Pedro Rodríguez-ABC
- El disparate de la Casa Blanca escenifica la decadencia de una veterana democracia, que no ha conseguido ninguno de los objetivos que estableció cuando se alió con Israel para acabar con el régimen de Teherán
Este domingo hemos asistido al cumpleaños de Donald Trump en la Casa Blanca y a la firma del memorando de entendimiento con Irán. No es necesario recurrir al más sofisticado análisis semiótico para reparar en que ambos acontecimientos tienen un significado que va mucho más allá de unos fastos narcisistas y de un precario final a más de tres meses de absurda guerra que ha fortalecido al nauseabundo régimen de los ayatolás.
Es casi imposible no asociar la decadencia del Imperio romano con el torneo de artes mixtas marciales celebrado bajo la excusa de los 250 años de la independencia de EE.UU. y la realidad del culto a la personalidad del presidente. El trumpismo, que es tanto una ideología ecléctica como una estética, no ha tenido reparos en mezclar testosterona, violentos combates en una jaula y patrocinios corporativos en una exhibición de crueldad extrema en los jardines de lo que debería ser un escaparate cívico de la democracia americana.
El disparate de la Casa Blanca escenifica la decadencia de una veterana democracia. Cuanto más terribles son los fracasos y los abusos, mayores son las celebraciones. Y, sin darnos cuenta, saltamos de la república al imperio, no solamente en EE.UU., porque demasiada gente opta por la obediencia en lugar de la conciencia. En definitiva, todo es muy SPQR (Solo Políticos que Roban).
En cuanto al ‘trumpantojo’ de acuerdo con Irán, a pesar de las grandilocuentes afirmaciones de Trump y sus sicofantes, no ha conseguido ninguno de los objetivos que él mismo estableció cuando se alió con Israel para acabar con el régimen de Teherán. En aquel momento, Trump afirmó tener la intención de «aniquilar» la capacidad militar de Irán, poner fin a sus ambiciones nucleares, derrocar a su liderazgo teocrático y liberar a su pueblo, al que animó a tomar el control de su gobierno una vez cesaran los combates.
Aunque se desconozcan los detalles del acuerdo, todo apunta a una rendición incondicional de un apurado Trump y la implosión del liderazgo internacional de Estados Unidos.