parálisis política y agónico sobresalto judicial. Desde el viernes, Zapatero, ojo, un tipo aún con tratamiento de presidente del Gobierno, no de ex, es un presunto contrabandista de joyas. Qué lejos queda su milonga barata de mitin dominguero: “¿Sabéis qué? Un socialista es quien da mucho y tiene poco”. Pero España está en el trance de abrir la autopista de los tiradores de mantas. Es lógico que las leires duden. Se juegan años de cárcel mientras quienes le daban órdenes y abrían puertas en la dirección de la Guardia Civil o en la cúpula de la Fiscalía General la humillan poniéndola de friki. Ella sabrá si canta. O el tal Nervis, un gerifalte del chavismo que vive como Dios en La Finca. O ‘Julito’, el ‘runner’ vecino de Zapatero. Pero les pinta tan feo, huele todo tan mal, que negociar unos añitos menos de cárcel y ‘hacerse un Aldama’ igual no suena tan descabellado. Y si llega ese momento, viviremos la gran paradoja. Pasaremos de querer matar a Balas, a adorarlo; de querer fulminar al fiscal Anticorrupción, a aliarnos con él. Todo sea por desenmascarar definitivamente el rostro más cutre del sanchismo.