- En el vértice, una esposa sin titulación superior era transubstanciada en ‘catedrática’; un hermano de mérito musical ignoto recibía sueldo y posición académicos de unos tristes subordinados locales del señor de la Moncloa. ¿Su hombre de mayor confianza? ¿Ábalos? Robaba. A lo bestia
¿Hasta dónde es posible despreciar al ciudadano? ¿Hasta dónde sale gratis burlarse de quienes, a través de sus impuestos, están pagando a una recua de incompetentes asalariados de lujo que carecen de mérito alguno? ¿Hasta dónde es posible seguir burlando a la justicia? ¿Hasta dónde, el nepotismo, la arbitrariedad, el robo…?
No, no es ya suposición o hipótesis. No es malévolo reproche de partidos opositores. José Luis Ábalos ha sido condenado por el Tribunal Supremo a veinticuatro años de cárcel. Condena firme. Por delitos particularmente deshonrosos durante sus años de ministro más cercano a Sánchez. Delitos que son variedades todos ellos del robo en diversas escalas. Al abrigo de un poder ejecutivo que cubría todas sus fechorías bajo el manto de una oscuridad que se creía omnipotente. Que lo fue casi.
La magistratura española ha logrado perforar el blindaje de una banda delictiva que se había atrincherado en el poder ejecutivo. Ha sido una victoria contra todo lo previsto. Porque, desde el minuto mismo en el que el «doctor» Sánchez formó su gobierno en minoría, hace ahora tres años, un objetivo le apareció prioritario: acabar, al precio que fuera, con la autonomía que la Constitución española –como toda Constitución que sea tal– garantiza al poder judicial frente a los embates previsibles del ejecutivo. Que un equipo de matones, bajo el mando de una sórdida fontanera de las sentinas monclovitas, haya tenido el encargo de organizar emboscadas y chantajes a los magistrados españoles es algo demasiado enorme como para no llevarse todo el sistema político por delante.
No, no ha sido una cadena de accidentes ni de caprichos. Un golpe de partido permitió a Sánchez demoler por completo el que fue Partido Socialista Obrero Español. Sobre sus ruinas y sus siglas se erigió una privada sociedad para los apoyos mutuos de amigos y parientes del Jefe. A la política, la sucedió el consenso mafioso. Cuya sola seña de identidad es acumular mucho. Y muy deprisa. Porque nunca se sabe cuánto tiempo durará el chollo. Acumular todo cuanto se pueda: poder, dinero, imagen, prestigio, presencia pública… En la cuota que a cada nivel de la pirámide mafiosa corresponda.
En el vértice, una esposa sin titulación superior era transubstanciada en «catedrática»; un hermano de mérito musical ignoto recibía sueldo y posición académicos de unos tristes subordinados locales del señor de la Moncloa. ¿Su hombre de mayor confianza? ¿Ábalos? Robaba. A lo bestia. También –pecadillos menores– hacía que sus desahogos genitales fueran costeados con cargo a los presupuestos del Estado. Era el vértice, sí. Por debajo de él, una malla de capataces de mayor o menor envergadura recibía las migajas del saqueo. Y se iba haciendo con unos no demasiado humildes capitalitos. ¿El consejero mayor? ¿Rodríguez Zapatero? No parece que ni siquiera el riesgo de poner a las puertas de la cárcel a sus hijas le haya servido de contención a la hora de tejer la presunta red cuyos esquemas básicos ponen a la luz los autos del juez Calama…
¿Hay más? Hay mucho más. Desde luego. Todo lo que, si un día Venezuela es una democracia plena, podrá salir de los archivos del oscurísimo negocio del petróleo y de los tenebrosos contratos que lo acarreaban hasta China. Merced a muy humanitarios políticos españoles. La vergüenza nacional es, en este punto, difícil de soportar. Que un cupo de nuestros gobernantes haya sido asalariado por la dictadura venezolana, es una vileza que alguien debería pagar muy alto.
¿Hasta dónde puede esta podredumbre actual prolongarse? Condenado Ábalos –mano derecha del presidente– a la friolera de veinticuatro años de prisión por el Supremo. Inhabilitado el fiscal general del señor Sánchez. Pendiente de sentencia el hermano beneficiado. Procesada y pendiente de vista oral la esposa. Bajo investigación judicial la estructura entera de financiación del partido, a cargo del procesado Santos Cerdán, que fuera en su día el interlocutor del prófugo Puigdemont…
¿Hay ya un solo recoveco del Poder Ejecutivo que no se haya podrido? ¿Hasta dónde va a prolongar esta fuga en el vacío el señor Sánchez? ¿Y a qué precio? ¿Hasta dónde, señor Sánchez, hasta dónde pueden llegar el nepotismo, la arbitrariedad, los fraudes, el robo…? No se abre más que abismo ante nosotros.