Juan Carlos Girauta-El Debate
  • No abomino del nuevo rico, eso sería clasista. Estoy encantado con la aparición de más y más ricos nuevos porque es un indicador de la movilidad social. Lo que deploro es la profunda estupidez del político que se viene arriba en cuanto toca poder, que no deja privilegio sin exprimir, que olvida lo fugaz de su situación

Una y otra vez el poder les ciega y dan en creerse impunes. Una y otra vez la desmesura prende en sus almas. La suma de ambos errores acaba apareciendo en una factura con forma de banquillo. De entrada se sienten fuertes para responder con ataques a las personas de los jueces. Como si se tratara de lides personales, como si no fuera la Justicia la que hace su trabajo a través de alguna de sus miles de encarnaciones independientes. Sin falta, miran de atajar por vías tramposas, propias de quienes se siguen percibiendo como ajenos a la ley de todos los hombres. Activan su ascendiente sobre la Fiscalía los de peor calaña, y se vuelve a cumplir el ciclo con la habitual demora: la lenta maquinaria del Estado de derecho se acerca muy despacio. Sigue tan lejos que aquellos tomados por la hibris descartan salpicaduras mientras se ríen de los principios que en campaña se cansan de invocar en vano. Están persuadidos de contar con mucho tiempo para urdir escapatorias o driblar jueces.

Fatalmente llega el momento, la calmosa máquina pasa sin contemplaciones, como una apisonadora, por encima del infeliz que se creyó por encima de la ley. ¡Ha sucedido tantas veces! Solo la embriaguez explica que los corruptos de alcurnia no reconozcan las pautas del fenómeno. Dicha embriaguez no la ocasiona licor alguno. Mejor dicho, la ocasiona un licor que el propio organismo segrega cuando todos quieren fotografiarse a tu lado. Lo sigue segregando cuando consideras normal acudir en avión oficial a conciertos con la parienta, a bodas privadas en helicóptero. Lo sigue segregando cuando cualquier abuso de los cercanos a ti lo consideras validado, cubierto por la patente de corso que has fabulado en tus sueños de dominio. Tus sueños de pobre hombre, en realidad. De pobre diablo al que le impresionan los signos externos del poder. A los señores nos resultan indiferentes, incluso molestos. Son patanes ensalzados por gañanes quienes confunden popularidad con prestigio, subordinados con súbditos, disponer de vehículos oficiales con haber logrado el éxito en la vida. El propio concepto de éxito da un poco de grima al alma cultivada. If you can meet with Triumph and Disaster / And treat those two impostors just the same…

No abomino del nuevo rico, eso sería clasista. Estoy encantado con la aparición de más y más ricos nuevos porque es un indicador de la movilidad social. Lo que deploro es la profunda estupidez del político que se viene arriba en cuanto toca poder, que no deja privilegio sin exprimir, que olvida lo fugaz de su situación. Ese perfil es, exactamente, el de Sánchez. Mientras sigue usando su avión, que es nuestro, para ir a conciertos en Barcelona (posiblemente el único lugar de España donde no le insultan), todo en torno a él se derrumba. Salpicó a su familia cuando la sumó al abuso, presenta una lista de colaboradores de confianza con olor a trullo. Su talismán humano, Zapatero, parece Moctezuma en los memes. Sánchez mancha.