Jesús Cuadrado-Vozpópuli
- El miedo de muchos de ellos a perder estatus social e ingresos explican el abandono de principios e ideologías
Defender la unidad nacional no es cool. Lo afirma, en la promoción de su libro-programa, Iván Redondo, el gurú que guio a Sánchez para transformar el Psoe en sanchismo. Propone reiniciar el invento recurriendo a la plurinacionalidad como motor de movilización política. Aporta visiones del tipo “hay que constituir España como una nación de naciones porque el Estado de las Autonomías está muriendo”. Aboga por una reforma plurinacional de la Constitución y dice que todo se lo ha pasado al presidente para “hacer una España plurinacional en 2028”. Fue a contárselo a Alsina para darle a la gilipollez un aire de ciencia política. Si las cloacas de la socialista Leire y las joyas del socialista Zapatero le dejan un hueco, volverá a la carga.
Asesores en los Andes
El sainete no es nuevo. El becario Íñigo Errejón vendía la misma mercancía. En 2016, la pandilla organizó en Vallecas un tinglado titulado “Plurinacionalidad y Patria”, donde proponían la creación de un Ministerio de la Plurinacionalidad y declararon en el “barrio obrero” que España es un país de países. Allí estaban todos los que, pasados dos años, hicieron presidente a Sánchez. Situaban el origen del concepto en la Constitución de Bolivia de 2009, la que declaraba al país andino como Estado plurinacional. De hecho, Errejón y Monedero habían ejercido como asesores del partido socialista boliviano (el MAS) y de Evo Morales, hoy huido de la justicia, que le acusa de violación de una niña. Para atar cabos: las entrevistas al líder cocalero se las hacia Jordi Évole, y con gran entusiasmo.
En la farsa plurinacional, nadie supera en fervor a Illa. Decisivo para incorporar el Partido Socialista al movimiento plurinacional, es un maestro en la trampa que consiste en pedir el voto a los constitucionalistas catalanes para ponerlo al servicio del proyecto independentista. En 2021, cuando era candidato autonómico, escribí un artículo («Salvador Illa quiere engañarte») sobre cómo trampeaba prometiendo que nunca, nunca, se aliaría con independentistas, y ahí está hoy, de machaca de los separatistas gracias a los votos de catalanes contrarios al secesionismo. Tras dos años en la presidencia, si se le hiciera el test correspondiente, ganaría la competición por lograr estructuras propias de un Estado en el camino a la independencia de Cataluña. Pueden anotársele algunos récords en manipulación y censura desde TV3 al servicio de la causa; creación y financiación de “embajadas”; control de infraestructuras, necesariamente estatales; persecución del castellano, contra leyes y sentencias; financiaciones singulares, contrarias a la igualdad entre españoles; etcétera, etcétera. Nadie podría defender mejor que este socialista la causa del secesionismo.
Lo que convierte en peligro mortal para España esta vaina de la plurinacionalidad es su traducción en golpismo permanente del Psoe para mantenerse en el poder (“hasta 2027, y mucho más allá”). Solo así, la navarra Chivite, el vasco Andueza, el catalán Illa, o Sánchez, pueden estar hoy donde están. El temor a perder el poder político y, aún más decisivo, el miedo de muchos de ellos a perder estatus social e ingresos, explican el abandono de principios e ideologías. Para ese fin, otros más documentados que los “errejones” aportan envoltorio doctrinal. Los autores del clásico Cómo mueren las democracias advierten sobre los atajos usados: “Cualquier Constitución, por bien concebida que esté, puede ser utilizada para fracturar la democracia”. Esas artimañas son bien conocidas por los Conde-Pumpido, expertos en las técnicas de los “desbordamientos constitucionales”. Llegada la ocasión, no les temblaría el pulso.
Palabra de terrorista
Por odio a España, no quedará. En esa asignatura, el campeón es Otegi, que ha declarado, en defensa del Psoe de Sánchez, la necesidad de liquidar definitivamente al otro, el del 78, el de González. Palabra de terrorista. No hay, pues, ninguna disculpa para no armar ya una respuesta inequívoca desde el constitucionalismo a esta banda autodenominada plurinacional. Urge desmontar la política dual que ha ido ahormando el régimen sanchista, con la que, por un lado, los socialistas actúan como facción del soberanismo en País Vasco, Navarra o Cataluña y, a la vez, intentan anestesiar al mayor número posible de electores en Zamora o Huelva. Para empezar, la nueva mayoría debería garantizar que modificará la ley electoral con el mínimo del 5% para acceder al Parlamento. En legítima defensa.