Gabriel Albiac-El Debate
  • Han delinquido a grandes voces y a la vista de todo el mundo. No, no con un megáfono en medio de la Gran Vía. Con paletadas de WhatsApp a la vista del universo mundo. Sólo torcer la ley podría ahora salvarlos de la cárcel. Para lograrlo tienen que destruir el Poder Judicial. Sin dejar de él ni una mota de polvo

En los tiempos en los cuales –ingenuo que uno era– malbaratamos tiempo y esfuerzo en escaramuzas –al cabo, inútiles– contra una dictadura cuyos beneficios heredarían los que hoy nos gobiernan, la eficacia clandestina reposaba sobre unos cuantos aprendizajes axiomáticos. El primero de ellos era muy sencillo: cuando hables por teléfono, hazlo como si estuvieras discurseando por un megáfono en medio de la Gran Vía. Quienes no aplicaron esa sensatez salutífera habrían de recordarlo en Carabanchel, que no era entonces sólo el nombre de un barrio.

27/08/2020. El jefe avisa: serán decapitados cuantos puedan poner en duda su padrinazgo. Cruce whatsappero entre el eminente Doctor Pedro Sánchez Pérez-Castejón (PS) y su capataz favorito, José Luis Ábalos (JLA). Tareas para el brazo ejecutor:

«PS: No te olvides hablar con nuestros presidentes para andar todos en línea.

JLA: Sí. Aún me falta alguno. Las declaraciones de Ximo hoy bien.

PS: Sí. Pero las de Page y Lambán no.

JLA: Oye, Ximo es ya más sanchista que tú».

25/09/2020. El presidente está francamente cabreado por las declaraciones de un Lambán al que juzga no lo bastante fiel:

«PS: Llamad al petardo este».

JLA: Ahora le llamo.

PS: Acabo de leer la entrevista vomitiva que La Razón le hace a Page… Creo que convendría que tanto tú como Santos le pegarais un toque y que dejara de tocar los cojones.

JLA: OK.

Pasan dos meses. 11/11/20. Llamada al orden y aviso de estocada a Vara:

PS: «Llámalo y dile que es impresentable».

JLA: «Desde luego».

Pasan dos horas y media:

PS: «¿Hablaste con el petardo de Vara?»

JLA: «Sí, excusas peregrinas».

PS: «Lamentable. Falta de solidaridad. Luego bien que pedirá recursos de esos PGE».

No hay constancia de que a Vara le metieran una cabeza cortada de caballo entre las sábanas. Pero el diálogo, fuerza es constatarlo, suena a don Corleone encomendándose al buen hacer de Luca Brasi.

Podríamos seguir. Sería reiterativo. Estilo literario y maneras caballerescas se repiten hasta la náusea. Y no, lo más asombroso no es el lenguaje mafioso, degeneración muy común entre los políticos más analfabetos. Aun con título de doctores. Lo que produce estupefacción es la ausencia de cautela: ese infantilismo suyo de adolescentes turbios armados con un teléfono móvil. Mediante el cual van dejando huella literal de todo lo que hacen. De lo trivial como de lo ridículo, de lo impúdico como de lo criminal… Y lo hacen sobre un soporte imperecedero: el de una red telemática, WhatsApp, en la que todo –absolutamente todo– queda al alcance de quien domine el oficio de buscarlo.

La UCO ha dado una lección de que, en la inmaterialidad de las redes, nada puede ser del todo borrado. Nada. El monumental libro de Shoshana Zuboff sobre La era del capitalismo de la vigilancia, da de eso una constancia académica apabullante. Pero, ¿quién en el gobierno sería capaz de embaularse un tocho de casi mil páginas? Ahora les toca aplicarse el cuento del cazador cazado, del controlador controlado. Una parte del Estado caza a la otra, con los medios sobre los cuales esta creyó alzar para siempre su faraónico despotismo. El ciudadano, impotente, asiste alucinado al espectáculo. Como en una de vaqueros en las que el espectador aguarda que esta vez, por lo menos, muera el malo. O el peor.

Han delinquido a grandes voces y a la vista de todo el mundo. No, no con un megáfono en medio de la Gran Vía. Con paletadas de WhatsApp a la vista del universo mundo. Sólo torcer la ley podría ahora salvarlos de la cárcel. Para lograrlo tienen que destruir el poder judicial. Sin dejar de él ni una mota de polvo. ¿Pueden hacerlo? ¿Quién sabe? Ellos creen que sí. Lo intentarán. Se juegan demasiado en años de presidio como para renunciar a hacerlo.

Con el asco a flor de garganta, me levanto del escritorio. De la biblioteca, tomó el libro en el que Gabriel Naudé fija la más dura de las lógicas del Estado moderno. Y le da nombre. 1639. Consideraciones políticas sobre los golpes de Estado: «el golpe de Estado es el rayo que fulmina antes de que el trueno pueda haber sido escuchado».

Pues eso.