Gabriel Sanz-Vozpópuli
- El problema de Sánchez y sus socios parlamentarios no es Aldama, son los 24 años de cárcel impuestos a quien en 2018 proclamó la llegada de la “decencia” a La Moncloa
¿No querían los socios de Pedro Sánchez una sentencia equivalente a la del caso Gürtel que justifique el fin de esta agónica de legislatura? Pues ya la tienen. Cierto que la condena a 24 años de cárcel contra José Luis Ábalos no es una condena a la financiación ilegal del PSOE propiamente dicha, como aquella otra contra el PP en 2018 -todo se andará-, pero políticamente tiene una potencia explosiva similar o peor, si me apuran.
Primero porque el fallo del Tribunal Supremo sobre el caso mascarillas, como su propio nombre indica, nos retrotrae a un tiempo de pandemia en el cual mientras la mayoría de los españoles sufríamos en silencio muerte y confinamiento, el todopoderoso ex ministro de Fomento y ex secretario de Organización del PSOE y su reducido núcleo de confianza se forraban, entraban y salían, y hasta organizaban fiestas como si la cosa no fuera con ellos.
Y segundo, porque Ábalos no es al PSOE lo que el ex tesorero Luis Bárcenas fue al PP; el político valenciano es el hacedor de este Sánchez que nos gobierna; fue quien le levantó de la lona cuando la vieja guardia socialista defenestró al hoy presidente del Gobierno, el que le empujó a presentarse a otras primarias y aquel a quien el resucitado entregó la organización y el discurso de la moción de censura contra Mariano Rajoy para contarnos que la “decencia” (sic) iba a entrar en La Moncloa.
Ábalos no es Bárcenas
Con toda la importancia que tuvo en el organigrama de Génova el propietario de aquel abrigo de astracán culpable, Bárcenas fue tan solo el contable de la mafia, el tipo que ocultaba los dineros inconfesables del PP resultantes del ejercicio del poder entre empresarios y la habitual fauna de golfos apandadores que rodea la cosa pública en España.
José Luis Ábalos siempre fue otra cosa. Antes de convertirse en otro golfo apandador de la mano del hoy vilipendiado Víctor de Aldama, el mismo empresario que montó en su restaurante de La Castellana la fastuosa fiesta por el 60 cumpleaños, a la cual asistió Sánchez y toda la plana mayor socialista, en los días de vino y rosas, Ábalos había sido el arquitecto de ese sanchismo que hoy reniega de él.
Como tal fue aupado por el líder socialista al gobierno salido de la moción de censura que con tanto acierto encarnó había encarnado desde la tribuna de oradores del Congreso. Y no solo eso: tras defenestrarlo por sorpresa, en julio de 2021, dos años más tarde, en 2023, cuando el presidente ya conocía que la UCO de la Guardia Civil investigaba las andanzas de su asesor Koldo García Izaguirre, se atrevió a incluirle de nuevo en la candidatura por Valencia a las elecciones generales… ¿Por qué?
Justificar lo injustificable
Así que ya pueden prepararse bien los discursos que vayan a pronunciar hoy en el pleno del Congreso los portavoces de los partidos que sustentan al Gobierno en su intento de justificar lo injustificable: que sus líneas rojas contra la corrupción se corren medio metro más allá porque, la, bla, bla, una cosa es ponernos estupendos contra el hoy apestado ex ministro y otra facilitar que los españoles puedan votar cuanto antes contra esta ciénaga.
Ya verán como el mismo Gabriel Rufián que este lunes, muy afectado, volvía a proclamar a los cuatro vientos desde la red social X “aguantar sin poder legislar, ¿para qué?” encuentra respuestas a su pregunta. Por la cuenta que les trae, a él y a su jefe, Oriol Junqueras, mucho menos melodramático que éste nuevo Rufián líder moral de la izquierda en busca de autor.
En 1921 el fundador del comunismo ruso Lenin preguntó extrañado al socialista Fernando de los Ríos durante una visita a Moscú “Libertad, ¿para qué?”, y De los Ríos le respondió que “libertad para ser libres”, Rufián, a buen seguro, nos explicará hoy sin inmutarse la respuesta que ha encontrado a su pregunta. Apuesto doble contra sencillo a que se parece mucho a esto: “Aguantar para no ser Vox”.
Pero se equivocan el portavoz de ERC en el Congreso y todos los que siguen confiando en el miedo como antídoto al cambio político que se avecina. Porque ya todo es susceptible de empeorar, para el PSOE pero también para ellos. Después de leer la demoledora condena a una época y un estilo, los socios corren tanto riesgo de aparecer culpables ante la opinión pública española como la sigla centenaria.
El que calla, otorga
El problema del PSOE ya no es Ábalos… es Ábalos, más lo de Santos Cerdán que está al caer, más la conmoción por ver a todo un ex presidente, José Luis Rodríguez Zapatero sentado en el banquillo y con muchas papeletas para acabar también en la cárcel; es Begoña Gómez, es el hermano del presidente, es Leire Diéz y su abracadabrante agenda de conspiraciones contra la Justicia que, oh casualidad, encontraron oídos en la directora general de la Guardia Civil, Mercedes González, y el ex número dos de la Fiscalía General del Estado, Diego Villafañe, es, es, es….
El que calla, otorga. Y, además, si esto va a desembocar finalmente, allá por marzo, en una suerte de referéndum Sánchez si/Sánchez no, exactamente, ¿para qué servirá votar a Sumar, a Podemos, Esquerra Republicana de Catalunya (ERC), Compromis, y otros tantos cómplices de esta agonía de legislatura?
Si son subsidiarios de la continuidad de Pedro Sánchez, votemos directamente al original y dejémonos de malas copias, se dirán muchos españoles de izquierda o, simplemente contrarios a un gobierno PP/Vox, cuando escuchen hoy a Rufián & cia desgranar sus argumentos (?) o lo que sea para mantener este sinsentido.