Pablo Martínez Zarracina-El Correo

  • La «seguridad vital» llega a la política vasca y no tiene que ver con la seguridad

Ayer se celebró a petición de Bildu un pleno monográfico en el Parlamento vasco. Al estar dedicado a la seguridad, no era difícil pensar que el monotema a tratar sería la seguridad. Y suponer que los parlamentarios hablarían de delitos, de la Ertzaintza, de armas blancas, del origen de los detenidos y de cosas así… Sin embargo, de lo que se habló ayer en el Parlamento fue del IVA de la carne y el pescado, de multilateralismo, mercado inmobiliario, sanidad, patentes de grafeno, pensiones y también, entre otras cosas, del PIB de China.

«Si que es complejo lo de que me roben el móvil», pensará usted. La explicación es que Bildu no quería hablar de seguridad, sino de «seguridad vital», un concepto que han puesto a circular. Tiene que ver con todo en general menos con una cosa: lo que solemos entender por seguridad. «¿Cómo vamos a garantizar la seguridad vital de la ciudadanía en tiempos de incertidumbre geopolítica, económica, tecnológica y climática?», comenzó preguntando Pello Otxandiano. Como la respuesta alude sí o sí al Estado del bienestar, el pleno se transformó en algo indistinguible de un pleno de política general. En él, los socios de Gobierno consiguieron el prodigio de chocar con Bildu a cuenta de la intervención pública y también entre sí, por idéntico motivo. Otro prodigio fue que, cuando el lehendakari redirigió lo de la protección hacia Madrid y anunció treinta y seis peticiones a Pedro Sánchez para combatir la inflación, Otxandiano le respondiese que se centrase en el País Vasco. Fue como si de pronto la opresión estatal no fuese determinante en nuestra situación de minoría colonizada.

Si encuentran en todo esto algo irreal, les doy otro dato: el Parlamento vasco afrontó monográficamente las consecuencias de la guerra en Irán tres días después del fin de la guerra en Irán. Menos mal que el portavoz de Sumar pareció verle algo raro a lo de la seguridad vital y propuso una mejora. «Seguridad humana», definió, ahuyentando así la posibilidad de que nuestros representantes se hubiesen citado en Vitoria para debatir sobre la seguridad de las cerraduras, los columpios o los profilácticos. Tras la mejora terminológica, Jon Hernández continuó: «Y, por supuesto, si hablamos de seguridad tenemos que hablar de vivienda». Se insiste en que la manera de hacer política en el País Vasco es diferente, y vaya que si lo es. Todo apunta a que, si hablamos de vivienda, no tenemos que hablar de vivienda, sino de desarrollo rural, alimentación y pesca. Por supuesto.

Zapatero

Ya lo verán

Tras declarar en la Audiencia Nacional, José Luis Rodríguez Zapatero publicó un comunicado. Niega en él haber cometido los graves delitos de los que se le acusan y garantiza que va a dar explicaciones en los próximos días. No pareció dárselas sin embargo ayer al juez, lo que parecería recomendable en su situación. El comunicado presenta el interés relativo de cualquier cosa que haya sido redactada por un batallón de abogados, pero incluye un tramo final en el que el expresidente sí parece dirigirse personalmente a sus partidarios, quién sabe si a todos los ciudadanos. «No les decepcionaré», dice. «Ya lo verán». Es imposible no recordar el modo en que Zapatero terminó hace tres meses su comparecencia en la comisión del Senado que investiga el ‘caso Koldo’. «¿Pero saben qué les digo?», les lanzó a los senadores del PP. «Que ganaré». Si lo de la victoria sonó entonces muy raro, ahora suena más bien imposible en términos reputacionales. Es difícil seguir siendo un campeón ético cuando tus defensores más leales no defienden ya tu inocencia sino la prescripción de tus delitos. Compatibilizar una estrategia de defensa en términos jurídicos con una defensa pública en términos políticos es un ejercicio de malabarismo tan complicado como peligroso. Se está convirtiendo en un cliché bastante insoportable por el lado de la indignación sobreactuada eso de exigirle a Zapatero que dé explicaciones. Como si el momento no obligase a recomendarle más bien que haga caso a su abogado. Y a desearle, en todo caso, suerte frente al juez.