Teodoro León Gross-ABC
- La Casa Real proclamó su respeto a la labor de la Justicia, mientras el PSOE ha emprendido una campaña para desacreditar a los jueces, y no ya los ‘fontaneros’ sino los propios ministro
En algún punto Zapatero perdió la perspectiva, tal vez nublado por la ‘prioridad personal’ de ayudar a sus hijas, y no ha tomado conciencia a juzgar por su tono ante el juez. Como le sucedió al Rey Juan Carlos en la deriva final desde la cacería de Botsuana. Los socialistas, como entonces los monárquicos, quieren mantener la fe en una figura totémica para ellos. Zapatero se había convertido en un santón; alguien que les predicaba el orgullo de ser socialista y les evangelizaba en «tener poco y dar mucho». En los mítines había casi más veneración sectaria que militancia. Juan Carlos, el héroe de la Transición, el Rey que hizo a España despertarse nuevamente monárquica desde el sueño de abril de 1931, fue elevado a los altares de la historia con una predisposición a la indulgencia que alcanzaba a casi todo. Pero a partir de Botsuana se torció. Con las cuentas de los paraísos fiscales y las comisiones mayúsculas sin declarar a la Hacienda española, se precipitó su caída bajo el fuego de la crisis de 2008. Con Zapatero los suyos aún se aferran a la fe del error o del ‘lawfare’, hasta los delirios lisérgicos tipo Diana Morant. Pero los indicios son gravísimos, y las joyas queman ahí. La versión apócrifa del regalo de Rey Abdalá en 2007 es demasiado perfecta: al traerla el monarca saudí, no habría contrabando; al ser en 2007, estaría prescrito; y al haber muerto Abdalá, sin desmentido. Que ni pintada.
En este paralelismo queda en entredicho, sin embargo, el PSOE. El Rey Juan Carlos abdicó y se marchó de España a un exilio en Abu Dabi, apartado de la actividad institucional de la Corona. Se le quitó su asignación de los Presupuestos del Estado. También la Infanta Cristina perdió el título de duquesa de Palma por el caso Nóos y fue apartada del núcleo de la Casa Real. De momento el PSOE ha acreditado su disposición a apoyar a Zapatero al margen de la imputación, toda una ironía en quienes tanto han atacado al Rey emérito sobre todo por los regalos árabes. Sánchez ha dicho que «todos los presidentes hemos recibido regalos» para normalizar 1,3 millones en una caja fuerte. Lo que no valía para Juan Carlos I, vale para Zapatero. Lo que no valía para la Corona, sí para el PSOE. Hasta han aceptado que el Falcon da cobertura para todo con pasaporte diplomático. Se parapetan en la presunción de inocencia que se le negaba y se le niega al Rey Juan Carlos sin causas pendientes. Son esos que han llegado a excluir al emérito incluso de una exposición de la Transición, buscando su borrado estalinista. Las diferencias delatan la corrupción moral. La Casa Real proclamó su respeto a la labor de la Justicia, mientras el PSOE ha emprendido una campaña para desacreditar a los jueces, y no ya los fontaneros sino los propios ministros. La Monarquía supo regenerarse, y el PSOE del narcisismo sanchista se cree inmune incluso hasta su propio ‘Emérito’.